Estrategias para la resiliencia en islas altamente vulnerables ante el cambio climático
Autoría: Aina Calafat Rogers – Coordinadora de Internacional y Alianzas e Incidencia de SEAE
Publicado en la edición 58 de la Revista Ae
Con tan solo 3.640,11 km², Mallorca, a pesar de ser conocida como “la isla de la calma”, a principios del 2025, alojaba ya a 966.908 habitantes y en 2024 recibió 13.396.010 visitantes. Este artículo describe las vulnerabilidades de esta isla y cómo desde el sector agroecológico surge la oportunidad para ser resiliente.

Vulnerabilidad por unos recursos naturales finitos
En una isla, la finitud de los recursos disponibles, ya sean territorio, agua, infraestructuras o servicios, se hace más evidente, al menos para quienes lo habitan. A pesar de contar con limitados e insustituibles recursos hídricos, superficie de suelo fértil y territorio, la presión sobre los mismos sigue creciendo.
Según datos oficiales , el volumen de aguas subterráneas disponibles es de solamente 280,2 hm3, de los cuales, más de la mitad no es apto para consumo humano, ya sea por contaminación por nitratos o por salinización. Los 54,3 hm3 que se regeneran al año, en su gran mayoría presentan elevada conductividad y la inversión energética para la desalinización de 32,3 hm3/año, supone una presión adicional sobre la isla y aumenta su dependencia energética.
Vulnerabilidad por dependencia externa
La demanda energética del turismo en 2024, según la Consejería de Turismo Balear, fue de 6.022.070,6 Megavatios-hora (MWh). Casi un tercio de este consumo, 1.426.059 MWh procede del cable que enlaza con la península, evidenciándose la vulnerabilidad del territorio frente a su dependencia externa. Hecho que contrasta con los solo 417.196 MWh de energía renovable, en su gran mayoría procedente de plantas fotovoltaicas instaladas sobre el ya de por sí limitado suelo fértil disponible.
Haciendo un breve recorrido por la economía de las Illes Balears, vemos que, hasta finales de los 50, fue eminentemente agraria, actividad que se ha visto desplazada desde la entrada del turismo, llegando al momento actual con más del 30 % de las tierras cultivables en situación de abandono. La competencia por suelo, agua e infraestructuras, sumado a unos costes de vida elevados, dificultan la viabilidad de la actividad agraria y también de una vida de calidad para la gran mayoría. Según la European Antipoverty Network, el 16,7% de la población se encuentra en situación de riesgo de pobreza y el 40,1% tiene dificultades para llegar a fin de mes. A esto se suma la elevada presión de una clase alta extranjera que, según la Universitat de les Illes Balears en los últimos años han provocado 3.277 desalojos.
Con unas infraestructuras y servicios dimensionados para atender a las necesidades de la población residente, continuamente se dan situaciones de colapso en carreteras, atención sanitaria, depuración de aguas y gestión de residuos urbanos. Lo mismo sucede con el sistema alimentario.
Vulnerabilidad ante el cambio climático
La vulnerabilidad ante el cambio climático es múltiple y compleja. Por un lado, la presión sobre el territorio y el desplazamiento de la actividad agraria y de gestión forestal favorece la proliferación de incendios forestales, la erosión de los suelos y la pérdida de biodiversidad. Por otro, la falta de suficiencia alimentaria y energética, pudiéndose extender incluso a la de agua potable, evidencia la fragilidad del sistema. A lo que se añade, la dependencia económica de una única actividad amenazada por el Cambio Climático, tanto por la pérdida de atractivo turístico por temperaturas demasiado elevadas como por colapso de los recursos naturales y energéticos necesarios para su desarrollo.
Según país de residencia, el primer mercado en llegada de turistas en 2024 fue el alemán, con 5.029.755 turistas, seguido por el británico con 3.575.603. El mercado español supuso solo un 18,3% del total. El tráfico aéreo supuso 23.230.238 llegadas y el de cruceristas en tránsito, 1.677.381, frente a los 762.726 movimientos en ferry realizados por residentes.
Las cuentas no salen: El impacto individual positivo sobre la economía local asciende a apenas 186,5 € de gasto medio por turista y día, incluyendo gastos de desplazamiento y alojamiento.
“La semilla de la esperanza aparece de la mano del sector agroecológico”
Una oportunidad para la resiliencia
En medio de este panorama, la semilla de la esperanza aparece de la mano del sector agroecológico, que no solamente desarrolla su actividad económica internalizando costes y contribuyendo a la conservación del territorio y de la salud de las personas, del ambiente y del Clima, sino que además dinamiza y diversifica la economía local.
En los más de 30 años de recorrido de la producción ecológica de Mallorca, el sector se ha ido estructurado para dar respuesta a sus necesidades y las de las consumidoras isleñas, para llegar a fecha de hoy contando con una asociación de operadores ecológicos (APAEMA), organizada en grupos de trabajo sectoriales y con una ADV (Agrupación de Defensa Vegetal) para el acompañamiento técnico a la producción. Además cuenta con una Cooperativa (Pagesos Ecològics de Mallorca), una asociación para la defensa de las variedades vegetales tradicionales y autóctonas (Varietats Locals de Mallorca) sin obviar, el papel que a lo largo de la historia ha ejercido la autoridad de control pública, el CBPAE.
El enfoque ha sido desde siempre el fomento de un sistema alimentario territorializado, ecológico y justo. Además de la organización de la oferta de productos ecológicos locales, con la creación de mercados ecológicos semanales, la introducción de alimentos ecológicos en comedores escolares, el establecimiento de un obrador comunitario y el acuerdo entre Cooperativa y un hotel para el suministro de alimentos ecológicos locales y el compostaje de restos vegetales de la cocina del hotel.
La consolidación del servicio de asesoramiento ecológico y de formación especializada se complementa con el apoyo a los huertos escolares y sociales y el trabajo de promoción en ferias y mercados.
Desde 2019, y culminando con el proyecto EcoTerRes, SEAE, APAEMA, la Iniciativa Tramuntana XXI, Alba Sud, el Consorci de la Serra de Tramuntana y 7 ayuntamientos de la Serra, han trabajado junto a los agentes locales en la definición de una Estrategia para dinamizar la economía local y promover su resiliencia y sostenibilidad basándose en la producción y el consumo de productos ecológicos locales.
La Serra de Tramuntana fue declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2010 y se encuentra amenazada por abandono de zonas forestales y suelo agrario (incendios, plagas, erosión de suelos, etc.) por la presión por usos no propios del suelo rústico. En este sentido, se han desarrollado talleres participativos y entrevistas para identificar necesidades, proponer acciones y priorizarlas en una hoja de ruta. Algunos de los resultados de mayor impacto de este proceso han sido la recuperación de los cultivos en parcelas en desuso creando una cooperativa de gestión comunitaria de la tierra, y la creación de la Asociación Conream la Serra, para el apoyo a pequeñas fincas agrarias y forestales.
Contar con un marco legal que lo ampare, a través de la futura Ley de la Serra de Tramuntana, sería un gran paso.
EcoTerRes cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, a través de la Convocatoria de subvenciones para la realización de proyectos que contribuyan a implementar el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (2021-2030).
Las opiniones y documentación aportadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor o autores de los mismos, y no reflejan necesariamente los puntos de vista de las entidades que apoyan al proyecto.

