Autoría: Sara Serrano Latorre (Equipo Técnico SEAE) y Jose María Pérez Morillo (Junta Directiva SEAE)
Publicado en la Revista Ae núm. 59 (verano 2025)
En un mundo que corre hacia la urbanización masiva y la desconexión de los ritmos naturales, el medio rural sigue siendo, paradójicamente, el gran olvidado… y el gran imprescindible. Alimenta, cuida, produce paisaje, comunidad y futuro. Ante ciudades desbordadas que viven al margen de su propia dependencia, los pueblos guardan una sabiduría silenciosa, una forma de vida más resiliente que, lejos de ser una mirada nostálgica del pasado, contiene claves para afrontar los retos del presente y del futuro.
La agroecología emerge aquí como mucho más que una práctica agraria (algo a lo que a veces la reducen, a pesar de ser una ciencia). Es una mirada integral que pone la vida en el centro. Frente a la agricultura industrial y los grandes macroproyectos, que dependen de combustibles fósiles, agotan el suelo y destruyen biodiversidad, la agroecología propone sistemas alimentarios locales, diversificados, con vínculos entre la producción de alimentos y el consumo. Un modelo que no solo produce alimentos, sino también comunidad, justicia social, paisaje y sostenibilidad ambiental.

Lejos de ser una utopía, es una realidad que ya ocurre en muchas comunidades rurales. Son experiencias vivas; iniciativas que nacen de proyectos agrícolas y ganaderos ecológicos, de canales cortos de comercialización como los mercados, de apuestas colectivas de elaboración, transformación… todas ellas son alternativas reales, en marcha, que dan vida al territorio y dignifican la vida en los pueblos. Estas iniciativas nos muestran otra vía distinta a la del discurso dominante del desarrollo como sinónimo de crecimiento económico y concentración urbana. Es la vía del cuidado mutuo, tanto entre personas como con el entorno.
Que quede claro: el medio rural tiene potencial transformador para liderar soluciones a la crisis ambiental, social y alimentaria. La cocina ligada a la tierra, el aprovechamiento de residuos orgánicos mediante compostaje local, el pastoreo como prevención de incendios, la autosuficiencia energética… son prácticas con sentido común, con historia y con futuro.
Sin embargo, estas alternativas no pueden sobrevivir solas en muchas ocasiones. Necesitan políticas públicas valientes que reconozcan el valor estratégico del medio rural. Por eso, programas como LEADER han sido fundamentales para activar proyectos desde abajo, con enfoque territorial y participación ciudadana. Y por eso es alarmante que en el nuevo Marco Financiero Plurianual europeo, el desarrollo rural quede diluido entre prioridades genéricas. Este nuevo paradigma representa un riesgo ya que sin una asignación clara, los Estados seguirán ignorando el desarrollo rural (y herramientas como LEADER) como estrategia fundamental para el futuro de los mismos; dejando desprotegidas a las comunidades que hoy sostienen con su esfuerzo y creatividad el futuro de nuestros territorios. Entendámoslo, sin comunidades rurales no hay futuro.
Los territorios rurales merecen más que buenas palabras. Merecen inversiones, infraestructuras dignas, servicios públicos estables y el reconocimiento político y social de la importancia que tienen. Una importancia que pasa por sostener economías locales, conservar tradiciones, apostar por la soberanía alimentaria, por la justicia intergeneracional y el relevo, y por ser resilientes frente a grandes problemáticas como la crisis climática.
Hay que fijar la mirada en el campo, no con nostalgia y lejanía, sino con respeto y perspectiva de presente y futuro, pues el medio rural ofrece respuestas a la falta de “buen vivir” que sufren muchas de las ciudades. Se trata de reconocer también que mucho de lo que necesitamos —alimentos sanos, relaciones humanas más justas, ecosistemas vivos— se cultiva, literalmente, desde el rural.
Hagamos lo posible por cultivarlo con agroecología, la que hace territorios habitables, la que reivindica el derecho a quedarse y vivir en el pueblo, a labrar un futuro posible. La que cuida, en definitiva, de nuestros recursos y de las personas.
El futuro, se siembra en el rural.
Autoría: Sara Serrano Latorre (Equipo Técnico SEAE) y Jose María Pérez Morillo (Junta Directiva SEAE)
Publicado en la Revista Ae núm. 59 (verano 2025)

