
Alfons Dominguez. Socio fundador SEAE
La Ciencia, con mayúsculas, es neutral, en el sentido amplio del término. El método científico debería ser aplicado así con absolutas garantías de objetividad. Por otro lado, el consenso científico no es, en sí mismo, un argumento científico, y no forma parte del método científico, pero el consenso de la comunidad científica y la repetición de resultados en similares circunstancias valida la materia objeto de estudio presentada con argumentos científicos. Esto sería así en un mundo ideal, en el que todas las teorías, argumentos, métodos y conclusiones tuviesen las mismas oportunidades de comprobarse y partiesen de premisas sin sesgos ni prejuicios.
Sin embargo, todos sabemos que la ciencia no está encuadrada en ese mundo ideal, que los científicos o la tecnología que aplican los conocimientos científicos llevan una carga social, cultural o ética detrás.
Uno de los aspectos más impactantes de la carta de los premios Nobel a Greenpeace es su apuesta sin paliativos por los OGM, cuestión que, con seguridad, va afectar a fondo de lo que es ‘investigable’ o no, y a la metodología aplicada en ella. Muchos doctorandos y tesis que pudiesen plantear estudios sobre los efectos dañinos de los transgénicos se lo van a pensar dos veces antes de proponerlos. Además, el nivel de apoyo económico y tecnológico a los científicos para analizar los efectos beneficiosos no será el mismo que el de los efectos adversos. No es lo mismo el poder de inversión de las corporaciones que se juegan sus patentes que los de los detractores o las universidades neutrales. Tampoco parece ser equivalente el poder que tienen sobre los legisladores unos y otros, cuestión que parecen obviar los galardonados firmantes cuando acusan a Greenpeace de ser los responsables de que un arroz transgénico libre de patente no sea legalizado… esto no parece ser un problema en la mayoría de los alimentos con patente legalmente comerciales.
Pero vamos a analizar algunos aspectos, a nuestro modo de ver, simplista, de esta carta. En primer lugar, Greenpeace, según este manifiesto pasa a ser el principal culpable de que los niños del mundo sufran desnutrición y queden ciegos por falta de una alimentación adecuada. Y en segundo lugar, si la corporación Greenpeace no marcara la legislación antitransgénica mundial como lo hace, un único alimento acabaría de una vez por todas con esta lacra que es el hambre y la desnutrición infantil.
Veamos. Hay razones para sospechar que el hambre en el mundo no depende únicamente de una única variedad (¿un arroz, un maíz, un pez?). Oponerse a la manipulación genética no puede llevar a que alguien sea culpable de infanticidio. Ni hay relación directa para afirmar que 500.000 niños quedan ciegos y 250.000 de ellos mueren por esa causa. Eso es simplemente una manipulación maniqueista y malintencionada de la realidad, que debería dar vergüenza a quien lo afirma.
La falta de acceso a alimentos en el sudeste asiático no es casual. Lo mismo que en África o en otros lugares del mundo muy ricos en recursos naturales, donde multinacionales y países extranjeros acaparan tierras fértiles que se dedican a producir alimentos para los países ricos. Si a esto unimos gobiernos corruptos que venden sus recursos a precios de saldo (bien aleccionados por las propias corporaciones), guerras (apodadas conflictos armados para diluir el efecto psicológico del término) o catástrofes naturales (intensificadas por el cambio climático en proceso, relacionado con el modelo de desarrollo de los países ricos), tenemos un cóctel que produce estos desequilibrios que dan lugar a hambrunas y enfermedades. ¿Qué tiene que ver esto con un modelo u otro de producción de alimentos y mucho menos con una especie u otra? ¿De verdad alguien se cree que con un arroz trans, aunque se le considere bienintencionado, van a desaparecer estas desigualdades? ¿No sería más interesante poner a disposición de estos niños una dieta más diversificada y rica, o los recursos suficientes para tener un desarrollo pleno? Con el mismo esfuerzo o menor muy probablemente acabarían con esta lacra.
Greenpeace, aunque sea símbolo eficaz mediáticamente, no elige gobiernos y lo que hace, como el resto de movimientos sociales opuestos a los OMGs, es dar a conocer las posibles consecuencias negativas de este tipo de biotecnología. No es una potencia económica y legislativa mundial.
Cuestionar la seguridad de los transgénicos o señalar la existencia de efectos negativos en la salud humana o animal, no es un dogma; sobre todo cuando se ha podido demostrar que los transgénicos pueden producir daños irreversibles en la biodiversidad y en los ecosistemas o que tienen una problemática social asociada, y no existe ese consenso científico tan reclamado con un tema tan controvertido.
