Editada por la Sociedad Española de Agricultura Ecológica/Agroecología
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El jardín profundo: ahondando en nuestra ignorancia

jardín profundoÓscar Rodríguez. Grupo de Trabajo Jardinería ecológica de SEAE

 

Cuando hablamos de jardinería profunda no nos referimos a algo diferente de la jardinería ecológica que venimos moldeando en las últimas décadas. La profundidad está en la reflexión y la concienciación previas a la toma de decisiones para la creación y mantenimiento de nuestros jardines. El término es una extrapolación de otro mucho más amplio, el de ecología profunda que el filósofo noruego Arne Naess acuñó en contraposición a lo que él llama “ecología superficial”. Ésta promueve la conservación de la Naturaleza desde la perspectiva de los habitantes de los países ricos y está pensada, desde el neoliberalismo, para mantener su estado del bienestar. Buena parte del movimiento ambientalista y de la agricultura ecológica occidental quedarían al otro lado de la línea roja que marca Naess. Por otra parte, tal vez haya una contradicción intrínseca entre los conceptos de ecología profunda y jardinería, pero la obviaremos e intentaremos dibujar un jardín inspirado en los postulados de dicha filosofía.

Naess destaca la ignorancia del ser humano a la hora de entender las interrelaciones entre los seres vivos. Aceptada dicha ignorancia, el jardinero profundo se cuestiona cada técnica, cada trabajo, cada material que podría utilizar en el jardín, y después decide con conciencia. Uno de los secretos de sus decisiones estará en encontrar aquello a lo que somos capaces de renunciar de una manera sincera y sin sacrificios. Aquí lanzamos algunas propuestas:

  • Pensar con conciencia y humildad. Observar, estudiar, intentar comprender lo que ocurre en el jardín.
  • Sentirse como un ser vivo más en el jardín, apartando la perspectiva antropocéntrica.
  • Tratar a todos los seres vivos con respeto y reverencia.
  • Minimizar la huella ecológica de cada una de nuestras acciones.
  • Al elegir materiales (de riego, de construcción, fitosanitarios y fertilizantes ecológicos envasados, incluso combustibles), valorar la huella de carbono de su extracción, fabricación y transporte.
  • Reducir al máximo el consumo de agua. Recoger aguas pluviales.
  • Minimizar hasta el extremo el uso de máquinas de combustión en el jardín, por lo que contaminan y por los perjuicios que provocan a otras formas de vida.
  • Incidir en la fertilidad de la tierra para mejorar el estado nutricional y, por tanto, la salud de las plantas. Utilizar productos naturales de elaboración casera: extractos de plantas, biofertilizantes, harinas de rocas, bocashi, compost, etc.
  • Potenciar la biodiversidad: crear refugios para la fauna amiga, balsas y canales de agua, etc.
  • No labrar la tierra. Hacerlo destruye la estructura del suelo y libera carbono a la atmósfera. La jardinera profunda recoge la cultura del ‘no hacer’ de Fukuoka.
  • Aunar jardinería y agricultura. Volver al concepto de huerto-jardín, que alimenta cuerpo y alma a la vez.
  • Plantar básicamente especies autóctonas.
  • Recuperar las técnicas constructivas tradicionales.

Puede parecer que seguir estas propuestas, que no quieren ser limitantes sino enriquecedoras, nos haya de condenar a un jardín forestal, casi selvático, inhabitable o poco bello. Nada más lejos de la realidad. El jardín profundo es un jardín que exalta la imaginación. Es un jardín para vivirlo, para mejorar nuestra salud, para jugar con nuestros hijos a observar los animalillos que en él habitan o a hacer una cabaña sobre un árbol. El jardín profundo es un espacio que acepta la responsabilidad que supone habitar este planeta.

 

PRINCIPIOS DE LA ECOLOGÍA PROFUNDA

  • Considerar a todos los organismos como nudos de la red biosférica;
  • Rechazar el antropocentrismo y el concepto de “hombre en el medio ambiente”, pues forma parte de él;
  • Propugnar la igualdad biosférica, es decir, la reverencia por todas las formas y modos de vida, que coexisten y cooperan en interrelaciones complejas;
  • Buscar la autorrealización de las personas, desde una postura anticlasista, desde la lucha contra las formas de dominación económica y cultural, y desde el respeto a la diversidad de modos de vida humana;
  • Defender una técnica y una investigación prudentes (dada la profunda ignorancia del ser humano en lo que se refiere a las interrelaciones biosféricas), así como una sensibilidad adecuada hacia la continuidad de las tradiciones vivas;
  • Potenciar la autonomía local y la descentralización.

 

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