Editada por la Sociedad Española de Agricultura Ecológica/Agroecología
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Gota a gota, se envenena el río: Contaminación con glifosato de las aguas superficiales españolas

El glifosato y sus consecuencias… la historia interminable que suma y suma evidencias sobre sus efectos nocivos para la salud del medio ambiente y las personas. En este caso, el artículo destaca uno de los últimos informes de Ecologistas en Acción: “El glifosato: una plaga para la salud de nuestros ríos, el medio ambiente y las personas”.

En julio de 2020, la Dirección General de Sanidad de la Producción Agraria del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, previa petición de Ecologistas en Acción, comunicó las cantidades de glifosato comercializadas en España en los años 2011 al 2018. Más allá de la cuestionable fiabilidad de estos datos (que son proporcionados por la propia industria mediante encuestas anuales) la conclusión es clara: hay un aumento del 41% en el uso de glifosato en nuestro país, desde los 7.431.668,97 kg de 2011 a los 10.495,024,44 de 2018.

Este incremento debe calificarse como desproporcionado ya que difícilmente puede deberse a factores como el aumento de la superficie agraria, parques, jardines, cunetas, etc., donde el “popular” plaguicida es utilizado para erradicar vegetación, calificada como “molesta”. Se desconoce pues la causa de este aumento pero si el mal de muchos es consuelo de tontos, no es un hecho exclusivo en España sino que se extiende por todo el mundo con la voracidad de un incansable depredador del medio ambiente y posiblemente de la salud humana. 

En este sentido, no puede olvidarse que en 2015 un informe de la Agencia de Investigación del Cáncer (IARC) concluyó que existían suficientes datos científicos para establecer un relación entre la exposición al glifosato y el cáncer en animales. No obstante, este dictamen de la IARC fue contestado por las agencias evaluadoras de plaguicidas de Canadá, Estados Unidos y la Unión Europea con una velocidad próxima a la del atleta Usain Bolt batiendo el récord mundial de los 100 metros lisos. El símil no es exagerado: en menos de dos años, estos organismos evaluadores contradijeron a la IARC y concluyeron con la práctica inocuidad del glifosato. Dos años para una evaluación este tipo puede asemejarse a los menos de los 10 segundos que el atleta jamaicano tarda en cubrir los 100 metros, es decir, todo un récord rapidez y unanimidad.

Esta discrepancia entre agencias evaluadoras no es nueva. Ocurrió en el pasado y es más que probable que suceda en el futuro ya que, a la incertidumbre del conocimiento científico se une un hecho: la gobernanza del riesgo de las sustancias químicas, entre ellas los plaguicidas. Ésta se compone de tres fases: la primera, la determinación del peligro y evaluación del riesgo, que compete a la ciencia regulatoria; las otras dos etapas son la gestión y comunicación del riesgo con matices, que es una competencia administrativa y que finaliza con la autorización o prohibición de la sustancia evaluada. En definitiva, el procedimiento evaluador en su conjunto conduce a una decisión política que puede refrendar o rechazar el dictamen científico y, éste último no está desprovisto de subjetividad y diferencias de criterios, como la que sucedió entre 2015 y 2017 al respecto del glifosato y descrita anteriormente. 

Pero pese a que los estudios científicos y las pruebas se acumulan, seguimos lejos de acabar con la comercialización de este plaguicida y continúa siendo permitido en la Unión Europea, contaminando la vida y el medio ambiente. Su constante presencia en el medio ambiente convierte a este tóxico en un contaminante “pseudopersistente”, algo especialmente preocupante en el caso del medio acuático. Es más, la toxicología oficial de la Unión europea clasifica a esta sustancia como tóxica para la vida acuática con efectos duraderos y causando graves daños oculares.

