Editada por la Sociedad Española de Agricultura Ecológica/Agroecología
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Buenas prácticas agrícolas en el manejo del Síndrome de Declinación Rápida del Olivo

El estudio describe diversas recomendaciones para la adopción de una gestión sostenible de los olivares como el incremento de la fertilidad del suelo y la biodiversidad, con el fin de mejorar su estado de salud y aumentar la capacidad de las plantas para superar o coexistir enfermedades.


Autores: Cristos Xiloyannis, Alba N. Mininni, Egidio Lardo, Alessandra Miccoli, Catia Fausto [1]


Las prácticas agrícolas intensivas han determinado la pérdida de la fertilidad del suelo y el agotamiento del carbono orgánico del mismo, teniendo efectos negativos sobre su fertilidad, la contaminación, el rendimiento y la calidad del fruto (Halvorson et al., 2002; Kabiri et al., 2016). El humus es el vínculo entre las partes vivas y no vivas en el suelo y es parte del carbono orgánico del suelo que ha disminuido severamente, sobre todo en las últimas 6 décadas. Hay que tener en cuenta que las plantas dependen de los organismos del suelo para protegerse de los patógenos al igual que para poder absorber nutrientes, incrementar la eficiencia del agua, o neutralizar los componentes tóxicos que puedan inhibir su crecimiento (Nannipieri et al., 2002; Acosta-Martinez et al., 2007).

Los estreses bióticos y abióticos [2]  son las causas principales de la disminución de la productividad y las pérdidas de rendimiento para las especies cultivadas (Suzuki et al., 2014). En el caso de los olivares de Salento (Puglia, Italia), el manejo no racional del suelo y del dosel podría haber facilitado la propagación del Síndrome de Declinación Rápida del Olivo (Xiloyannis et al., 2015). Por tanto, la gestión del suelo para la producción sostenible del olivar debe incluir la introducción de una serie de prácticas con el objetivo general de mejorar el rendimiento de la plantación, lograr una mayor autonomía para el productor y, al mismo tiempo, aumentar la estabilidad de la producción (rendimiento y calidad), reduciendo el riesgo para el medio ambiente.

Aumento de carbono en el suelo

Los suelos representan el ecosistema más diverso e importante del planeta. Se ha reconocido que el suelo desempeña un doble papel en todo el agroecosistema: es importante para una buena producción y para un medio ambiente sano (Noel et al., 2009; Turner et al., 2016). El manejo sostenible implica el aumento de carbono en el suelo. Los trabajos de investigación mostraron que la recuperación de carbono en el suelo es un proceso relativamente lento y tarda de 7 a 10 años antes de que pueda demostrarse (Montanaro et al., 2012). Este aspecto enfatiza la urgencia de promover acciones para su recuperación.

Suelo y actividad microbiana

La mayor parte de la biodiversidad de los agroecosistemas se encuentra en el suelo y las funciones desempeñadas por la biota del suelo [3] tienen considerables efectos directos e indirectos sobre el crecimiento y la calidad del cultivo, la del ciclo de nutrientes y la sostenibilidad de la productividad del suelo (Barrios, 2007). La composición, complejidad, diversidad genética y el uso de nutrientes del suelo de las comunidades microbianas del mismo pueden ser influenciadas positivamente por un manejo sostenible (Ghimire et al., 2014). Este es el caso de un estudio en el que un olivar manejado durante 12 años con prácticas sostenibles mostró una mayor diversidad genética, funcional y metabólica, y una mayor cantidad de especies microbianas, en comparación con el manejo convencional (Sofo et al., 2010). Los análisis microbiológicos revelan cambios significativos en las comunidades microbiológicas del suelo en respuesta a un manejo con prácticas agrícolas sostenibles (Sofo et al., 2014). El modo de manejo del suelo tiene un impacto significativo en el número y biodiversidad de la población de hongos y bacterias del suelo. Según Sofo et al., 2014, la diversificación de las comunidades microbiológicas se amplió por el aporte de insumos en el suelo de materiales orgánicos de calidad.

Aumento de la biodiversidad microbiana en hojas y frutos

La interfaz entre la parte aérea de las plantas y la atmósfera (filosfera para hojas y carposfera para los frutos) constituye un hábitat muy específico para microorganismos epífitos [4] y es colonizado por una amplia variedad de bacterias, levaduras y hongos. Tanto en la filosfera como en la carposfera, las bacterias son, con diferencia, los organismos más numerosos. Sobre esta base, recientemente se han caracterizado las comunidades bacterianas de filosfera y carposfera de plantas de olivo sometidas durante varios años a dos sistemas de gestión diferentes (convencionales y sostenibles) (Pascazio et al., 2015). De este estudio, resultó que un manejo sostenible del suelo modifica significativamente la composición de las comunidades bacterianas de las filosfera y la carposfera incrementando su biodiversidad.

