Como en todas las webs, utilizamos cookies para que tu experiencia y nuestro servicio sea de tu agrado (de acuerdo a sus hábitos de navegación).

Si pulsas ACEPTAR o sigues navegando, se considera que aceptas el uso de estas cookies. Y si quieres más información visita nuestra página de política de cookies .

«QUE NO, QUE NO ES TAN ASÍ»

Autoría: María Celis García    Finca El Cabillón / Fundación EDES

Artículo publicado en la Revista Ae ed. 55 (otoño 2024)

Ya casi sin tener que recordar ni apoyarnos en los llamados “costes ocultos” que genera la producción de alimentos mediante técnicas no ecológicas [1], agresivas con la salud ambiental y social y explicar cómo la persona consumidora los acaba pagando finalmente, aunque no los vea reflejados directamente en el precio del alimento que está comprando (porque no a todo el mundo le interesa…). Pagando no sólo con dinero para reparar los daños causados, sino también indirectamente con la merma en su calidad de vida y la de los pueblos de su entorno.

Pero volviendo a lo que íbamos, resulta que ya casi sin tener que recurrir a enroscarnos en debates sobre ese tema, cada vez se va poniendo más difícil el que desde ciertos ámbitos se pueda descartar la compra, implementación y consumo de producto agroecológico escudándose en el argumento de su elevado precio respecto al del producto convencional.

Nuestra menor dependencia de combustibles fósiles, abonos y semillas comerciales e insumos externos en general, permite, entre otras muchas cosas, una mayor previsión y estabilización de los costes de producción, especialmente importante y notable en estos tiempos de subidas, escasez, manipulación…

¡Voilà! Ahora además de proporcionar alimentos más frescos, más sanos, más ricos, más seguros para trabajadoras, consumidoras y medioambiente, con mayor impacto sobre la economía local y el desarrollo rural y con un largo etcétera de beneficios para todas, ya se va reduciendo el único “pero” que nos podían achacar (entiéndase achacar con alguna prueba, porque sin ellas se pueden leer y escuchar argumentos de risa… o de pena… [2]).

«En las diferencias de precios, el producto ecológico cuesta en torno al 70% más que el convencional»

En junio de 2023, la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) publica un informe sobre las diferencias de precios entre el producto ecológico y el convencional en el que concluye que el ecológico cuesta en torno al 70% más que el convencional.

Nosotras podemos decir que no, no al menos en nuestra comarca, en la que por suerte tenemos las huertas al lado de nuestras casas, trabajos, núcleos poblacionales, en nuestros pueblos, a km0. Y de esas huertas es de las que tenemos que consumir/alimentarnos, sin apenas desplazarnos, sin necesidad de generar Huella de Carbono ni costes (de ningún tipo) por transporte, apoyando a nuestras vecinas, las que cuidan a nuestras familias y tierras. Comarcas en las que, como ya se maldice, estamos tan “atrasadas” que seguimos teniendo mercados de calle, locales, semanales, algo por lo que otras comunidades autónomas empiezan a luchar para recuperar.

Tabla 1: Comparación de algunos precios de verduras en supermercados convencionales y en 2 fincas ecológicas, todos de la comarca.

Tabla 1: Comparación de algunos precios de verduras en supermercados convencionales y en 2 fincas ecológicas, todos de la comarca.

No resulta “caro” si compramos de la manera (eco=) lógica, producto de cercanía, de temporada, directamente a las productoras y/o tiendas locales, minimizando intermediarios.

No resulta “caro” si compramos de la manera (eco=) lógica, producto de cercanía, de temporada, directamente a las productoras y/o tiendas locales, minimizando intermediarios. Pudiendo rescatar de ello otra evidencia que ayuda a ser conscientes de a dónde se va gran parte de ese precio de compra de los alimentos en otros canales (y vemos que no, no suele tocarle a la/s persona/s que los cultivan).

Cabe matizar en este punto, que el citado estudio llevado a cabo por la OCU, se ha centrado exclusivamente en producto disponible en cadenas de supermercados (22 en concreto) y que no hace referencia sólo a alimentación, sino que engloba además producto de droguería y cosmética (34 familias en total). Detallando el propio estudio que no se contemplan “canales alternativos” (como grupos de consumo, supermercados cooperativos, mercados agroecológicos, mercados locales, venta en finca) “por no estar muy extendidos” y reconociendo además que “dichos canales ofrecen mayor variedad y mejores precios”.

Respecto a los alimentos frescos en concreto, dicho estudio afirma que cuestan de media el doble que los procedentes de sistemas de producción convencional y que es el tipo de producto que más escasea. Pues bien, leyendo y analizando desde la calma, vemos que empezamos a estar de acuerdo en algunas cuestiones:

Aún hay poca producción en ecológico, especialmente de frutas y verduras.

Los canales cortos de comercialización ofrecen entre otras muchas ventajas (para productoras, consumidoras y población en general) mayor oferta y precios más justos. 

