INTIA (Instituto Navarro de Tecnologías e Infraestructuras Agroalimentarias) conoce el pulso del campo navarro desde los años 80, cuando sus precursores, los ITG, empezaron a acompañar a quienes producen alimentos de la finca al mercado. Hoy casi una cuarta parte de sus ensayos se desarrolla ya en ecológico. Hablamos con dos personas clave en INTIA, Natalia Bellostas – Directora gerente – y Esther Sotil – Técnica y profesional referente para el sector ecológico navarro -, sobre cómo lo ecológico ha dejado de ser una línea más de trabajo para convertirse en el hilo que recorre toda la estrategia de la entidad: la punta de lanza de un sistema agroalimentario capaz de resistir el cambio climático y reencontrarse con el territorio.
Autoría: Redacción Ae
Publicado en la Revista Ae núm. 62 – Especial Navarra

INTIA trabaja desde 1980. Desde entonces, el campo navarro supongo que ha cambiado radicalmente… e INTIA siempre ha estado ahí. Para entrar en contexto, ¿cuál es vuestro papel: funciones y ámbitos de trabajo/investigación?
En INTIA trabajamos en toda la cadena de valor agroalimentaria, desde la producción hasta la comercialización y promoción. Somos la única entidad a nivel estatal que abarca la experimentación aplicada y el asesoramiento imparcial bajo un único paraguas, lo que nos da una enorme solidez técnica. Nuestros más de 60 asesores y asesoras atienden a más de 3500 personas agricultoras y ganaderas anualmente y transmiten a los equipos de experimentación agrícola y ganadera las necesidades de conocimiento del sector en cuanto a prácticas, manejos, técnicas, etc., de tal forma que diseñamos nuestra experimentación para que dé respuesta a esas necesidades.
El año pasado dimos más de 3000 horas de asesoramiento en producción ecológica, prácticamente el equivalente a dos técnicos a tiempo completo, lo que supuso el 10% de las consultas de asesoramiento, mientras que un 23% del número total de ensayos llevados a cabo son en producción ecológica, ya que muchas de estas técnicas y manejos se pueden (y deben) extrapolar a la producción convencional, sobre todo en el contexto de incremento del precio de insumos que estamos viviendo.
“Desde INTIA entendemos que la producción ecológica tiene que ser la punta de lanza de la transición del sistema agroalimentario navarro hacia la resiliencia”
La experimentación la llevamos a cabo en nuestras fincas certificadas eco (Orreaga/Roncesvalles y Sartaguda) así como en fincas de personas productoras. En el último año hemos llevado a cabo ensayos en variedades de cultivos extensivos, hortícolas en invernadero, frutales, abonos orgánicos, control de plagas y enfermedades, manejo del suelo, así como sanidad y alimentación animal.
La formación es otra de las vías de hacer llegar conocimiento técnico al sector: el año pasado llevamos a cabo 12 formaciones exclusivas en producción ecológica, que supusieron 50 horas de formación y 225 asistentes, en ámbitos tan diferentes como la fruticultura, horticultura, ganadería y cultivos extensivos. A estas se les añaden formaciones de técnicas que pueden aplicarse en producción ecológica como las cubiertas vegetales, el uso de bandas floridas, así como formaciones en gestión técnico-económica. Además, impartimos un módulo sobre producción ecológica en el curso de 1ª instalación de jóvenes, llegando a unas 80 personas anualmente.

La producción ecológica es hoy un eje transversal de la Agenda Estratégica de Innovación de INTIA, un hecho de gran importancia para el sector. ¿Cuándo dejó de ser una línea más de trabajo para convertirse en algo estructural?
Muchas técnicas y prácticas que se utilizan en agricultura convencional, como la fertilización orgánica, prácticas de gestión integrada de plagas o el pastoreo se incluyen desde el inicio de los ITGs (precursores de INTIA) en la experimentación y en el asesoramiento, así que se puede decir que desde los años 1980 INTIA está trabajando en producción ecológica. Es cierto que en la legislatura 2015-2019 se dio un impulso clave a la producción ecológica en Navarra, y en INTIA se estableció un grupo de trabajo para abordarlo de manera más estructural y por sectores. Por ejemplo, se empezó a dinamizar el grupo de extensivos, de donde surgió la necesidad de estructurar el sector cerealista y de leguminosas lo que dio pie a la creación de Hazialdeko.
