
Nelson Machado
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“El debate académico sobre el cambio climático ha concluido. Las decisiones políticas y morales al respecto, sin embargo, se encuentran en un punto nuevo. El principal culpable del calentamiento global – afirman los científicos con una unanimidad infrecuente en una cuestión tan compleja – es el ser humano. La auténtica novedad, la importancia histórica incluso, del contenido de este informe es la contundencia con que se desarma cualquier intento de excusarse o dudar de que la causa del evidente cambio climático sea el ser humano.”
Informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de febrero de 2007.
El problema del cambio climático apenas vino a avivar preocupaciones antiguas, siendo que, dadas las evidencias, avances científicos y la facilidad de comunicación, los problemas ambientales y sociales hacen eco en mayor o menor medida a toda la población de los países industrializados u otros. Es cierto que los problemas derivados del cambio climático y, la mala gestión ambiental del ser humanos afecta a toda la población mundial.
Con la entrada en la denominada época moderna el ser humano comienza a tener consciencia de su relación con el entorno.
Durante el siglo XVII, influenciada por los desarrollos tanto en el campo de las ciencias matemáticas, físico-naturales, como en la filosofía, se fue consolidando la concepción racionalista que se refiere a modernidad y naturaleza. El pensamiento moderno se afirma en una concepción racionalista de la naturaleza, que exalta el dominio humano sobre ella.
A finales del siglo XVIII hasta el XIX, junto a la interpretación dominante de la relación hombre / naturaleza, aparecen otras muy distintas.
Según Rousseau el hombre, a pesar de su carácter excepcional, sigue siendo un elemento de la naturaleza y, por lo tanto, está sujeto a sus leyes. Para Rousseau la naturaleza asume un papel normativo, se convierte en la referencia educativa fundamental del hombre.
También en los años 1700 y 1800, se afirma una visión de la naturaleza mucho más alternativa al racionalismo, en un ámbito cultural que abarca la filosofía, la literatura, la música, la poesía (Romanticismo).
Con este movimiento vuelve con fuerza la concepción de la naturaleza identificada con lo divino. A la naturaleza se le atribuyen caracteres de creatividad y actividad en antítesis con la pasividad de la res extensa.
Por otra parte, la difusión de la teoría evolutiva de Darwin favorece la comprensión laica de la naturaleza (siguiendo la tradición racionalista). Se encuentran también interpretaciones holísticas de la naturaleza.
En 1866 nace la ecología, el concepto de biosfera y una nueva disciplina que se pasará a denominar etología.
A partir de los años 70 del siglo XX, en el ámbito filosófico se expresan nociones de este segundo tipo (carácter holístico de la naturaleza).
Desde un punto de vista «institucional», nace en 1976, cuando la Asociación Americana de Sociología reconoce la formación de una sección de sociología ambiental, luego denominada «Sociología, medio ambiente, tecnología».
Los principales hilos de pensamiento de la Sociología del Medio Ambiente son:
- El enfoque del Nuevo Paradigma Ecológico de Catton y Dunlap;
- El enfoque de la ‘Modernización Ecológica;
- El enfoque ‘construccionista’.
El primer Día de la Tierra proclamado en los Estados Unidos en 1970 fue señalado por Dunlap como el reconocimiento de la calidad ambiental como un problema social. El Día de la Tierra de 1970 marcó no solo el nacimiento de los movimientos ecologistas modernos, sino también la inclusión de las cuestiones ambientales en las agendas políticas.
En los últimos 25 años del siglo XX se relaciona con la percepción de una crisis de confianza en los procesos e instituciones que han constituido verdaderas estructuras fundamentales del mundo moderno
La emergencia de la cuestión ambiental provoca la necesidad de replantear muchos temas relativos al desarrollo humano y a la relación hombre / naturaleza, que en los años anteriores habían parecido carentes de relieve problemático. Esta necesidad corta transversalmente los diferentes campos del conocimiento.
Gradualmente, algunos sociólogos comenzaron a realizar sus propias investigaciones, estudiando los elementos fundamentales de la interrelación existente entre las sociedades industriales y su entorno, las principales causas de la degradación del medio ambiente y de los impactos sociales de la contaminación y de la escasez de recursos.
Según Beck, el desarrollo de la sociedad industrial se caracteriza por una creciente intervención en la naturaleza (debido a la extracción de recursos naturales, la contaminación producida, etc.).
Beck estudia la relación entre los equilibrios/desequilibrios ecológicos y el cambio social. Beck, (2008)
Posteriormente Latouche, afirma que no existen interpretaciones positivas del término «desarrollo”. El Postdesarrollo según Latouche tendrá que ser necesariamente plural, con modos de realización colectiva en los que no se privilegia un bienestar material; buena calidad de vida que apuesta por la convivencia y el localismo; abandono de la creencia de que «más es igual a mejor». Latouche, (2009)
Sèrge Latouche empieza a hablar de la necesidad de un decrecimiento sereno.
Crea las 8 R del decrecimiento que prevé una especie de democracia ecológica local, basada en la reconquista de los commons y la auto organización de ecorregiones. Latouche, (2009)
“Libere-se do apego que tem às coisas. Liberte-se dos seus preconceitos. Reduza a quantidade de pertences. Viver de modo simples significa também desfazermo-nos de fardos fisicos e mentais:” Masuno,(2023)
La gran mayoría de la gente de mi entorno piensa que con separar la basura y tener dos o tres macetas en el balcón ya hace su parte para mitigar la catástrofe medioambiental que estamos construyendo.
Las personas no son conscientes de la dimensión del problema y, peor aún, no saben realmente las causas originales y, las verdaderas soluciones.
Hay un claro problema de comunicación. Las instituciones, normalmente politizadas, transmiten discursos sesgados y, vacíos muchas veces de razonamientos científicos evidentes. Por otra parte, el marketing hambriento de seguidores y potenciales compradores compulsivos lleva las masas a creer que, comprar mucho es sostenible y los hace más felices, haciéndoles no recordar las cantidades de basura sin tratamiento que se acumula en aterros, se incinera o, se envía lejos de nuestros ojos, a países del sur global.
Por otra parte, la clarísima adopción del Paradigma de la Modernización Ecológica por parte de la Unión Europea (UE), donde se acredita que el desarrollo tecnológico arreglará los problemas medioambientales del planeta, sin tener en cuenta que para poner en funcionamiento un programa de transición ecológica, se está usando más que nunca los combustibles fósiles. La minería extractiva que abastece a las factorías de producción tecnológica, con minerales raros usados en dispositivos, tales como: ordenadores, smartphone, molinos eólicos, placas fotovoltaicas, etc., están esquilmando los recursos de los países del sur global, principalmente.
En la actualidad van surgiendo pequeños movimientos en favor del decrecimiento, que defienden una ideología muy similar a la de Sèrge Latouche. Estos cambios son positivos.
Por veces, me cuestiono porque será que la gente cree que tiene derecho a viajar, a comprar y tirar, a disfrutar de un coche, de tirar comida, etc. ¿y yo no tengo derecho a disfrutar de un bosque en estado salvaje, del cantar de los pájaros, de los bailes de las mariposas, de lavarme la cara en el agua limpia de un riachuelo perdido entre árboles, piedras y helechos?
A mí me parece que es hora de decir basta. Vamos a dejar nuestra zona de confort, de la cual sabemos que es difícil de salir y, vamos a tomar en serio la gran amenaza que nosotros mismos construimos y venimos alimentando y engordando.