Cada año se desperdician gran cantidad de alimentos (más de un 30%), que serían suficientes para alimentar al mundo hasta el 2050. Las 6 grandes agroquímicas controlan el mercado OMG y los agroquímicos necesarios para su cultivo. La mayoría de los alimentos comerciales actuales se han aprobado con el objetivo de ser cultivados dentro de un modelo industrial que poco tiene que ver con los modelos de los países pobres; son propiedad de multinacionales que persiguen un legítimo enriquecimiento, pero no acabar con el hambre del mundo. La propia FAO acepta que hasta ahora no han beneficiado lo suficiente a los pequeños agricultores y productores y consumidores .
Llegados a este punto, el arroz no ha mostrado su eficacia en solucionar la deficiencia de Vitamina A (no hay evidencia científica), tras un largo experimento de más de 20 años. Sólo dicen que efectivamente si tienes una dieta con este arroz, ingieres más vitamina. Pero no se demuestra con ello que acabarían con la enfermedad, como tampoco se ha acabado con el hambre, ni con el DDT ni con los OMGs. No obstante, esta semilla exenta de patente parece más un caballo de Troya para que estos organismos recombinantes se vean con mejores ojos.
En los países pobres es una tecnología que se ve perversa, que secuestra la genética desarrollada por generaciones de agricultores, que patenta esta herencia de la humanidad para conseguir beneficios privados (por muy legítimos que sean), asociada a controles pseudopoliciales, que retorna sin capacidad para ser reproducidas de nuevo y con un alto precio, en detrimento de la biodiversidad propia de estas regiones. Cierran completamente el círculo del mercado agroalimentario, controlando las corporaciones desde la producción de semillas hasta la venta final al consumidor.
Sí que han conseguido una cosa, unir a casi la totalidad de organizaciones ecologistas y la gran mayoría de organizaciones internacionales de desarrollo, derechos humanos y sociales, plataformas de la sociedad de civil, líderes en la lucha contra la pobreza como Vandana Shiva.
Así las cosas, aún quedan muchas dudas sobre esta tecnología. Si la manipulación es de uno dos genes sobre 30 o 40.000 (lo que equivale a un 0,003%), genes que han evolucionado en los más de 10.000 años de agricultura gracias a los agricultores ¿cómo puede alguien otorgarse la patente de ese ser vivo?
Si los cruzamientos de los OMGs más conocidos eran imposibles en un entorno natural, rasgo que los diferencia de la mejora genética clásica (además de la velocidad de incorporación del gen), y están vivos, o sea, se desarrollan, se cruzan, evolucionan ¿alguien puede asegurar al 100% que no van a causar ninguna interferencia o problema con otros seres vivos? ¿qué aseguradora se hace cargo de cualquier fallo tecnológico de estos OMGs?
Si, como dicen sus defensores, al igual que el DDT, los OMGs persiguen la misma demagógica intención de acabar con el hambre en el mudo, ¿por qué en su gran mayoría las patentan?
Y una cuestión que a mi parecer sería la primera cuestión a resolver, ¿realmente son necesarios todos estos alimentos transgénicos? ¿Realmente necesita la humanidad un tomate larga vida que no sabes cuándo se ha recolectado, un pez que crece en la mitad de tiempo incorporando hormonas del crecimiento de otros o soja que incorpora resistencias a herbicidas para aumentar su uso?¿No sería más racional trabajar en recuperar y mejorar la biodiversidad adaptada a cada región, y apostar por técnicas probada y reconocidamente sostenibles, libres y sin patentes?
A pesar de los intentos de la industria de los transgénicos para tranquilizar a los consumidores sobre la seguridad de esos cultivos, científicos independientes cuestionan estas afirmaciones. Al menos 17 países de la UE y 4 regiones han dicho NO a los OMGs. Sólo en cinco de ellos se cultivan (3% de la SAU mundial). Asimismo, la movilización en contra de los transgénicos crece, incluso en EEUU, y en algunos estados como Vermont se plantea su etiquetado.
Recordar que la ONU (400 científicos) concluyó que la Agroecología sí permite aliviar la pobreza y mejorar la seguridad alimentaria en países en vías de desarrollo. Nadia Scialabba, representante de la ONU para la Alimentación y la Agricultura, asegura que la producción ecológica tendría capacidad para suministrar suficientes alimentos para 9.000 millones de personas en 2050. Sin externalidades o impactos ocultos o desconocidos.
La ingeniería genética sigue siendo una tecnología de la cual se desconocen los efectos a largo plazo para la salud humana, que puede desencadenar efectos no deseados e imprevisibles en el medio ambiente y que tienen unas consecuencias sociales cuando menos cuestionables. Hay razones de sobra para seguir oponiéndonos y para seguir defendiendo la agricultura ecológica, la mejor solución de futuro. Hoy en día ya poseemos variedades mejoradas de manera convencional que se han hecho resistentes a inundaciones o sequías La solución al hambre vendrá del acceso fácil a una alimentación sana y variada y no de alimentos milagrosos. Cultivando leguminosas o frutas en estos países, y profundizando en sus democracias y en un desarrollo pleno y sostenible, no sería necesario poner parches con arroces dorados o plateados.