En 2021 creamos la Agenda Estratégica de Innovación, con el objetivo de establecer prioridades para nuestra experimentación e I+D, alineados con los objetivos europeos y con las necesidades del sector agroalimentario navarro. Es ahí donde incluimos la producción ecológica como transversal al resto de líneas (agrobiodiversidad, suelos, gestión integrada de plagas, alimentación y sanidad animal, …) ya que entendemos que las técnicas y prácticas de producción ecológica se pueden (y deben) utilizar en la producción convencional.
Además, en la Agenda Estratégica de Innovación incluimos como nueva línea la transformación y comercialización en circuito corto, que proporciona una vía de puesta en valor fundamental para la producción ecológica. En ese marco hemos impulsado iniciativas que son actualmente un referente a nivel estatal como Ekoalde o Hazialdeko, que junto con Appina, están instaladas en nuestra nave de Noáin.
En un contexto como el que estamos viviendo de cambio climático y crisis geopolíticas que están mostrando las limitaciones del sistema alimentario global, desde INTIA entendemos que la producción ecológica tiene que ser la punta de lanza de la transición del sistema agroalimentario navarro hacia la resiliencia. Solo conseguiremos ser resilientes si somos capaces de ligar la producción al territorio, de mejorar la salud del suelo, de recuperar la biodiversidad y de estructurar una cadena de valor local que conecte a las personas desde la producción, hasta la transformación y la comercialización.

La finca de Sartaguda es una referencia. He leído que en 2023 se llegaron a acoger 48 ensayos en un año —frutales, hortícolas, extensivos, todos en ecológico. Háblanos más de esta finca (características, equipo de trabajo, tipos de ensayos…). Y ¿en qué investigaciones anda ahora mismo: fertilidad de suelos, variedades, control biológico, gestión del agua…?
En 2018, se inscribió en su total (20 ha de finca) en CPAEN-NNPEK, ya desde hace unos cuantos años antes varios de los invernaderos trabajaban en producción ecológica también. Desde entonces se ha practicado la agroecología a través mejorar la fertilidad del suelo con el uso de cubiertas vegetales, abonos verdes, compostaje y aportaciones orgánicas y la biodiversidad a través del uso de variedades autóctonas, bandas floridas, diversidad cultivada, etc.
Se ha estudiado en profundidad el uso de cubiertas vegetales: no solo las naturales o sembradas para su mantenimiento sino a través de acolchados vegetales (con la posterior utilización del Roller crimper y el tumbado de las mismas). En bandas floridas se tiene una colección de más 60 variedades empleadas por toda la finca. Abonos verdes: trayectoria muy larga en invernadero.
Se trabaja la prevención y control de hierbas adventicias (con aperos adquiridos para ello: grada de púas flexibles, Binadora de dedos) y la prevención con las técnicas anteriores. También se trabaja en control biológico, pero debido al equilibrio del sistema, no es fácil tener presión de una plaga para poder estudiar. Además se elabora un compost de estiércol de ovino de Sartaguda ayudado con los restos de cosechas.
Es una finca muy biodiversa con una amplitud de cultivos muy elevada: Frutales (almendro, manzano, peral, melocotonero, albaricoque, ciruelo, pistacho, etc), hortícolas (todo el abanico de cultivos de la huerta navarra) y de cultivos extensivos (además de los tradicionales como el trigo, cebada, avena, centeno; también legumbres como el garbanzo, lenteja y alubia; y otras familias como la quinoa, el mijo o el trigo sarraceno).
Ahora el impulso es para empezar a trabajar en profundidad en los indicadores del suelo, para conocer mejor cómo mejorar la fertilidad del suelo.
También cultivos de distintas cubiertas vegetales, los ya citados de phacelia, mostaza y mezcla de phacelia y veza, un ensayo de 8 variantes comerciales de cubiertas vegetales pensadas para frutales.
Y por supuesto toda la colección de bandas florales presente en Sartaguda con más de 60 especies distintas y la mayoría de ellas en ese momento en plena floración.


La finca de Sartaguda es muy biodiversa, con frutales, hortícolas y cultivos extensivos.
