Como en todas las webs, utilizamos cookies para que tu experiencia y nuestro servicio sea de tu agrado (de acuerdo a sus hábitos de navegación).

Si pulsas ACEPTAR o sigues navegando, se considera que aceptas el uso de estas cookies. Y si quieres más información visita nuestra página de política de cookies .

Cultivar mirando al clima que viene: CultivEco y la adaptación agroecológica en el Mar Menor

¿Cómo pueden las fincas agroecológicas prepararse para el clima que viene? CultivEco responde traduciendo la información climática en decisiones concretas sobre el terreno: anticipar plagas, conservar la humedad del suelo o reforzar la biodiversidad funcional, uniendo ciencia, experiencia agraria y buenas prácticas agroecológicas.

Autoría: Emma Gaitán Fernández, Gonzalo Rodríguez Ruiz, Antonio Rubio España, Lorena Galiano Sánchez, César Pardinas Blázquez, María del Carre Díaz – Fundación para la Investigación del Clima

Publicado en la Revista Ae núm. 63 (verano 2026)

En el sureste peninsular, el cambio climático no es una amenaza lejana. Se expresa ya en veranos más largos, noches más cálidas, episodios de calor más frecuentes, lluvias irregulares y una presión creciente sobre el agua y los suelos. Para quienes cultivan en la cuenca vertiente del Mar Menor, estas señales no son estadísticas abstractas: condicionan el vigor de los árboles, la aparición de plagas, la salud del suelo, la disponibilidad de agua y la estabilidad de las cosechas.

Ante este escenario, el proyecto CultivEco ha trabajado con una pregunta muy concreta: ¿cómo pueden las fincas agroecológicas prepararse mejor para el clima que viene? La respuesta no pasa únicamente por conocer cuánto subirá la temperatura o cuánto puede cambiar la precipitación. El verdadero reto consiste en traducir esa información climática en decisiones útiles para la finca: cuándo aumenta el riesgo de una plaga, qué prácticas ayudan a conservar mejor la humedad del suelo, cómo reforzar la biodiversidad funcional o qué manejos pueden sostener la productividad en un contexto más cálido y seco.

CultivEco ha abordado esta cuestión desde una idea sencilla pero fundamental: la adaptación al cambio climático debe construirse combinando conocimiento científico, experiencia agraria y buenas prácticas agroecológicas. No se trata solo de mirar al futuro desde los modelos climáticos, sino de hacerlo desde la realidad concreta de los cultivos, los suelos y las personas que trabajan la tierra.

Un territorio agrícola especialmente sensible

La Región de Murcia es uno de los territorios agrícolas más estratégicos del sureste peninsular. En ella conviven cultivos leñosos de alto valor, como almendro, algarrobo y cítricos, con producciones hortícolas intensivas, entre ellas las brasicáceas. Esta diversidad productiva se desarrolla, sin embargo, en un contexto climático exigente: aridez estructural, elevada irregularidad de las precipitaciones, veranos calurosos y una dependencia muy alta de recursos hídricos limitados.

El cambio climático intensifica estas condiciones de partida. Las proyecciones climáticas regionalizadas utilizadas en CultivEco muestran una señal robusta de calentamiento a lo largo del siglo XXI. A mediados de siglo, la temperatura media anual podría aumentar entre 1,8 y 3,2 ºC respecto al periodo histórico de referencia. A finales de siglo, en los escenarios de mayores emisiones, ese incremento podría alcanzar valores próximos a 5 ºC. Además, se proyecta un aumento del número de días con temperaturas máximas superiores a 35 ºC, una reducción de días fríos y una mayor duración de los episodios de calor.

En paralelo, la precipitación muestra una señal más incierta, pero con una tendencia general hacia un descenso moderado y una distribución más irregular. Dicho de forma sencilla: no solo preocupa cuánto llueve, sino cuándo llueve, con qué intensidad y cuánta de esa agua queda realmente disponible para los cultivos. Al mismo tiempo, el aumento de la evapotranspiración potencial implica que el agua se pierde más rápido por evaporación y transpiración. El resultado es un escenario de mayor estrés hídrico y térmico para los agroecosistemas.

Del dato climático a la finca

Uno de los problemas habituales en la planificación agraria frente al cambio climático es la distancia entre las proyecciones globales y las decisiones reales de manejo. Los modelos climáticos ofrecen información imprescindible, pero una persona agricultora necesita respuestas más concretas: cuántos días pueden ser favorables para una plaga, si se alarga una ventana de riesgo, si el suelo estará más expuesto al estrés térmico o si las condiciones para la fauna auxiliar pueden verse alteradas.

