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Estrategias para devolver la fertilidad a campos inundados bajo criterios agroecológicos

A continuación, se recogen prácticas recomendables para recuperar y descontaminar cuanto antes los campos anegados por la DANA. Estas recomendaciones están disponibles en la “Guía para la recuperación de campos anegados”, además de otros documentos de interés y un foro para plantear dudas, todo disponible en llavorsdaci.org

Autoría: Llavors d’Ací [1]

Desde Llavors d’Ací y en colaboración con diversas entidades del territorio valenciano, publicamos una “Guía para la recuperación de campos anegados” con el objetivo de proporcionar un conjunto de estrategias y recomendaciones prácticas para aquellos suelos que permanecen inundados y afectados por fangos y contaminantes de río durante días, como ha ocurrido tras la DANA, que ha provocado anegamientos, saturación y, con ello, el deterioro de la salud del suelo de campos de cultivo valencianos.

A lo largo de la Guía, se analizan los efectos de las inundaciones prolongadas y se ofrecen soluciones tanto para pequeñas explotaciones agrícolas como para grandes áreas afectadas por anegamientos, con la finalidad de garantizar la viabilidad de los ecosistemas agrícolas y las comunidades humanas dependientes de estos cultivos. En la Guía se ofrece una “ficha resumen de primeros auxilios” para campos anegados, con las principales acciones urgentes que hay que realizar. También detalla una serie de indicadores necesarios para el “análisis de los efectos de las inundaciones prolongadas”, que pueden ser tanto negativos (falta de oxígeno o anoxia, alteraciones en la biodiversidad microbiana del suelo, compactación del suelo, acidificación del suelo, contaminación de suelos y lixiviación de nutrientes y erosión del suelo) como positivos (aporte de sedimentos fluviales, mejora de la estructura del suelo o la recarga de acuíferos). En caso de inundaciones prolongadas, los perjuicios suelen ser mayores que los beneficios y por ello es necesario realizar una evaluación de daños produ- cidos por el agua y aplicar estrategias de recuperación de los campos anegados.

La recuperación de un suelo afectado por una inundación prolongada de 6 a 8 días depende de las condiciones iniciales del suelo y de varios factores ambientales clave.

Un suelo con alta biodiversidad edáfica tendrá mayores posibilidades de recuperarse que uno con menos diversidad. Si la gestión anterior fue agroecológica y los aportes de materia orgánica fueron adecuados, el suelo tendrá una mejor capacidad de drenaje, mayor porosidad y, por lo tanto, una mayor retención de aire. Además, si el suelo tiene un alto porcentaje de arena, los problemas de anoxia serán menos frecuentes. En estos casos, puede ser recomendable no intervenir y dejar que el drenaje natural alivie el estrés edáfico.

ESTRATEGIAS DE RECUPERACIÓN

La recuperación de campos anegados tras una inundación es un proceso complejo que requiere abordar múltiples aspectos del suelo y del ecosistema agrícola. A continuación, se detalla un paso a paso para restaurar la productividad de los suelos anegados, cubriendo desde el drenaje inicial hasta la siembra de cultivos de cobertura para estabilizar el terreno.

El objetivo es recuperar y descontaminar cuanto antes el suelo.

1. ELIMINACIÓN DE AGUA ESTANCADA Y DRENAJE

Uno de los primeros pasos en la recuperación de un campo anegado es eliminar el exceso de agua que aún puede estar saturando el suelo. El agua estancada no solo impide que las raíces de las plantas accedan al oxígeno, sino que también favorece el desarrollo de enfermedades fúngicas y problemas de salinidad.

El objetivo de esta estrategia de recuperación es reducir el nivel freático y eliminar el agua estancada para prevenir problemas adicionales como la salinidad o encharcamientos que puedan dificultar la penetración de raíces y la actividad biológica. Para ello se deben aplicar técnicas de drenaje adecuadas.

Para el drenaje superficial:

Canales de drenaje. Excavación de canales o zanjas a lo largo de los campos para facilitar la evacuación del agua superficial. Estos canales deben estar diseñados con suficiente pendiente para permitir que el agua fluya de manera natural hacia un área de drenaje cercana.

Drenaje por surcos. El uso de surcos de drenaje (hendiduras poco profundas) puede ser efectivo para la evacuación de agua, especialmente en terrenos planos.

