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“Debemos plantear soluciones combinadas que incluyan vegetación, infraestructuras, prevención y muy importante, la formación de la población en materia de autoprotección”

Ferrán Dalmau-Rovira es Ingeniero Forestal y técnico especialista en la gestión integral de incendios, emergencias y protección civil, entre otras materias como autoprotección frente a incendios forestales, que imparte como Instructor en la Universidad de Lleida y la Universidad Politécnica de València. Dirige la consultora de ingeniería forestal y ambiental Medi XXI GSA, desde donde junto a un equipo multidisciplinar, llevan a cabo servicios de ordenación ambiental y planificación estratégica del territorio, gestión forestal sostenible y otras muchas labores. Sus conocimientos y su experiencia tras otros fenómenos climáticos, son fundamentales para entender la relación directa entre las consecuencias de fenómenos climáticos como la DANA y la importancia de una correcta gestión forestal.

Autoría: Jose Luis Moreno y Sara Serrano. Equipo Técnico SEAE.

Es inevitable remitirnos a un artículo tuyo de 2019, cuando hubo otro episodio de DANA que causó daños en la Cuenca del Segura. Analizabas un tema que hoy sigue latente: “Limpiar o no limpiar los barrancos, ¿es esa la cuestión?”

La gente quiere respuestas simples para problemas que son complejos, es un mecanismo cognitivo. Se dice, “lo que tienen que hacer, es limpiar los barrancos” pero ese imperativo no es así de sencillo. Básicamente, esa frase de “que limpien los barrancos” es el equivalente hidrológico a decir “que limpien el monte” de un incendio forestal.

Segmentando la respuesta, hay varias cuestiones. Primero hay que tener en cuenta que una cuenca hidrográfica se caracteriza por una superficie: cuanto más grande es, más capacidad de asumir agua tiene. También se caracteriza por la altitud media y la pendiente, que nos indica la cantidad de energía: cuanta más alta es la pendiente y el agua sale desde más arriba, más capacidad de coger fuerza hacia abajo tiene, tal y como ha ocurrido en esta ocasión. 

En este sentido, las cuencas que están adecuadamente forestadas son las que infiltran la mayor parte del agua. Es decir, el agua en vez de escurrir, lo que hace es infiltrar. Evidentemente, tiene un límite. Todos los suelos llegan a un punto en el que se saturan, pero en episodios de lluvia normal, la vegetación de ribera en la cuenca es fundamental. Y me refiero a vegetación de ribera, no a cañaverales de Arundo donax, que es una especie invasora y es un tema distinto que daría para otra entrevista.

También hay que tener en cuenta los cauces. En los cauces, la vegetación juega un papel fundamental desde el punto de vista de la retención del suelo fértil y para reducir la erosión. En definitiva, no se puede reducir la solución a un simple “hay que limpiar los barrancos” sin tener en cuenta factores como la forma de esa cuenca (que afecta al tiempo que tarda en desaguar), la red de drenaje (la cantidad de cauces que tenemos en ese drenaje) o el tipo de suelo (no es lo mismo, por ejemplo, suelos arcillosos que infiltran mucho menos el agua, que suelos bien desarrollados o profundos que sí que infiltran mucho mejor). 

¿Podría decirse, entonces, que hay una relación directa entre las inundaciones y la ausencia de gestión forestal?

Y más allá. Mucha gente desconoce la relación directa entre ausencia de gestión forestal, incendios forestales e inundaciones, por ejemplo. O incluso esta relación con el abandono de campos de cultivos o con la eliminación de terrazas, algo que representa un problema muy grave. 

Hay muchos cultivos intensivos que están convirtiendo antiguos terrenos aterrazados en una única lámina de suelo porque así les caben más árboles. Esta acción reduce el coeficiente de infiltración porque está incrementando la pendiente. Y eso genera más problemas de fertilidad, de pérdida de suelos, etc. Por ello considero que habría que prohibir por ley la eliminación de los bancales y las terrazas. Mantener un sistema aterrazado es lo que hace que sigamos teniendo suelo. Es más, si no fuera gracias a esas terrazas que laminan el agua en las laderas no habríamos llegado hasta estos días con niveles de suelo razonables en muchos sitios. Nunca agradeceremos lo suficiente a nuestros ancestros el trabajo de poner piedra sobre piedra. 

Suelo fértil que se ha convertido en un lodo que cubre todo, ¿cierto?

Totalmente. La FAO tiene un dato catastrófico: un cm de suelo fértil tarda mil años en formarse a escala mundial. Entonces, estamos hablando de que hemos perdido un montón de suelo fértil. Ese suelo fértil, si solo fuera suelo fértil, se podría recuperar, reciclar, aprovechar. Pero ha arrastrado también productos químicos, tóxicos, aceites… y evidentemente, se ha contaminado. Y eso es un problema muy grave. De hecho, la dimensión ambiental de esta DANA aún no la hemos empezado ni a observar. 

Por volver al ejemplo de la DANA de 2019 -aún no tenemos actualizados los datos para la de 2024- la demarcación hidrográfica del Segura tiene 20. 000 km2 donde viven más de 2 millones de personas en 132 municipios (de Murcia, Alicante, Albacete…). La densidad de población es de 103 habitantes por km2. Pues, para que nos hagamos una idea, el 44,42% de esa cuenca está desarbolada así que cuando cae mucha agua, la mayor parte corre en vez de infiltrar. Por tanto, si no se reduce la escorrentía en la parte alta de la cuenca, con una adecuada gestión forestal y de prevención de incendios, lo que tendremos es más escorrentía superficial. Y esto es un hecho científico, no una opinión. 