El proyecto LIFE NAdapta, en el que participó INTIA y que ha convertido a Navarra en el 1er territorio europeo con una estrategia integral de adaptación al cambio climático. ¿Qué ha aportado y aprendido el sector ecológico navarro de ese proceso?
La agricultura y la ganadería son actividades enormemente afectadas por el cambio climático. En los próximos años esto se va a manifestar (y lo está haciendo ya) en episodios climáticos extremos. En el marco de NAdapta hemos estudiado prácticas y manejos que van a ayudar al sector agrario navarro, no solo a la producción ecológica, a adaptarse a estos episodios extremos. Hemos trabajado en la identificación de variedades más resilientes, en manejos que permiten incrementar la materia orgánica en el suelo, hemos mejorado el seguimiento de plagas y enfermedades que aparecen por el incremento de la temperatura media, hemos identificado manejos que permiten ahorrar agua de riego y hemos trabajado en la implementación del silvopastoreo para la prevención de incendios. Varios de los agricultores y ganaderos que han participado en el proyecto están trabajando en producción ecológica y vemos que hay varios elementos clave en su adaptación a cambio climático, sobre todo en relación con el manejo del suelo. Una de las líneas de trabajo que consideramos estratégica es el impacto de distintos manejos en la microbiología del suelo, todavía una gran desconocida. Ahora mismo tenemos varios trabajos en cartera, ligados a ensayos a largo plazo de más de 30 años y a productores ecológicos, que nos van a permitir afinar más nuestro conocimiento sobre la microbiología del suelo y por tanto, a dar un mejor asesoramiento al sector ecológico.
Navarra está al 7,83% de superficie agraria en ecológico. La UE pide el 25% para 2030. Desde INTIA, que trabaja con las personas productoras en el día a día, ¿dónde dirías que está el cuello de botella real: en el conocimiento técnico, el asesoramiento, en las políticas o en el mercado?
Ahora mismo podríamos decir que la Comisión Europea ha enterrado el Pacto Verde y la Estrategia de la Granja a la Mesa que tanto respaldó al sector ecológico hace 5 años. Sin embargo, tal y como dice IFOAM, la “Visión para la Agricultura” que lanzó la Comisión Europea el año pasado sigue reconociendo que la producción ecológica es una práctica ejemplar. La Visión establece otros puntos positivos donde se puede poner en valor la producción ecológica, como es el planteamiento de que se recompense a las personas productoras por los servicios ambientales que prestan. Este es un punto crítico, ya que abre la vía a la monetización y por tanto a la intervención del mercado privado, sin embargo, también demuestra que las empresas agroalimentarias, las entidades financieras, y la propia Comisión Europea consideran que la agricultura y la ganadería no solo producen alimentos, y eso en sí mismo es positivo, ya que permite a las personas productoras acceder a vías de financiación e ingresos extra, e incentiva al mercado a reconocer un valor añadido a la producción de alimentos.
En este sentido, no podemos ver la agricultura ecológica solo como una cadena de valor lineal (experimentación – asesoramiento – producción – transformación – comercialización), sino como un sistema de elementos interrelacionados. Por tanto, no hay un único cuello de botella, sino puntos de apalancamiento que pueden llevar a un incremento de superficie de la agricultura ecológica. La generación de conocimiento técnico-económico y el asesoramiento imparcial, también en gestión económica, son claves para que las personas productoras puedan transicionar hacia modelos agroecológicos rentables, pero también es fundamental generar una demanda constante en el tiempo que permita que las personas productoras puedan acceder a mercados que paguen por los alimentos y servicios ecosistémicos producidos. Aquí, las políticas públicas son claves y, de hecho, las propias administraciones regionales y locales tienen competencias para diseñar y dirigir las políticas públicas en esta dirección. Una de las palancas reconocidas desde hace mucho tiempo es la compra pública y en este sentido, la propia Comisión Europea ha lanzado recientemente una iniciativa dirigida a definir los criterios para la compra pública sostenible de alimentos.
Otro elemento clave es la estructuración de los distintos subsectores y aquí el asociacionismo también es clave. La generación de estructuras intermedias que agreguen volumen de producción y minimicen gasto de procesado, transformación, almacenamiento y logística es clave y en este sentido no hay que reinventar la rueda: existen diversas fórmulas en la economía social y solidaria, que con una gobernanza alineada con la realidad de los socios, son herramientas adecuadas. Otro elemento clave es la sensibilización de las personas consumidoras, de tal forma que exista una suficiente diversidad de clientes, para amortiguar posibles dependencias estacionales ligadas a comedores escolares, turismo, etc. En Navarra vamos por el buen camino con iniciativas como Ekoalde, Hazialdeko y Landare, cada una de ellas referentes en su ámbito.
Hay tantos ámbitos del sistema en los que hay que trabajar, y tanto trabajo por hacer que solo lo podemos hacer si todos los agentes que operamos en el sector agroecológico, con nuestras diferentes visiones, trabajamos de forma colaborativa. Porque son esas diferentes visiones las que nos enriquecen mutuamente, nos hacen aprender y las que van a hacer que la producción ecológica sea el modelo referente para la transición a la resiliencia de los sistemas alimentarios.
“Hay tanto trabajo por hacer que solo lo haremos si todos los agentes que operamos en el sector agroecológico, con nuestras diferentes visiones, trabajamos de forma colaborativa”
Es una realidad el estancamiento del consumo de alimentos eco. Hay que tener en cuenta que nuestro consumo interno no termina de despegar como en otras regiones de Europa.
Actualmente hay mucha confusión y greenwashing. Muchas etiquetas son muy ambiguas (natural, artesano, de proximidad, km 0), y no tienen entre ellas nada que ver pero confunden al sector consumidor, y un “natural” puede ser más barato que un “ecológico”. Las empresas de alimentación aprovechan el tirón que tiene ahora mismo la salud en la alimentación. Curiosamente, y hubo una ponencia precisamente sobre esto en el Congreso, y es que existen alternativas reales donde el precio de los productos de temporada ecológicos no procesados está en general por debajo de los precios en convencional, aunque hay que salirse de la gran distribución.
Y aún señalaría otros factores:
- Estética del producto fresco.
- Comunicación deficiente (falta comunicar las externalidades positivas).
- La estrategia de la granja a la mesa no ha funcionado. Se proponían numerosas medidas que podían haber impulsado y en general las administraciones no han cogido el testigo, ya que no eran vinculantes. Algunas de estas medidas como la Compra pública o el impulso de Biodistritos tienen mucho margen de mejora o de implementación.
- El mayor cuello de botella no está en la producción (asesoramiento técnico) sino en los procesos post-cosecha. El sector sigue estando muy disperso. En Navarra desde hace algunos años se detectó esta necesidad y desde entonces, desde la administración e INTIA se ha acompañado la creación de diversas iniciativas colectivas, como Hazialdeko, Ekoalde, Appina, etc. Aún hay recorrido para ello.
Por último, INTIA es una de las entidades organizadoras del XVI Congreso de SEAE. ¿Qué lleva INTIA a ese congreso —resultados de investigación, personas, metodologías— y qué espera que el congreso devuelva al sector navarro?
A este congreso llevamos varias aportaciones. Por un lado, ha participado nuestra compañera Noelia Telletxea, técnica del área de experimentación y especializada en protección de cultivos, que se centra en la investigación y divulgación de métodos sostenibles para el sector agrario, y gran impulsora del empleo de bandas floridas para fomentar la fauna auxiliar (enemigos naturales) como método de control biológico, y que es precisamente sobre las bandas floridas de lo que nos ha hablado.
Por otro lado, ha participado también Vicente Ferrer, técnico de experimentación ganadera y especializado en ganadería extensiva y la gestión de recursos naturales en zona de montaña. Es una de las figuras más visibles en la investigación del pastoreo y el silvopastorismo, y un gran defensor del uso del ganado como herramienta para gestionar el territorio. Sus líneas de trabajo actuales incluyen la integración del pastoreo en la prevención de incendios forestales, y en la ordenación y planificación de pastos en Navarra. Recientemente, se ha especializado en la implementación del vallado virtual, un sistema que permite monitorizar y delimitar zonas de pastoreo mediante dispositivos móviles sin necesidad de cierres físicos. Todo esto es lo que nos va a contar.