«La falta de viabilidad/apoyo a pequeños proyectos productivos agroecológicos o dificultad de acceso a producto eco»

Destacando un matiz, por considerarlo uno de los puntos clave y origen de varias problemáticas actuales (como son la falta de viabilidad/apoyo a pequeños proyectos productivos agroecológicos o dificultad de acceso a producto eco), la escasez de dichos modelos denominados alternativos, sin saber además muy bien el porqué, cuando parece que mayoritariamente sí que se conocen y reconocen sus beneficios (variedad, calidad, precio…). Un modelo de comercialización/consumo que debería de ir irremediablemente ligado al modelo de producción ecológico, por coherencia con sus valores y fines: venta directa, de cercanía, local, producto de temporada, fresco, relación directa con las personas productoras y sus tierras, apoyo a la riqueza de nuestros pueblos (dimensión ambiental, económica, social).

Modelo con mayor garantía y transparencia, aportando las productoras una mayor estabilidad y contención de los precios por temporada completa, al permitirnos estos canales cortos, de relación directa con las consumidoras, no ser esclavas de las numerosas y violentas fluctuaciones de los mega mercados, petróleos, fertilizantes de síntesis y demás peleas y porquerías de las que no entran en nuestras huertas.

Aunque las distancias son algo que la certificación ecológica no audita, pues sigue considerándolo eco aún tras recorrer miles de km hasta los supermercados y nuestros platos, algo que la agroecología no comparte. Así como tampoco contempla aún el tema envases…y así se siguen viendo cosas tan disparatadas como las frutas y verduras -incluso eco- con innecesarios envoltorios envolviendo más envoltorios plasticosos.

Escasez de canales alternativos que también deriva en que no sean contemplados, no sólo en estudios como el mencionado anteriormente, si no tampoco en la redacción de pliegos, elaboración de presupuestos, políticas alimentarias, diseño de programas formativos, de campañas de sensibilización/difusión, organización de eventos, servicios de orientación al emprendimiento…

Resultando al final titulares como el último encontrado sobre este tema “Los productos ecológicos, pocos y caros”, que van calando, asustando y alejando a potenciales consumidoras. Dando pie a que las grandes cadenas de distribución coloquen los productos ecológicos en zonas VIP, inflando márgenes (sus beneficios en detrimento de los/as campesinos/as) para diferenciarlo del producto convencional. Marcando precios descontrolados que ni son reales ni nos están haciendo ningún favor a nadie.

En este punto, ya un poco cansadas de acumular anécdotas que al final se quedaban en nuestros círculos, rabietas al ver los carteles con precios abusivos sobre frutas y verduras chuchurrías de pasar días bajo los focos de los supermercados, tras otros tantos entrando y saliendo de camiones y cámaras, de mordernos la lengua cuando tras cosechar con tanto mimo para llevar todo fresco a los mercados vemos a gente pasar de largo sin llegar a ver, enfocando sólo el rótulo de Agricultura Ecológica, porque “es muy caro”… Queremos hacerlo saber, porque no es justo ni para productoras ni para consumidoras. Hay que saberlo para poder tener derecho a elegir lo que se come, cómo y a quién se compra… ¡¡Porque hay muchas diferencias, pero no precisamente en el precio!!. 

Tanto se llegó a normalizar el discurso, que ya nadie se planteaba ni rebatirlo. Cuántos comedores escolares, restaurantes… nos descartaron sin llegar a consultar los precios ni por curiosidad, dando por supuesto esa poderosa barrera que sigue siendo el precio… y nosotras dando por buena la respuesta.

«En más del 75% de los casos comparados, era más caro el convencional que el ecológico»

Sin querer darnos por vencidas y logrando acceder a las facturas de un par de colegios cercanos, pudimos comprobar, de manera objetiva, sin más ciencia que enfrentando precio a precio, cultivo a cultivo, incluso entre los producidos en la misma comarca, comparando tanto entre cultivos de la misma temporada, respecto a los de otras temporadas, contra los procedentes de otras regiones y países… mirándolo desde cualquier ángulo, en más del 75% de los casos comparados, era más caro el convencional que el ecológico.

La conclusión extraída por todas las productoras agroecológicas de la comarca allí presentes era la misma, en esos coles se comía una gran proporción de producto de fuera de temporada, de fuera de España, procedente de sistemas de producción convencional y más caro que el nuestro (que se lo veníamos ofreciendo recién recolectado, entregado directamente de la huerta a la cocina, …).

Estamos a tiempo, aprovechemos aprendizajes, reconduzcamos y repliquemos el experimento. Responsables de compras de colegios y escuelas infantiles, productoras ecológicas, investigar, comparar, insistir, ¡que se van agotando las excusas!.

Queremos animar a todas a entrar en los comercios locales, a localizar a las fincas agroecológicas de cada zona, para invertir el dinero en la calidad del producto y no en el envase que lo adorna, para no dejar que se nos dirija con miedos infundados.

 

[1] Ver informe «El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2023«, publicado por la FAO a finales del pasado año.

[2] Véase, por ejemplo, «Mitos de los alimentos ecológicos«, publicado en www.eldiario.es

También te gustará...