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“Aquí en la huerta no ha habido ningún arrastre. Sin embargo, en el campo de al lado se ha hecho un socavón. Eso es suelo perdido que ha llegado como barro a los pueblos cercanos”

Nacho Salavert Ferrando es cofundador, junto a Concha Martínez y Esther Ballester, del grupo de consumo ecológico V Land Solaris de Benetússer (Valencia), una asociación precursora en la economía alternativa y solidaria que cuenta con más de dos décadas de trayectoria. De profesión electromecánico comparte vocación con ser un agricultor aficionado, practicando en su huerto los principios de agricultura ecológica, regenerativa y biodinámica. Un huerto situado en la zona 0 de la DANA donde, por increíble que parezca, ha resistido al paso salvaje del agua.

Autoría: Xavier López Coma. Redacción Ae.

De las numerosas catástrofes generadas por la DANA, los agricultores no han quedado al margen de sufrir las devastadoras consecuencias de las lluvias torrenciales. Muchísimos cultivos totalmente arrasados, fruta y verdura amontonada después del arrastre, destrucción de construcciones y sistemas de riego… Y por si fuera poco, la inmensa cantidad de suelo que se ha perdido durante el proceso de erosión causado por la corriente de agua.

Este artículo pretende relatar una historia real, de alguien que vivió en primera persona los efectos del temporal y que demuestra que las técnicas de manejo en agricultura son de verdadera importancia para afrontar las distintas adversidades a las que nos enfrentamos, incluso en caso de grandes desastres climáticos.

Él es Nacho Salavert, que desarrolla un proyecto productivo agroecológico en Alcàsser (Valencia), a 200 metros del barranco de Beniparrell, uno de los puntos donde más impactó la DANA. Cuenta que “estábamos al lado. Hay sitios donde se han movido unas piedras enormes. Muchos campos destrozados, todas las vallas se las ha llevado el agua, cañas, fruta, caquis por el suelo… un desastre. Ha sido catastrófico”. Pero, aunque parezca increíble, su parcela se ha visto muy poco afectada. Ha sido una gran cantidad de agua que evidentemente, ha provocado ciertos daños, pero no puede compararse con las fincas colindantes: “Aquí en la huerta no nos ha pasado nada. Procuramos siempre mantenerlo con hierbas, incluso entre los cultivos, y no ha habido ningún arrastre. Sin embargo, en el campo de al lado, se ha hecho un socavón que se ha llevado todo el barro que tenemos ahora en el pueblo”.

La gran diferencia de esta parcela con el resto es, por un lado, la incorporación de cubiertas vegetales que mejoran la infiltración del agua y evitan la erosión del suelo, y por otro, la plantación de un seto multifuncional. Éste fue el gran protagonista de la escena, impidiendo físicamente la entrada de miles de objetos como cañas, bolsas, plásticos u otros materiales y cantidades gigantescas de barro y lodo.

Al llegar a estas tierras, lo primero que decidieron hacer fue plantar el seto. Conocían los beneficios que estos aportan al suelo, a la biodiversidad y a la protección de los cultivos, así que empezaron a realizar el diseño. “Lo consideramos esencial y primordial. Nuestra idea era hacerlo de adelfas o cipreses, pero resul- taba bastante caro. Por ello, contactamos con los viveros de Ecologistas en Acción Albacete, a quienes estaremos eter- namente agradecidos por la donación que nos hicieron de especies forestales protegidas con las que pudimos plantar el seto. Entre ellas encontramos: boj, 3 especies de fresno, olmo negro, 3 especies de quercus, madroño, alcornoques, sabina blanca, sabina negra, jazmín amarillo, avellanos, sauco, espino albar, jara, nogal, almendro y hasta un total de entre 70 y 80 especies de árboles, arbustos y plantas aromáticas de monte. Asimismo, hemos ido intercalando en éste especies de árboles frutales como los nísperos, manzanos, cerezos, morera blanca, morera negra, granados y olivos”.

Finalmente, y con el objetivo de mantener el suelo como el de un bosque, han conseguido instaurar una zona perimetral natural, sin aportes, arados ni riegos.

Están realmente agradecidos de los numerosos beneficios que aportaba hasta ahora el seto y Nacho los enumera de la siguiente manera: “conseguimos una floración continua casi todo el año para atraer especies polinizadoras; actúa de barrera contra el viento y las fumigaciones de los campos colindantes; sirve de refugio para aves, insectos, reptiles y algunas especies de mamíferos; es una fuente de microorganismos nativos y micorrícicos, como resultado de la diversidad de la flora que se da en este espacio propicio para la proliferación de hongos, bacterias, nematodos y demás organismos beneficiosos para el suelo; aporta valor paisajístico, estético y aromático; produce frutos comestibles (almendras, granadas, moras, etc.); captura CO2 y produce oxígeno; y también, para los que así lo sientan, es alimento para el alma y el espíritu”.

A la izquierda, la huerta de Nacho. A la derecha, el campo labrado del vecino.

Pero después de los últimos acontecimientos vividos con la riada, se han dado cuenta que los beneficios iban mucho más allá de lo que creían: “la protección de la tierra contra el arrastre de lodos, la filtración de plásticos y la absorción del exceso de agua. Gracias a esta barrera natural, hemos podido seguir cultivando, cosechando y cuidando este pequeño trocito de planeta. Por otra parte, entre las zonas de cultivo y barbecho, dejamos que crezcan las hierbas endémicas con el fin de tener la tierra cubierta hasta los próximos cultivos, además creamos acolchados con los restos de las cosechas, favoreciendo así la retención de agua y la creación de suelo fértil”.

Una vez más, el sentido común y las buenas prácticas agrícolas, mediante las pequeñas experiencias, nos muestran la necesidad de migrar de modelo agroalimentario a un sistema que nos permita obtener una buena producción de alimentos a la vez que cuida de su entorno. Hasta ahora quizás solo fue una elección, pero viendo el avance del cambio climático y sus demoledoras consecuencias, cada vez se vuelve más evidente el hecho de que regenerar nuestros suelos y aportar biodiversidad floral, repercute directamente en el correcto desarrollo de los cultivos y el ecosistema.

Para terminar con un profundo agradecimiento a las personas que se arriesgan, que luchan con pasión y que no se rinden ante las dificultades, cito textualmente las reflexivas palabras de Nacho: “en definitiva, seguimos aprendiendo de la naturaleza, quedándonos con lo vivido, evidenciándolo y agradeciéndoselo todo. Gracias bendita huerta valenciana y gracias a todos los que participáis, habéis participado, aportado, difundido, compartido, vivido y sentido. Gracias a la vida. Gracias”

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