¿También serían buenas las prácticas de la agricultura ecológica, como las cubiertas vegetales?

Totalmente. Una cubierta de gramíneas, herbáceas o cualquier combinación dependiendo del tipo de cultivo, amortigua el agua y además, los sistemas radiculares de las plantas favorecen la infiltración. 

Un suelo bien estructurado es un suelo que absorbe gran cantidad de agua y llega al límite de su capacidad de campo. Y eso tarda un tiempo. 

¿Y qué nos cuentas de las grandes infraestructuras hidrológicas?

Los cauces rectificados o los cauces antropizados con obra de hormigón, por ejemplo, buscan evacuar de forma rápida el agua y son especialmente importantes en las zonas urbanas. En principio, están bien para sacar mucha cantidad de agua en poco tiempo y desviarla hacia otro lugar, pero el problema reside en que se pierde de vista una cuestión: si no hay ningún tipo de obstáculo en esos cauces, y en este caso me refiero a vegetación de ribera, será imposible frenar la progresión o la escorrentía. También, como hemos visto, si estos cauces se taponan, la fuerza y cantidad de agua puede causar desbordamientos y fuertes daños.

Por otro lado, se ha especulado mucho, sobre todo en estos días, con la necesidad de construir grandes infraestructuras como los embalses que, evidentemente hacen falta y son otra herramienta más dentro de la hidrología. Pero hay que pensar más allá: ¿Por qué son importantes las infraestructuras de acumulación de agua en este momento? Porque vamos a tener más sequías también. Es decir, el cambio climático nos va a traer fenómenos extremos, tanto de sequías como de danas extremas y de incendios. Estamos estirando la potencia de los eventos climáticos y hay que tenerlo muy presente.

Ya hemos visto las patitas al lobo dos veces, 2019 y 2024, y solo han pasado 5 años entre las dos danas. Evidentemente, hay que plantear infraestructuras de prevención con capacidad de aguantar este nuevo tipo de escenarios. 

¿Nos nombrarías algún ejemplo de infraestructuras que pueden ser referencia?

El Ayuntamiento de Alzira hizo su Plan de Actuación Municipal ante el Riesgo de Inundaciones (PAMRI), un plan de emergencias para actuar en caso de inundaciones con una inversión de unos 4 millones de euros. Dentro de ello, inauguró hace unos meses un canal interceptor de riadas llamado “Les Basses” (“Las Balsas”), justo pegado al barrio de Venecia, que ya ves como la toponimia ya nos va dando pistas de las características de este barrio. Este canal tiene una capacidad de acumular 50.000 metros cúbicos en un tanque de tormentas y desviar el agua de varios barrancos fuera de las zonas del casco urbano que históricamente se han inundado. Con esta DANA estuvo a punto de desbordar pero no,no lo hizo. 

Este tipo de infraestructuras son a las inundaciones lo que los cortafuegos a los incendios. Es decir, hacen falta infraestructuras preventivas. Por ejemplo, parques inundables que servirían para elegir dónde se va a inundar y minimizar así los daños. Y no se trata solo de infraestructuras, porque el cambio climático nos va a traer un cambio de paisaje y eso implica adaptar también la vegetación.

Lo que está claro es que soluciones milagrosas no hay

No, los milagros no existen. La ciencia y el conocimiento son especialmente importantes en tiempos en los que las inquisiciones diversas nos amenazan con negacionismos y también, con posiciones dogmáticas como, por ejemplo, las que defienden que los ríos fluyan libres, algo que habría traído muchísimos más problemas en esta DANA.

Para enfrentar las contradicciones que defienden ciertas posturas, les planteo preguntas como: Ante una DANA como esta, ¿qué provoca más impacto ambiental, una presa o lo que nos ha pasado? Porque la Albufera puede morir de este evento… En cambio, con unas infraestructuras de protección, que también pueden construirse con medidas de integración y sosteniblidad, el impacto hubiera sido mucho menor. También planteo otras cuestiones como, ¿cuántas danas como esta podemos aguantar económicamente? Porque se habla de 16.600 millones de euros en daños como primera valoración y todavía queda mucho. 

Lo que sí está claro es que nada de esto se puede solucionar desde una sola perspectiva técnica, sino que debe ser desde varias disciplinas: forestales, ingenieros de caminos, geógrafos, agrónomos, biólogos… Hace falta conocimiento, mucho conocimiento de muchas disciplinas distintas.

Sin esa conjunción de disciplinas, será muy difícil la reconstrucción, ¿verdad?

Soy muy crítico con la palabra reconstruir. Reconstruir implica volver a hacer lo mismo en el mismo sitio. Esta DANA nos ha recordado lo vulnerables que somos y también, que hemos construido en zonas donde no deberíamos haberlo hecho. Por eso tenemos que plantearnos reformar o reconducir ciertos aspectos urbanos. Lo peor que nos puede pasar en estas situaciones es no aprender nada de lo que nos ha pasado.

Como especie no tenemos ningún reto más importante que abordar el cambio climático y sus consecuencias. Si percibiéramos el riesgo como realmente toca estaríamos adoptando medidas. Hay que sacar nuestra “caja de herramientas”, es decir, el ingenio humano ha diseñado miles de soluciones que ahora hay que empezar a combinar de forma racional, de forma sostenible, implementando soluciones basadas en la naturaleza para generar zonas donde podamos mitigar o reducir los impactos de este tipo de fenómenos. En cualquier caso, las soluciones planteadas deben ser soluciones combinadas que incluyan parte de vegetación, parte de infraestructuras, parte de prevención y otra parte muy importante, la formación de la población: necesitamos formar a la población en materia de autoprotección. 

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