Para el drenaje subterráneo:

Instalación de tuberías perforadas. Las tuberías de drenaje o drenes subterráneos son una opción más sofisticada para evacuar el exceso de agua desde las capas más profundas del suelo. Estas tuberías permiten que el agua subterránea se mueva a través del suelo y se evacúe de manera controlada.

Para la mejora del drenaje natural:

Incremento de la permeabilidad del suelo: Si el drenaje es lento debido a suelos arcillosos o compactados, se pueden usar técnicas como la incorporación de materiales permeables (por ejemplo, arena o piedra caliza triturada) para mejorar la circulación del agua.

Además de las técnicas previamente mencionadas, existen alternativas interesantes para optimizar las condiciones del suelo en áreas propensas a inundaciones. Una opción efectiva es la plantación en caballones o mesetas. Esta técnica eleva las plantas sobre el nivel del terreno inundado, lo que permite que la mayor parte de las raíces se mantenga por encima del agua, favoreciendo la aireación y mejorando la absorción de oxígeno por parte de las raíces. Por otro lado, para prevenir futuras inundaciones y reducir el tiempo que el terreno permanece anegado, se puede construir un sistema de drenaje adecuado como excavar un canal, recubrirlo con una tela geotextil para evitar el paso de sedimentos y luego rellenarlo con rocas o grava. Este sistema permite que el agua se evacúe más rápidamente, reduciendo los efectos negativos de la saturación hídrica en el suelo.

Es importante señalar que, en este momento tan frágil, introducir maquinaria puede ser contraproducente ya que los suelos son más plásticos pudiendo destruir muchos macroporos, tan necesarios para evitar la anoxia.

Hay que dejar que el suelo se vaya drenando hasta que alcance el punto de tempero del suelo antes de entrar con maquinaria pesada.

2. DESCOMPACTACIÓN DEL SUELO

Tras el drenaje, es probable que el suelo se haya vuelto más compacto debido a la saturación prolongada. La compactación del suelo reduce la porosidad, afectando la circulación del aire y el agua, lo que dificulta el desarrollo de las raíces. El objetivo de esta estrategia se centra en mejorar la estructura del suelo, facilitando la penetración de agua, la circulación de aire y el crecimiento de las raíces, lo cual es esencial para la salud de los cultivos. Así pues, los métodos de descompactación son:

Técnicas mecánicas

Cultivo de discos: Un rotavator o cultivador de discos es eficaz para trabajar en la capa superficial del suelo, reduciendo la compactación y promoviendo una mejor aireación. Es especialmente útil en suelos que han sufrido compactación superficial.

Arados tipo chisel: Son una herramienta agrícola utilizada para realizar labores de labranza, principalmente en suelos compactados o con capa de arado dura, sin voltear la tierra. Su principal objetivo es mejorar la estructura del suelo, facilitar la infiltración del agua y permitir el crecimiento de las raíces sin alterar demasiado las capas superiores del terreno (20 – 30 cm).

Arado de subsuelo: Este tipo de arado permite romper las capas compactadas del suelo sin invertirlo por completo. Penetra profundamente en el suelo (hasta 50 cm o más) y ayuda a aflojar la tierra sin destruir la estructura superficial.

Uso de técnicas biológicas

Cultivos de raíces profundas: Sembrar cultivos con raíces profundas, como Crucíferas o Leguminosas, puede ayudar a mejorar la estructura del suelo de manera natural y descompactarlo. Sobre esta materia, puede encontrar más información en la Guía.

Beneficio de especies oportunistas: Con el paso de las semanas, se producirá una explosión de vida en el suelo que a la vez se manifestará con la aparición de flora arvense que ayudará con sus raíces a la aireación de los mismos. El banco de semillas y de microorganismos sigue latente en el suelo, esperando que las condiciones mejoren para ponerse en marcha.

La observación de las plantas bioindicadoras tras una inundación es fundamental para evaluar tanto la calidad del suelo como la salud general del ecosistema afectado. Sobre esta materia, también puede encontrar más información en la Guía.

3. MEJORAS EN LA FERTILIDAD Y EL PH DEL SUELO

El objetivo de esta estrategia es restaurar la fertilidad y el PH del suelo para que los cultivos puedan acceder a los nutrientes esenciales para su crecimiento, mejorando la productividad agrícola. Así pues, después de descompactar el suelo, el siguiente paso es restaurar su fertilidad.

Las inundaciones pueden haber lixiviado nutrientes esenciales o alterado el equilibrio de la materia orgánica del suelo y será necesaria la aplicación de enmiendas orgánicas:

Compost: El compost es una excelente fuente de materia orgánica que mejora la estructura del suelo y aumenta la actividad biológica. Su uso también favorece la retención de humedad y la disponibilidad de nutrientes.

Estiércol: El estiércol bien compostado es una enmienda muy efectiva para enriquecer el suelo con nutrientes esen- ciales como nitrógeno, fósforo y potasio. Además, mejora la estructura del suelo y fomenta la vida microbiana.

Abonos verdes: Los cultivos de cobertura como leguminosas (por ejemplo, trébol, vicia o guisante), sembrados específicamente para ser labrados en el suelo, ayudan a restaurar la materia orgánica y proporcionan nitrógeno natural.

Aplicación de cal: Para contrarrestar los efectos de la acidificación, se puede aplicar cal agrícola (carbonato de calcio, dolomita, entre otras). La cal aumenta el pH del suelo, neutralizando los ácidos y reduciendo la toxicidad del aluminio. Es fundamental determinar la cantidad adecuada de cal a aplicar mediante un análisis de suelo, para evitar sobrecargar el suelo y causar otros desequilibrios.

4. CONTROL DE PLAGAS Y ENFERMEDADES

Las inundaciones y la saturación del suelo pueden crear un entorno favorable para la proliferación de plagas y enferme- dades debido a la alta humedad y la falta de oxígeno en el suelo. Para mantener un control efectivo sobre las plagas y enfermedades para asegurar el buen estado de salud de los cultivos y prevenir pérdidas hay que realizar un plan de control:

Monitoreo de enfermedades: Inspeccionar regularmente los cultivos para detectar signos de hongos, como el mildiu o la roya. La humedad persistente favorece estas enfermedades, por lo que se deben aplicar tratamientos preventivos si es necesario, como fungicidas orgánicos o biológicos.

Control biológico: Usar insectos benéficos (como catarinas o nematodos predadores) que controlen las plagas de manera natural.

Mejora del drenaje: Un sistema de drenaje adecuado no solo ayuda a evitar la asfixia radicular sino también a reducir la proliferación de hongos patógenos que se desarrollan en suelos saturados de agua.

Rotación de cultivos: Implementar una rotación de cultivos para reducir la acumulación de patógenos específicos en el suelo.

5. CULTIVOS DE COBERTURA

Los cultivos de cobertura son esenciales para estabilizar el suelo, prevenir la erosión y promover la regeneración del sistema radicular. Podemos primero dejar que crezcan especies oportunistas. Son esenciales para la recuperación de un ecosistema devastado, pues no solo inician el proceso de restauración, sino que también preparan el terreno para que otras especies, más sensibles a las condiciones iniciales, puedan prosperar en el futuro.

Estas especies tienen la capacidad de colonizar rápidamente los terrenos alterados, lo que permite que el ecosistema comience a restaurarse de manera natural.

A menudo, estas especies son las primeras en llegar a un terreno afectado y son fundamentales para la regeneración del medio ambiente. A continuación, el uso de abonos verdes puede ser una estrategia eficaz para restaurar la salud del suelo, mejorar su fertilidad y reducir los efectos negativos de la saturación prolongada.

Los abonos verdes son cultivos sembrados con el objetivo de mejorar la calidad del suelo, ya sea añadiendo materia orgánica, fijando nitrógeno o mejorando la estructura del suelo. Son una excelente opción para combatir la compactación del suelo, especialmente en terrenos que han sido saturados por inundaciones o que han sufrido daños por maquinaria agrícola. Su capacidad para romper capas compactadas, mejorar la estructura y aportar materia orgánica, junto con sus otros beneficios, las hace muy útiles en la recuperación de suelos agrícolas. Además, contribuyen a la regeneración de la microbiota del suelo y la sostenibilidad de los cultivos a largo plazo.

Algunas opciones de abonos verdes que son especialmente útiles tras una inundación:

Leguminosas: Las leguminosas son muy eficaces para mejorar la fertilidad del suelo, ya que fijan nitrógeno atmosférico, convirtiéndolo en una fuente disponible para otros cultivos. Esto es especialmente importante después de una inundación, que puede haber lixiviado nutrientes del suelo. La veza, por ejemplo, es una leguminosa que mejora la estructura del suelo y también fija nitrógeno. Su uso tras una inundación puede ser beneficioso porque ayuda a recuperar la fertilidad y la porosidad del suelo, especialmente en suelos arcillosos o pesados.