Bacterias endófítas

Los endófitos son organismos, a menudo hongos y bacterias, que viven entre las células vegetales dentro de una planta y generalmente establecen una relación simbiótica con la planta (Hallmann et al., 1997). Las bacterias endofíticas pueden jugar un papel destacado en la protección de plantas contra patógenos y en general en la productividad de un agroecosistema (Mercado-Blanco and Lugtenberg, 2014). Diferentes estudios revelaron que la X. fastidiosa interactúa con bacterias endófitas presentes en el xilema de la planta, y que estas interacciones, particularmente con Methylobacteriurn mesophilicum y Curtobacterium flaccumfacies, pueden afectar el progreso de la enfermedad. Además, se ha observado una alta frecuencia de Curtobacterium flaccumfacies en cítricos asintomáticos [5]  y esto sugiere un papel para este organismo en la resistencia de la planta a la clorosis variegada de los cítricos [6]   (Lacava et al., 2009).

Prácticas de la agricultura

El estrés hídrico y nutricional son factores a menudo determinantes en el desarrollo de los síntomas una vez que una planta se ha infectado con X. fastidiosa (Janse et al., 2010). Por lo tanto, las prácticas de campo deben dirigirse a plantas sanas y de buen crecimiento y a ejercer una nutrición adecuada. La privación de hierro posiblemente ofrece una via para reducir la severidad de la enfermedad al prevenir la formación de biofilm en los vasos del xilema [7] (Toney y Koh, 2006).

Un buen dosel manejado con poda frecuente puede jugar un papel clave en la gestión de la infección por X.  fastidiosa, ya que facilita la circulación de aire y previene el aumento de la humedad relativa. De esta forma, es posible reducir la cantidad de inóculo y de la migración ascendente del patógeno en la planta. En las áreas en las que se detecta la presencia de Xylella, es necesario eliminar todos los brotes infectados cortando a 5-10 cm por debajo de los síntomas y desinfectar las herramientas utilizadas para la poda antes de pasar al siguiente cultivo. Después del corte, es posible realizar un tratamiento con productos a base de cobre con fines preventivos. Después del ataque de Xylella fastidiosa, una planta en buen estado nutricional reacciona emitiendo nuevos brotes laterales, reconstruyendo así la vegetación rápidamente; asunto importante cuando los ataques ocurren tanto en el lado superior o exterior del dosel. En esta situación, la poda sectorial podría permitir salvar la planta sin erradicarla (Xiloyannis et al., 2015). Los estudios de infecciones bacterianas en diferentes cultivos (p. Ej., Erwinia amilovora y Pseudomonas syringae en kiwi, X. fastiodiosa de la enfermedad de Pierces en la vid y X. fastidiosa de la clorosis variegada de los cítricos) revelaron que es posible convivir con la infección a través de la adopción de prácticas culturales dirigidas a plantas sanas y de buen crecimiento, destinadas a reducir la propagación de la enfermedad.

Las prácticas agronómicas convencionales, no sustentables, deberían evolucionar en una gestión más sostenible dirigida a mejorar las redes ecológicas y el ciclo de nutrientes en los que están involucrados los microorganismos del suelo.

La adopción de una gestión sostenible de los olivares puede incrementar la fertilidad del suelo y la biodiversidad y su capacidad de generar beneficios para el medio ambiente. Es importante considerar la plantación del olivar en su conjunto y mejorar su estado de salud mediante la adopción de prácticas agrícolas sostenibles con el fin de aumentar la capacidad de las plantas para superar las tensiones bióticas y abióticas. De esta manera, la coexistencia con la bacteria X. fastidiosa será posible limitando la propagación de la enfermedad.[/restrict]


[1] Università degli Studi della Basilicata, Dpto delle Culture Europee e del Mediterraneo – Italia. [2] Biótico: comprende todos los seres vivos existentes en un ecosistema y las interrelaciones que se forman entre ellos. Abiótico: comprende todos los fenómenos físicos (lluvia, aire, suelo, etc.) y químicos (minerales, salinidad del agua, etc.) que afectan a los organismos.

[3] Organismos vivos del suelo. [4] Microorganismos que viven sobre la planta. [5] que no presentan los síntomas de la enfermedad. [6] enfermedad causada por Xylella fastidiosa en los cítricos. [7] La bacteria X. fastidiosa produce una biopelícula (biofilm) que se pega a la pared celular de la planta y que termina ocluyendo los vasos de xilema, vasos leñosos que alimentan a la planta en agua y sales minerales.


Pies de fotos: Manejo sostenible del suelo en olivar con cubiertas vegetales y abono con residuos de poda triturados.