Autoría: Grupo “Lluvia tóxica” (Ecologistas en Acción, WWF, SEAE y otras entidades.)
El párkinson es el trastorno neurodegenerativo que más rápido crece en el mundo. Su prevalencia se ha duplicado en apenas veinticinco años y ya alcanza a más de diez millones de personas. La genética, sin embargo, explica una parte pequeña del problema. Según la comunidad científica, solo entre el 5 y el 10 % de los casos tienen ese origen; el resto apunta al entorno. Y dentro del entorno hay un factor que quienes trabajan en agricultura conocen de cerca: los plaguicidas.
Desde principios de siglo, sucesivas revisiones sistemáticas con metaanálisis han apuntado en la misma dirección. La síntesis más reciente, publicada en 2026, depura las diferencias metodológicas que hasta ahora debilitaban esa evidencia. Su conclusión es clara. Cualquier exposición a plaguicidas a lo largo de la vida se asocia con un incremento del riesgo de desarrollar la enfermedad de en torno al 80 %. La asociación se sostiene tanto en la exposición profesional como en la doméstica, crece con herbicidas e insecticidas —el paraquat figura entre los señalados— y, según los datos, sin sesgos de publicación que la maquillen. Son probabilidades en poblaciones, no sentencias individuales, pero la dirección de la evidencia es inequívoca.
Buena parte de las personas afectadas son agricultoras y agricultores que han trabajado durante décadas rodeadas de lo que en muchos pueblos se llama, sin más, “los líquidos”. El documental Párkinson tóxico, del fotoperiodista Santi Donaire junto a Alba García Fijo, pone rostro y voz a esa realidad. Reúne testimonios de personal científico y de trabajadoras y trabajadores del campo que enfermaron tras años de contacto con estos productos. Esta pieza audiovisual se estrenó en el XVI Congreso Internacional de SEAE (Iruña/Pamplona en abril de 2026) y está disponible en YouTube.
¿Cuál es la paradoja en todo esto? Que Italia reconoció el párkinson como enfermedad profesional en 2008, Francia en 2012, y Alemania ha completado su incorporación a la lista de enfermedades profesionales en 2026, tras dictamen científico en 2024. En esos países, quien enferma por su trabajo accede a una compensación que, en el caso francés, alcanza también a las personas cuidadoras. El Estado español, en cambio, no lo reconoce. Lo hace siendo, además, uno de los Estados que más plaguicidas comercializa de toda la Unión Europea.
Por eso Ecologistas en Acción, SEAE y WWF reclaman tres medidas concretas. Al Ministerio de Trabajo, que reconozca el párkinson como enfermedad profesional en personas expuestas a plaguicidas. Al Ministerio de Sanidad, que impulse estudios epidemiológicos sobre su incidencia en la actividad agraria, ausentes hasta hoy. Y al Ministerio de Agricultura, que revise el Marco de Acción Prioritario sobre el uso de plaguicidas e incorpore objetivos de reducción vinculantes y ambiciosos, la única vía real de prevención.
Reconocer es reparar, pero también informar y prevenir, que importa mucho. Más de 150.000 personas conviven aquí con la enfermedad y cada año se diagnostican unos 10.000 casos nuevos; las previsiones apuntan a que la cifra podría triplicarse en tres décadas por el envejecimiento de la población. Detrás de cada cifra hay una persona que manejó esos productos sin conocer del todo lo que respiraba. Negar el vínculo no lo hace desaparecer; al contrario, deja sin amparo a quienes producen nuestros alimentos. La ciencia y el campo ya han puesto la evidencia sobre la mesa, y la producción ecológica demuestra cada día que se puede cultivar sin tóxicos. Falta que la Administración lo lea y actúe en consecuencia.
Si compartes esta reivindicación, puedes sumar tu adhesión a la petición aquí: https://agroecologia.net/firma-parkinson-enfermedad-profesional-plaguicidas/