Por eso, CultivEco ha trabajado en la generación de escenarios climáticos futuros a escala local para la Región de Murcia y los ha convertido en indicadores agroecológicos aplicables a la toma de decisiones. En total, se han construido 59 indicadores específicos para cuatro cultivos representativos: algarrobo, almendro, cítricos y brasicáceas. Estos indicadores se organizan en cuatro grandes ámbitos: plagas, enfermedades, biodiversidad y suelos.

El valor de este enfoque está en que no se limita a describir el clima futuro, sino que interpreta qué puede significar ese clima para el funcionamiento del agroecosistema. Un aumento de temperatura media, por ejemplo, puede traducirse en más días favorables para la actividad de una plaga. Un invierno más suave puede reducir el efecto regulador del frío sobre determinados insectos. Un verano más largo puede aumentar la demanda de agua del cultivo y debilitar su capacidad de respuesta. Y un suelo sometido a más calor y menor humedad puede perder parte de su actividad biológica, justo cuando más se necesita que funcione como reservorio de fertilidad y resiliencia.

Indicadores construidos con el sector

Una de las fortalezas de CultivEco ha sido su enfoque participativo. Los indicadores no se han definido únicamente desde criterios académicos o técnicos, sino a partir de un proceso de codiseño con agricultores, agricultoras y personal técnico vinculado a las fincas del proyecto, junto con el acompañamiento científico de CEBAS-CSIC y la UPCT.

Este proceso permitió identificar las preocupaciones prioritarias en campo: qué plagas y enfermedades resultan más relevantes para cada cultivo, qué condiciones climáticas favorecen su desarrollo, qué momentos del ciclo productivo son más sensibles y qué tipo de información puede ser realmente útil para orientar el manejo. De este modo, los resultados no se presentan como cifras aisladas, sino como señales climáticas conectadas con decisiones concretas en finca.

La participación del sector es clave porque la adaptación no se implanta desde un despacho. Se construye sobre problemas reales, con conocimiento local y con prácticas que puedan aplicarse en condiciones concretas. En CultivEco, los escenarios climáticos se ponen al servicio de esa toma de decisiones, ayudando a anticipar riesgos y a reforzar las estrategias agroecológicas que ya están mostrando utilidad.

Qué puede cambiar en los cultivos

Los resultados del proyecto muestran que el impacto del cambio climático no será igual para todos los cultivos ni para todos los procesos. Cada sistema productivo responde de forma distinta según su fisiología, su calendario, su manejo y su relación con plagas, enfermedades, biodiversidad asociada y suelo.

En algarrobo, el aumento del calor acumulado puede favorecer el desarrollo de la araña roja, especialmente en condiciones de calor sostenido y estrés hídrico. Esto implica que la vigilancia deberá iniciarse antes y mantenerse durante más tiempo, prestando especial atención al estado vegetativo del árbol y a la gestión del agua.

En almendro, los indicadores apuntan a un aumento de condiciones favorables para plagas ligadas al calor, como el gusano cabezudo o el tigre del almendro. El riesgo no se limita a que estas plagas estén presentes, sino a que puedan encontrar más días favorables para completar su ciclo, reproducirse y generar picos de población más intensos. En cambio, algunas ventanas climáticas óptimas para enfermedades concretas pueden reducirse en promedio, aunque el riesgo en finca seguirá dependiendo de episodios de humedad, heridas de poda, ventilación y microclimas locales.

En cítricos, el calentamiento puede favorecer una mayor actividad de plagas como la mosca de la fruta, araña roja, cochinillas o piojo rojo. Los inviernos más suaves son especialmente relevantes, porque reducen el efecto limitante del frío y pueden facilitar una presión más continuada de determinadas especies. Esto obliga a repensar calendarios de seguimiento, estrategias de control biológico y manejo del vigor del cultivo.

En brasicáceas, los cambios proyectados pueden alterar los periodos de riesgo asociados a plagas y enfermedades, pero también la relación entre humedad, temperatura y desarrollo del cultivo. En sistemas hortícolas, donde los ciclos son más cortos y las decisiones de manejo tienen menos margen temporal, disponer de señales climáticas útiles puede ser especialmente valioso.

“CultivEco valida una visión integral de las buenas prácticas agroecológicas, entendidas como estrategias que refuerzan la resiliencia productiva, ecológica y social de las fincas”

Buenas prácticas para un clima más exigente

La adaptación no depende de una única práctica. CultivEco valida una visión integral de las buenas prácticas agroecológicas, entendidas como estrategias que refuerzan la resiliencia productiva, ecológica y social de las fincas.