Una plaga para la salud de nuestros ríos

La afirmación anterior se confirma y se hace más urgente con los datos contenidos en el informe de Ecologistas en Acción “El glifosato: una plaga para la salud de nuestros ríos, el medio ambiente y las personas”. Este informe estudia las analíticas de glifosato realizadas por los organismos de cuenca durante los años 2017 y 2018, las cuales confirman la elevada presencia en nuestros ríos del herbicida más vendido en España.

Los datos subrayan las deficiencias de la legislación europea y española, puesto que no existe un límite de concentración aplicable a este plaguicida en las aguas superficiales. Los análisis realizados por 10 de las 17 demarcaciones hidrográficas durante el 2017 y 2018. En las otras 7 no consta, según los datos del Ministerio para a Transición Ecológica y el Reto Demográfico, que hayan analizado la presencia de este plaguicida. 

El informe indica que en el 29% de muestras analizadas se ha detectado glifosato, el 21% de las cuales han superado el valor límite de 0,1 µg/l, que a falta de valor legal se ha tomado como referencia al ser el recogido como límite máximo permisible para cualquier pesticida en las directivas de agua subterránea y de agua de boca. Destaca que en algunos puntos de muestreo se han detectado concentraciones de glifosato centenares de veces superior al valor de 0,1 µg/l, como los hallados en Canal Laguna Herrera (Málaga) y en la Rambla de Albujón (Murcia) con valores 710 y 432  por encima del límite de referencia. 

Estos resultados muestran la amplia contaminación con glifosato de las aguas superficiales españolas y la urgencia de prohibir su uso. Mientras esto no suceda, pedimos que se redacten normas que establezcan un valor límite para el glifosato en las aguas superficiales y la obligación que todas las demarcaciones hidrográficas analicen este plaguicida. Además, solicitamos que se asegure la recogida de información sobre la presencia de plaguicidas, que sea más completa y ajustada a la realidad y sirva, a su vez, como punto de partida para proteger nuestros ríos, el medio ambiente y a las personas.

La ciudadanía en su conjunto está doblemente expuesta a los efectos adversos de este plaguicida como sufridores del deterioro del medio ambiente y de la salud y como pagadores de las acciones paliativas que se puedan implementar. Mientras, los beneficios económicos derivados de su uso no son distribuidos equitativamente entre toda la población, se hace responsable a ésta del gasto de las externalidades económicas. 

Otra agricultura es posible, como la ecológica certificada libre de pesticidas que además se constituye como la herramienta más eficaz para acabar con una de las mayores plagas del campo: el uso de plaguicidas, entre ellos el glifosato. Tóxicos omnipresentes en suelos, aguas y cuerpos, puesto que, por ejemplo aproximadamente un 70% de la población estadounidense presenta niveles apreciables de glifosato en la orina y, presumiblemente, este dato puede ser el mismo en Europa. Si de lo que se come se cría, de lo que se come también se orina. Afortunadamente, al menos en el caso los seres humanos, la solución es sencilla: una dieta basada en alimentos ecológicos certificados reduce significativamente los niveles de glifosato y de su principal metabolito (AMPA) en tan solo tres días. Esa misma virtud tendría para el medio ambiente la prohibición o, en su ausencia, la reducción drástica del plaguicida. Compete a la Administración velar por el medio ambiente y la salud humana y a nosotros y nosotras exigir que esto ocurra y sea accesible económicamente para todos y todas.

¡Sigamos exigiendo!.

Nuestra biodiversidad está enfrentando el mayor riesgo de la historia. Por ello, la Comisión Europea estableció reducir el uso de pesticidas en un 50% en el marco del "Acuerdo Verde". La industria productora de pesticidas, sus aliados en el Parlamento Europeo y los gobiernos nacionales están atacando este objetivo histórico. Nunca antes había sido tan importante para los ciudadanos de la UE alzar su voz contra el uso de pesticidas. ¡Exige la eliminación de los pesticidas ahora! ¡Firma la Iniciativa Ciudadana Europea "Salvemos a las abejas y a los agricultores"!

Referencias: