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Discursos y estrategias de la disidencia climática. Negacionismo, retardismo y otras posiciones que afectan a la adaptación y mitigación del cambio climático

 

El presente artículo está basado en uno de los primeros estudios que, desde la comunicación climática, realiza una aproximación sobre conceptos, discursos y estrategias que niegan, rechazan o retrasan la acción climática.

Autora: Sara Serrano Latorre. Redacción Revista Ae.

Ante el actual contexto de emergencia climática, no debería quedar lugar a dudas de que todas las personas, como sociedad, nos enfrentamos a un desafío común y que, por tanto, hay que actuar y dar respuesta a este reto desde el potencial que cada sector tiene (político, científico, agroalimentario, económico…). Pero sí, hay dudas e, incluso más allá, existen discursos y estrategias que ponen trabas directas a la acción climática. Negacionismo, retardismo y otras variantes de disidencia climática que es necesario identificar y conocer para poder enfrentar y rebatir.

Con el objetivo de aproximarse e identificar esos argumentos y hechos que rechazan o retrasan la acciones para adaptarse o mitigar el cambio climático, ECODES publica un conveniente informe elaborado por el investigador sobre comunicación climática Rogelio Fernández-Reyes , que toma como referencia el presente artículo. Se trata de “Aproximación a la contraargumentación ante el negacionismo y el retardismo climáticos. Abordaje de las trabas a la adaptación y mitigación en la comunicación climática”, un exhaustivo trabajo presentado en mayo de 2024 que permite identificar perfiles, discursos y estrategias de la disidencia climática a la par que ofrecer posibilidades de actuar y contrarrestar la desinformación climática.

En este sentido, el periodismo ambiental, y más concretamente la comunicación climática, se presenta como una herramienta útil, tanto para profesionales de la comunicación como para la sociedad en general, que permite:

1. Reconocer el reto que supone el cambio climático y la emergencia de actuar;

2. Sensibilizar sobre su origen antropogénico y sus consecuencias;

3. Mediar entre la ciencia y la sociedad para conectarlas. Así pues, la adaptación y mitigación al cambio climático también se pueden abordar desde la comunicación, profesional y personal, cumpliendo ésta “una función vital que puede acelerar las medidas de respuesta y reacción ante la emergencia climática”, tal y como se señala en el informe.

Las posiciones de la disidencia climática

Dentro del ámbito de la disidencia climática hay diversidad de perfiles que conviene distinguir. Aunque la investigación de Fernández-Reyes se centra en las variantes negacionista y retardista, y concretamente en analizar el negacionismo y retardismo organizado, también recoge diferentes denominaciones de perfiles que otros numerosos autores  han investigado y que resulta de interés reconocer en esta clasificación:

Maquinaria negacionista (denial machine): actores que buscan poner en duda el consenso climático y atacan la ciencia climática

Escepticismo (skeptics): aquellos que dudan de la ciencia climática atribuyéndose un posicionamiento pseudocientífico

Contramovimiento (countermovement): actores que trabajan en armonía, pero sin necesaria coordinación, para socavar la ciencia y las políticas climáticas

Contrarianismo (contrarians): aquellos que se oponen a la acción climática

Retardismo (delayers): discursos que ponen en duda las medidas para frenar el cambio climático y promueven la inacción

Obstruccionismo (obstructionism): quienes de algún modo boicotean u obstruyen la acción política para reducir emisiones y contaminación en general

En este rango de perfiles, señala Fernández-Reyes, “existe un discurso negacionista que genera un ruido considerable negando el consenso ampliamente mayoritario de la ciencia del clima . Conforme esta postura es más difícil de sostener por la evidencia del cambio climático, la disidencia evoluciona hacia otras posiciones. Una de ellas es el retardismo, que admite los resultados científicos, pero trata de retrasar las medidas de mitigación y adaptación”.

Así pues, a la hora de diferenciar ambas variantes, el investigador especifica que el negacionismo rechaza aspectos del cambio climático como “su existencia, la solidez científica, su carácter antrópico, su gravedad, sus causas, o sus impactos. Por tanto, promueve la inacción.” En cambio, el retardismo “incluye la postura que, aceptando la ciencia del clima, justifica el retraso de la acción climática bajo distintas consideraciones. Por tanto, promueve la dilación, incluso la inacción climática.”

(Izda) Mensajes en la red social “X” del futbolista del Eldense, Alex Bernal: “La DANA ha sido creada por la Agenda 2030”. (Dcha) Algunos de los habituales bulos negacionistas y conspiranoicos, que también se han repetido hasta la saciedad durante la DANA (octubre 2024).
(Izda) Mensajes en la red social “X” del futbolista del Eldense, Alex Bernal: “La DANA ha sido creada por la Agenda 2030”. (Dcha) Algunos de los habituales bulos negacionistas y conspiranoicos, que también se han repetido hasta la saciedad durante la DANA (octubre 2024).

 

En el informe se puede consultar varias categorizaciones de discursos retardistas. Por poner algunos ejemplos, están aquellos discursos que derivan las responsabilidades del cambio climático a otros (“señalar a los países más emisores como los de mayor responsabilidad”) o los que directamente, claudican ante el desafío climático (“el cambio es imposible y la capacidad de reacción de la sociedad cuestionable; o el fatalismo, que considera “que no hay nada que hacer, puesto que lo que se haga será de pequeña dimensión y llegará tarde”).

Es importante destacar, tal y como Fernández-Reyes explica, que en el ámbito de la disidencia climática se puede distinguir, por un lado, a quienes como reacción psicológica no aceptan los grandes cambios. Con estas personas, “el diálogo es factible”. Y por otro lado, a numerosas variantes de un negacionismo y un retardismo organizado que predomina “en torno a intereses económicos o planteamientos políticos-ideológicos” y que se apoya “en discursos y estrategias definidas que son difundidas en los medios de comunicación y redes sociales, tratando de frenar o mermar la acción climática”. De hecho, sus principales mensajes “se enfocan hacia el rechazo a la adopción de políticas climáticas o contra los movimientos proclimáticos”, y pueden encontrarse frecuentemente en espacios como “la sección de opinión y los diarios económicos o más conservadores”.

Esta disidencia organizada es el principal objeto de esta investigación “por su potencial desinformador”, una “desinformación premeditada que ha sido denunciada tanto por el IPCC como por la ONU por retrasar la urgencia a la hora de reaccionar ante el reto climático”. En este caso, el informe ofrece una guía de contraargumentos y de estrategias, con muchas referencias que facilitarían el debate ante estas posturas.

Los bulos y poder viral de las redes sociales

El informe contiene un apartado acerca de los bulos como “otro recurso disidente con la acción climática, con gran poder viral en las redes sociales”, identificando algunos de ellos como por ejemplo “las estelas de aviones que espantan las nubes con geoingeniería”, “presas destruidas en plena sequía” o “la ciudad de los 15 minutos para encerrar a la vecindad en su barrio”.

En relación con los bulos, Fernández-Reyes visibiliza los ataques, críticas e insultos, principalmente por redes sociales, hacia instituciones como por ejemplo a la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) y a su personal. Los negacionistas, retardistas o incluso conspiranoicos se basan, entre otros argumentos, en considerar “que están al servicio de la Agenda 2030 o financiados por grupos ocultos”. Sin ir más lejos, todos estos discursos y bulos señalados han estado muy presentes (y virales) en el trágico episodio sufrido por la DANA (29 octubre 2024) en la provincia de Valencia, Albacete y Cuenca: “Es culpa de la destrucción de presas y embalses”; “La AEMET no avisó”; “Los radares meteorológicos no funcionaban”; “Es artificial y ha sido provocada con el proyecto HAARP”; “Han sido los chemtrails” o “​​la DANA se ha provocado para arruinar la cosecha de naranjas en Valencia y favorecer a Marruecos”, entre otras afirmaciones ya desmontadas con información verificada. En las imágenes, algunos ejemplos.

Es importante destacar que estos ataques también se dirigen en múltiples ocasiones a profesionales de la comunicación climática. Como iniciativa, el autor especifica el “Manifiesto contra el auge del negacionismo climático, la polarización y el odio en redes sociales”, impulsado por tres periodistas (Valentina Raffio, Isabel Moreno y Verónica Pavés), en el que exponen que “…las personas que nos dedicamos a informar sobre este problema nos estamos enfrentando a una oleada de negacionismo climático, polarización y odio sin precedentes. Todo ello, simplemente por hablar de cambio climático. Varios periodistas, divulgadores y comunicadores especializados en información climática y ambiental estamos sufriendo una campaña orquestada de acoso integrada, por ejemplo, por oleadas de mensajes negacionistas, insultos, amenazas de muerte y hasta intentos de hackeo en nuestras cuentas tanto profesionales como personales. Esta campaña de odio se está ensañando especialmente con las mujeres científicas y comunicadoras, contra las que están vertiendo mensajes con un odio exacerbado, lenguaje cada vez más violento y claras connotaciones misóginas. El auge y la violencia del negacionismo climático en España está, por un lado, provocando una avalancha sin precedentes de desinformación en redes sociales y, por otro lado, también está coartando el trabajo de las personas que se dedican a la divulgación climática”.

El Manifiesto reclama, como también se señala en el informe, líneas de acción pues “no existen iniciativas de protección de estos profesionales”.

«Las prácticas de maladaptación tienen efectos contrarios a la acción climática»

Ante estas situaciones, Fernández-Reyes plantea: “¿se debe o no se debe contestar a discursos negacionistas o retardistas?”, y continúa: “se trata de un debate en el que, por una parte, se reconoce que las estrategias disidentes influyen en quienes están expuestos a sus narrativas, pero, por otra parte, se considera que no merece la pena rebatir posturas viscerales. Para esta segunda consideración se aducen varios motivos: no es necesario, no se va a generar ninguna transformación y se le da una visibilidad inmerecida. Puede merecer la pena contestar estos discursos si el contexto supone una oportunidad de reforzar la argumentación proclimática de la audiencia o apoyar los acuerdos internacionales”.