Entre ellas destacan el laboreo mínimo, la fertilización orgánica, la activación y vivificación del suelo, el uso de variedades locales o adaptadas, las cubiertas vegetales vivas y muertas, el fomento de la biodiversidad funcional, los refugios para fauna auxiliar, el manejo eficiente del riego, las zanjas de infiltración y microterraceo, el monitoreo continuo del suelo y del agua y las rotaciones y policultivos.

Todas estas prácticas aportan beneficios en el clima actual, pero su valor aumenta en escenarios futuros. El laboreo mínimo y las cubiertas ayudan a proteger el suelo frente a lluvias intensas, erosión y evaporación. La fertilización orgánica y la activación biológica favorecen suelos más vivos, con mayor capacidad para retener agua y nutrientes. La biodiversidad funcional y los refugios para fauna auxiliar fortalecen los servicios ecosistémicos, como el control biológico y la polinización. El riego eficiente y las estructuras de infiltración permiten aprovechar mejor un recurso cada vez más limitado. Y el monitoreo continuo ayuda a tomar decisiones adaptativas, ajustando el manejo a las condiciones reales de cada campaña.

En conjunto, estas prácticas no deben entenderse como una lista de acciones aisladas, sino como piezas de una misma estrategia: construir agroecosistemas más estables, diversos y capaces de responder a perturbaciones climáticas.

Suelos vivos, agua útil y biodiversidad funcional

Los aprendizajes de CultivEco pueden resumirse en tres claves principales:

  • La primera es que el suelo será una de las principales infraestructuras de adaptación. Un suelo cubierto, estructurado, con materia orgánica y actividad biológica resiste mejor la erosión, conserva más humedad y amortigua mejor los extremos térmicos. En un contexto de mayor aridez, cuidar el suelo no es solo una práctica ambiental: es una condición productiva.
  • La segunda es que cada gota de agua contará más. La adaptación no puede limitarse a regar más, porque el recurso hídrico es limitado. Será necesario mejorar la eficiencia, reducir pérdidas, favorecer la infiltración, conservar humedad y ajustar calendarios y manejos a la demanda real del cultivo.
  • La tercera es que la biodiversidad funcional será una aliada imprescindible. Setos, bandas florales, cubiertas, policultivos, cajas nido, refugios para insectos y estructuras que favorezcan fauna auxiliar pueden ayudar a mantener servicios ecológicos clave. En un clima más variable, los agroecosistemas simplificados son más vulnerables; los sistemas diversos tienen más capacidad de amortiguación.

Anticiparse en lugar de reaccionar

El principal aporte de CultivEco es mostrar que la adaptación agroecológica puede apoyarse en información climática concreta. Anticipar no significa predecir exactamente qué ocurrirá en cada finca y cada campaña, sino identificar tendencias, ventanas de riesgo y prácticas que aumentan la capacidad de respuesta.

El clima que viene será más exigente para la agricultura del Mar Menor. Habrá más calor, mayor demanda evaporativa, más presión sobre el agua y cambios en las dinámicas de plagas, enfermedades, suelos y biodiversidad. Pero este escenario no deja a las fincas sin margen de acción. Al contrario: refuerza la importancia de prácticas agroecológicas que ya apuntan en la dirección correcta.

CultivEco muestra que la adaptación empieza mucho antes del daño. Empieza en un suelo que se cubre, en una finca que infiltra mejor el agua, en una cubierta que protege frente al calor, en una diversidad vegetal que atrae auxiliares, en un riego que se ajusta mejor a las necesidades del cultivo y en una decisión de manejo tomada con información útil.

La agricultura ecológica y agroecológica del Mar Menor no solo tiene el reto de resistir el cambio climático. También puede convertirse en un laboratorio vivo de adaptación, capaz de demostrar que producir, cuidar el territorio y prepararse para el futuro son tareas que deben avanzar juntas.


El proyecto CultivEco, Cultivando la transición agroecológica en el Mar Menor cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, a través de la Convocatoria de ayudas para la restauración y mejora ambiental en el ámbito agrícola, para contribuir a la recuperación de la funcionalidad ecológica del Mar Menor, incluida en la línea 6 del Marco de Actuaciones Prioritarias para la Recuperación del Mar Menor.

Las opiniones y documentación aportadas en esta web son de exclusiva responsabilidad del autor o autores de los mismos, y no reflejan necesariamente los puntos de vista de las entidades que apoyan económicamente el proyecto.


Autoría: Emma Gaitán Fernández, Gonzalo Rodríguez Ruiz, Antonio Rubio España, Lorena Galiano Sánchez, César Pardinas Blázquez, María del Carre Díaz – Fundación para la Investigación del Clima

Publicado en la Revista Ae núm. 63 (verano 2026)

También te gustará...