Editada por la Sociedad Española de Agricultura Ecológica/Agroecología
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“Sí se puede vivir de la agricultura ecológica. Es rentable si, como en todo trabajo, le prestas atención y muchísima dedicación”

Rubén Nieto. Agricultor ecológico. Atochares, Níjar (Almería)

 

La agricultura forma parte de la vida de este joven de 31 años, natural de Atochares, en Níjar (Almería). Cuando se le pregunta cómo llegó a esta profesión, tiene claro en contestar que “incluso antes de nacer. Siempre he vivido la agricultura”. Y la razón no es otra que unas profundas raíces familiares, pues incluso sus abuelas ya eran agricultoras en los inicios de los invernaderos en dicha localidad almeriense.

Su juventud hace que su historia sea aún breve aunque intensa. En sus inicios como profesional, con 18 años de edad, empezó a practicar la agricultura ecológica. Después, construyó con esfuerzo lo que hoy es su finca, allá por el año 2005: “simplemente era aplicar lo que mis abuelos me enseñaron, cuidar el suelo, y sobre todo, cuidar mi salud a la hora de realizar mi trabajo diario, así como de las personas que nos rodean”. Sobre cómo fue ese comienzo, señala que fue desde su niñez que realizaba tareas agrícolas, y que el empezar como agricultor sólo fue como continuar el trabajo de varias generaciones de su familia. “Soy Diplomado en Ciencias Empresariales, y siempre enfoqué mis estudios hacia el trabajo que hoy realizo como agricultor”, aclara el almeriense.

Actualmente, su finca son dos invernaderos de una superficie de 20.000 m2, divididos en dos mitades, que se sitúan en el epicentro de la agricultura de Níjar, en el eje que une Campohermoso y San Isidro. Se trata de una finca pequeña-mediana, cuya plantilla la componen, de manera fija, él mismo y un trabajador. Y durante períodos de incremento de trabajo, se puede aumentar hasta seis personas más. “Mi labor fundamental es la de controlar diariamente, junto a un técnico externo que me ayuda a monitorizar las plagas y las necesidades de fertirriego, así como diseñar una buena estrategia previa para el suelo previo al cultivo”, indica.

Sus cultivos principales son el tomate cherry y la sandía (ambos con 5kg/metro). El primero se cultiva de inicios de agosto a inicios de febrero, el segundo de mitad de febrero a inicios de junio, con una rotación con leguminosas (judía y guisantes), cada cinco años. De ese modo completa una rotación. Para evitar los problemas de enfermedades del suelo realiza una biodesinfección anual. “Aporto los restos de cultivo previamente triturado, abonado en verde, y le coloco el plástico”.

Afirma que “sí se puede vivir de la producción ecológica. Es rentable si, como en todo trabajo, le prestas atención y le dedicas mucho tiempo, añadiendo que “hace más de una década éramos unos bichos raros… y ahora lo que hacemos, es una moda para algunos”. 

Desde su punto de vista, “el principal reto actual de la agricultura ecológica es el aumento acelerado de su superficie, que incrementa de manera considerable la entrada de agricultores sólo por conseguir dinero, sin respetar considerar los principios de la AE que figuran en el reglamento europeo de producción ecológica”, argumenta.

Pero por encima de todo, hay algo que no pierde desde que empezó en esto: la satisfacción en el trabajo. “No tiene precio cuando abres una sandía y te dicen que sabe a aquellas sandías de antaño. Además, siempre ofrecemos un producto de alta calidad sanitaria, sin residuos de insecticidas”.

Rubén insiste en el hecho de que “al inicio de este tipo de agricultura el nivel asociativo del agricultor era más amplio”, apuntando que, “aunque estamos sufriendo una parada importante”, él sigue formando parte de la directiva de la Asociación Bioindalo y la Asociación de Productores Ecológicos (APE) “Almería Natural”. Asimismo, asegura que, con lo años, ha conocido a muchos especialistas en diferentes áreas, hecho que le ha ayudado a contar con su apoyo y consejo en muchas fases (abonado en verde, rafias biodegradables, etcétera…).

Por ello, quiere transmitir ese entusiasmo a todo aquel que decida dedicarse a esto, invitándoles a “que lo vivan, que evolucionen con sus cultivos, que sientan la agricultura como algo global, y sobre todo, les incito a que disfruten de cultivar”.

 

 

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