La maladaptación

Aún sin considerarse una dinámica negacionista o retardista, las prácticas de maladaptación “tienen efectos contrarios a la acción climática”. Es por ello que el informe incluye un apartado al respecto, integrado “dentro del contenedor de trabas para una acción climática exitosa”.

Para comprender el término de “maladaptación” el informe hace referencia al Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático 2021-2030 (PNACC, 2020). En el glosario del PNACC, las acciones de maladaptación se definen como “aquellas que pueden provocar incrementos del riesgo de efectos negativos relacionados con el clima, incremento de la vulnerabilidad o pérdida del bienestar, ahora o en el futuro. Algunos ejemplos serían las medidas que incrementen la exposición a riesgos climáticos (por ejemplo, promoción de desarrollo económico en localizaciones de alto riesgo), las que incrementan riesgos climáticos (por ejemplo, mayores emisiones de gases de efecto invernadero), las que incrementan vulnerabilidad ambiental, social o económica (por ejemplo, el desplazamiento del riesgo de inundación aguas abajo) o las que reducen los incentivos para la adaptación”.

Aunque el término es de uso habitual en la literatura anglosajona, es “inexistente en la prensa española” y así lo señala en este estudio Fernández-Reyes a través de un análisis en prensa española, del 2012 al 2019, sobre la adaptación.

Fernández-Reyes referencia ejemplos de otras investigaciones y publicaciones sobre iniciativas de maladaptación. En todas ellas, los “pretendidos beneficios se convierten en perjuicios” como “la creación de espigones”, “la ampliación del regadío” o “la ampliación de estaciones de esquí”. En particular, realiza un análisis de prensa sobre “la reposición de arena en playas como respuesta a la erosión costera”, un tema fundamental en el que “pueden entrar en conflicto numerosos intereses económicos, sociales, políticos y ecológicos”. Como conclusión de ese análisis en prensa, “se observa la prevalencia de soluciones reformistas a la hora de reponer la arena de la playa. El elevado coste y limitada efectividad de estas soluciones en determinados lugares de la costa ante los continuos temporales ha derivado en iniciativas que no se pueden mantener en el tiempo. Tal como refleja la prensa, ello ha generado el planteamiento de otros tipos de soluciones sistémicas a largo plazo”.

Otros puntos clave a destacar: gestión de las emociones y propuestas

El informe contiene diversos capítulos más que merece la pena subrayar. Uno de ellos es sobre “la gestión de las emociones” ante la acción climática, en el que se incluyen sugerencias como “convertir las emociones negativas en otras positivas que incentiven pasar a la acción; conocer las barreras psicológicas que limitan la acción; conectar con lo personal y con lo cercano; visibilizar las soluciones y replicar lo que funciona; buscar un equilibrio entre la información sobre los efectos del cambio climático y las posibles alternativas… y bastantes más.

Asimismo, incluye otro apartado con “propuestas para contrarrestar los discursos y estrategias de los disidentes climáticos” que recomienda, entre otras acciones, “la verificación de datos; aumentar la cobertura mediática y la alfabetización climática; señalar a los responsables o poner al descubierto su estrategia comunicativa basada en la manipulación y desvelar sus motivaciones.

Fernández-Reyes recalca que “la contraargumentación al negacionismo y retardismo climático no solo se ha de apoyar en la ciencia y en la legislación. Son de referencia obligada, pero manifiestamente insuficientes en las narrativas que persiguen responder a favor de la mitigación o la adaptación. Hay otros elementos que son claves en la comunicación para favorecer la acción climática, tales como los referentes, los valores, la identidad, las normas aceptadas por los iguales, el vocabulario, o las emociones”, capaces estas últimas de “ganar la batalla” a las argumentaciones racionales. Por ello el autor insiste en plantear “mejoras en la investigación, en la manera de transmitir información, en el diseño de estudios de intervención o el trabajo con otras disciplinas” como pueda ser la psicología.

En este sentido, indica que también “son necesarias más investigaciones que estudien el retardismo sutil en partidos políticos, instituciones y empresas para mostrar una realidad más completa”, una recomendación tremendamente acertada que serviría para combatir lo que se constatan como grandes desafíos  para la humanidad: la emergencia climática y la desinformación. ■


Referencias:

Fernández-Reyes, R. (2024). Aproximación a la contraargumentación ante el negacionismo y el retardismo climáticos. Abordaje de las trabas a la adaptación y mitigación en la comunicación climática. Zaragoza: ECODES
Disponible en https://ecodes.org/images/que-hacemos/MITERD-2023/Aproximacin_a_los_argumentos_ante_la_inaccin_y_el_retardismo_climticos_DEF.pdf

La investigación realizada por Fernández-Reyes ha recibido el apoyo del Ministerio para la Transición Ecológica a través de la convocatoria para el año 2023 de subvenciones a entidades del Tercer Sector u Organizaciones No Gubernamentales que desarrollen actividades de interés general consideradas de interés social en materia de investigación científica y técnica de carácter medioambiental.


 

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