Crucíferas: Las crucíferas, como la mostaza, el rábano, el nabo, el colinabo, etc., son plantas de la familia Brassicaceae que ofrecen varias ventajas a la hora de combatir la compactación del suelo. Estas plantas, al tener una raíz pivotante muy profunda, son una excelente opción para combatir la compactación de suelo, especialmente en terrenos que han sido saturados por inundaciones o que han sufrido daños por maquinaria agrícola. Su capacidad para romper capas compactadas, mejorar la estructura y aportar materia orgánica, junto con sus otros beneficios, las hace muy útiles en la recuperación de suelos agrícolas.

Otras especies: Está el centeno, un cultivo que mejora la estructura del suelo y ayuda a prevenir la erosión. Además, su sistema radicular profundo mejora la penetración del agua y reduce la compactación. También es útil para la absorción de nitratos, ayudando a reducir la lixiviación de estos nutrientes. Y también el girasol, una planta de raíces profundas que puede ayudar a romper capas compactadas del suelo y mejorar la aireación. Su materia orgánica contribuye a la mejora de la estructura y la capacidad de retención de agua del suelo.

Hay que tener en cuenta una serie de consideraciones al utilizar abonos verdes después de una inundación:

Selección adecuada de especies: Es importante elegir especies que se adapten al tipo de suelo y a las condiciones climáticas locales. Algunas especies, como el trébol o la veza, son mejores en suelos ácidos o arcillosos, mientras que otras como el girasol o la mostaza pueden ser más efectivas en suelos arenosos o en áreas propensas a la salinización.

Corte y manejo de los abonos verdes: Después de un período de crecimiento, los abonos verdes deben ser cortados y enterrados en el suelo para maximizar la aportación de materia orgánica. Si el cultivo sigue siendo afectado por la inundación, estos pueden servir como mulch o cobertura para proteger el suelo.

Tiempo de siembra: Se debe esperar a que el agua haya drenado lo suficiente del suelo antes de sembrar abonos verdes para evitar que las semillas se pudran.

CONCLUSIONES

La recuperación de suelos anegados es un proceso integral que requiere una estrategia de restauración paso a paso.

Desde el drenaje adecuado hasta la aplicación de enmiendas y la siembra de cultivos de cobertura, cada fase es crucial para restaurar la salud del suelo y promover la sostenibilidad agrícola. Implementando estos pasos, los campos anegados pueden recuperar su capacidad productiva y volver a ser productivos de forma eficiente y duradera.

Además de estos pasos, el seguimiento y monitoreo continuo es esencial para asegurar que el proceso de recuperación de los suelos anegados esté avanzando de manera adecuada y para ajustar las prácticas de manejo cuando sea necesario. Establecer un plan de monitoreo bien estructurado no solo garantiza la recuperación sostenible del suelo, sino también la mejora de la productividad agrícola y la salud ecológica a largo plazo.

En resumen, con el uso de tecnologías adecuadas, prácticas agrícolas responsables y la implementación de políticas de manejo integrado, es posible recuperar suelos anegados y convertirlos en activos productivos y resilientes ante el cambio climático.

Es fundamental realizar también un conjunto de análisis de suelo (Anejo 1 de la Guía) para evaluar el impacto de la inundación y determinar los niveles de contaminación. Los contaminantes pueden ser diversos (metales pesados, productos químicos industriales, bacterias, entre otros), por lo que las pruebas deben ser exhaustivas. Si los cultivos no están gravemente afectados, se pueden tratar con fungicidas autorizados y monitorizar su recuperación pero habrá que realizar análisis de las cosechas antes de su comercialización para evitar riesgos en la salud humana.


[1] Esta Guía es una iniciativa de Llavors d’Ací, con la colaboración del CIEF (Centre per la Investigació i l’Experimentació Forestal), VAERSA, Cerai (Centro de Estudios Rurales y Agricultura Internacional), la Unió Llauradora i Ramadera, Associació per l’agricultura ecològica l’Animeta, Per l’Horta, Fundación Mundubat y Perifèries. Textos y conceptos de la Guía: Christophe Zreik, Omar Marsilla, Mayte Fornés, Alberto Llopis, Pablo Bastida, Jorge Ciruelos y Josep Roselló.

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