La controvertida historia existente frente al cultivo de aguacates en la Península Ibérica, es evidente. Por un lado, tenemos un fruto de altas cualidades nutricionales, promocionado por la moda y la pluriculturalidad, y que además, obtiene grandes producciones bien remuneradas. Por otro lado, sabemos su gran consumo de agua y que amenaza con expandirse de forma masiva y descontrolada por diferentes puntos de España
Autoría: Xavier López Coma – Revista Ae
Artículo publicado en la revista Ae ed. 57 (invierno 2025)
Hoy en día, las variedades de aguacate utilizadas no están realmente adaptadas a las condiciones medioambientales del territorio, ya que son árboles foráneos adoptados recientemente en nuestras tierras. Debemos estudiar la integración de los cultivos tropicales, como es el caso del aguacatero, y aún más, desde un punto de vista agroecológico. Hay que promover proyectos que fomenten el cultivo bajo parámetros de verdadera sostenibilidad y que mejoren la adaptación genética de las variedades. Si queremos seguir consumiendo aguacates evitando las consecuencias causadas al medio, es nuestra responsabilidad implementar metodologías que permitan avanzar en este aspecto.
En torno a este conflicto y con mirada hacia un futuro donde el aguacatero esté socioambientalmente integrado, hay que destacar el trabajo que Salvador Mesa Jiménez [1] ha realizado a lo largo de una trayectoria de más de 30 años. Actualmente, es el presidente de la Asociación Ecocultural Huerto de la Cora, dedicada al conocimiento, estudio y evaluación directa de variedades de interés agroecológico: “no ha sido mi espacio de desarrollo profesional, pero sí el lugar de acción para mis intereses más profundos”. Referente al aguacate cuenta que: “es una fruta muy peculiar y con beneficios para la salud indiscutibles. Sin embargo, este fenómeno provoca una hipertrofia del cultivo en relación a las posibilidades en la península, por nuestras características ambientales y los requerimientos del aguacatero. Básicamente, esto se solventa colocándolo como un cultivo productivo en las costas de Granada y Málaga, generando problemas importantes con respecto al uso del agua”.

“Son variedades nativas y no seleccionadas por los agrónomos, sino por las sociedades campesinas mexicanas»
En 1996, mientras trabajaba en México, tuvo la oportunidad de obtener un material genético proveniente de aguacateros silvestres. Posteriormente, los trajo a España, dónde los cultivó y estudió en profundidad: “son variedades nativas y no seleccionadas por los agrónomos, sino por las sociedades campesinas mexicanas. Esto cambia totalmente la visión de la planta y de su deseable encaje en la península”. El problema causado por el cultivo de aguacates, reside en gran parte en la falta de una verdadera genética ibérica. Existen muchos ejemplos de plantas herbáceas adaptadas durante décadas, o incluso siglos, pero es distinto con las leñosas: “las variedades autóctonas son neoendemismos ibéricos; hablo de variedades tradicionales, no variedades híbridas. Aunque tenga una variabilidad interna, tiene un nivel de homogeneización genética gestado por los agricultores y por la propia historia. Pero con las especies leñosas de otro ámbito geográfico, la producción orbita en polihíbridos reproducidos mediante clonación (estaquillado o injerto)”. Esto nos lleva a una situación donde la adaptación y la evolución de las especies se ve estancada debido a que no existe una reproducción sexual continuada y una verdadera selección masal: “Lamentablemente, la historia de la agricultura moderna, ha obviado esta cuestión para el caso de los cultivos leñosos, entre las que hemos perdido las selecciones no clonales más valiosas. El gran tesoro de la agricultura son aquellas variedades leñosas de ciclo largo fijadas por vía sexual”.
En el caso del aguacatero, la variedad seleccionada por Salvador es del grupo Drymifolia. Es un grupo subespecífico mexicano con una alta resistencia al frío, una rasgo de gran importancia en términos de adaptación: “la he llamado Drymifolia iberica. Ha aguantado nieve y heladas de hasta 12 bajo cero sin sufrir daños. Esta característica permite abrir el mundo del aguacate en Iberia y sacarlo de esa circunscripción costera. De hecho, lo hemos cultivado en la provincia de Jaén, zona muy inhóspita. Produjeron muchos años de forma abundante, aunque han tenido problemas provocados por el calor en los veranos y la sequedad del aire, pero no precisamente por el frío.”. La otra virtud de esta variedad es la capacidad de evolución y adaptación continuada al medio debido a la fijación genética de sus características por vía sexual. Este es un punto de partida importante para desarrollar intergeneracionalmente verdaderos aguacateros ibéricos neoendemizados”.
Desde el punto de vista nutricional, cuenta que son realmente superiores al resto: “aunque su fruto es más pequeño, su calidad organoléptica no tiene nada que ver. Generalmente, los aguacates del mercado son masas oleosas a las que les hacemos algo para que sepan bien. El Drymifolia es algo totalmente distinto. Para empezar, se come la piel, que es muy fina y similar a la de la uva moscatel. Concentra matices con sabor a anís, canela, clavo y almendra muy intensos, que en sí mismos son una auténtica delicia. No hay aguacates más exquisitos que los del grupo Drymifolia”. Además, afirma que el árbol entero es aprovechable: “la madera es de alta calidad y sus hojas se utilizan para la cocina y para hacer té. Son muy aromáticas y con efectos medicinales: antioxidantes, analgésicas, alivian la acidez estomacal, hipoglucemiantes, reguladoras de la presión arterial, protectoras del corazón, actúan frente a dolores musculares y articulares, etc”.
«Busco personas fiables, dispuestas a asumir esta idea y vincularse a un proyecto colectivo»
Bajo la premisa de encontrar sinergias con agricultores que quieran iniciar un proceso participativo de adaptación, selección y mejora con el objetivo de reproducir la Drymifolia en España, Salvador lanza un llamamiento popular: “busco personas fiables, dispuestas a asumir esta idea y vincularse a un proyecto colectivo. Agricultores dispuestos a observar, a estar comunicados, a reproducir exclusivamente mediante semilla y a no usar otras variedades para evitar la hibridación y verificar entre todos una verdadera selección masal. Obviamente, quien lo reciba va a poder disfrutar de los árboles y su cosecha”.
El llamamiento se hace en función del compromiso y de la viabilidad condicionada por el clima. Interesan zonas húmedas y frescas, con climas relativamente suaves. Propone lugares como norte de Extremadura, costa de Galícia, Asturias, Cantabria, País Vasco y norte de Portugal. Una vez aparezcan los candidatos y candidatas, la propuesta es empezar por pequeñas plantaciones que actuarían como núcleos de planta madre: “generar 4 núcleos de 10 árboles o quizás de 5, para generar grupos reproductivos estratégicos y empezar el proceso”.
La cantidad de ejemplares es escasa y por este motivo, se deben elegir bien las alianzas para distribuirlos de una forma eficaz: “se trata de un tesoro, como los cuadros de Velázquez. Tal vez esta revista pueda ser una buena vía para que personas se postulen y definamos un proceso con unos mínimos, que son importantes, pero bien poquitos”.

Para más información:
Consultar directamente enviando un correo electrónico a Salvador Mesa
s.mesaj@hotmail.com
[1] Salvador Mesa Jiménez – Doctor en biología y especializado en etnobotánica y agroecología
Fotografías: Salvador Mesa Jiménez
