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“Culto al cuerpo”, por Gustavo Duch

Quizás alguna de vosotras que formáis parte del tejido agroecológico, también habéis recibido la nota de prensa de Promperú (Comisión de Promoción del Perú para la Exportación y el Turismo (PROMPERÚ) titulada «Perú, la superdespensa aliada del veganismo». De ella podemos destacar este fragmento: «El país andino se consolida como una superdespensa global de productos naturales y orgánicos, ricos en nutrientes, vitaminas y proteínas, desde superfrutas como la chirimoya hasta supertubérculos como la yuca.  En el año 2022, las exportaciones del sector alimentos en España alcanzaron los 690 millones de euros, con el sector agropecuario representando el 68% del total. Entre los principales productos destacan los aguacates; con 121 millones de euros exportados a España, el pimiento de piquillo, con 45 millones de euros; los espárragos en conserva, con 35 millones de euros; las uvas frescas, con 34 millones de euros; los espárragos frescos y las alcachofas en conserva, con 27 millones de euros exportados de cada productos. Así, Perú se presenta como un aliado indispensable para quienes adoptan un estilo de vida vegano y respetuoso con el medio ambiente

Otras súpercifras que no ofrece la nota de prensa de Promperú tienen que ver con que una de cada tres personas de su población padecen lo que se conoce como pobreza monetaria, es decir, no pueden cubrir los costes de la canasta básica, situando al Perú como el segundo país sudamericano con la peor seguridad alimentaria.

Las pasadas semanas, la revista Soberanía Alimentaria presentamos la campaña #NoÉsBo, con el objetivo de poner atención a las nuevas tendencias agroexportadoras del Sur al Norte global. Hace mucho que se habla de las injusticias del sistema alimentario globalizado, pero parece ser que ahora, algunas de éstas se sostienen por la aspiración de la población del norte de vivir dentro de unos cuerpos perfectos, que irradien una salud envidiable, para mostrar en las redes sociales y que nos alarguen la vida más allá de lo imposible. La nota de prensa lo vuelve a confirmar.

La cultura occidental, entre otras cosas, nos ha hecho creer que los seres humanos somos superiores al resto de seres vivos a los que, junto con el resto de naturaleza, se ha permitido convertir en simples mercancías para alimentar el hambre de ganancias, el otro gran dogma de esta cultura. Dos paradigmas que históricamente han empujado a numerosas empresas coloniales. En su momento con esclavos importados (mercancías también) de África se modificó el paisaje americano en monocultivos para el algodón o la caña de azúcar, igual que ahora, la población local campesina de estos países ven como sus formas de vida, ligadas a sus montes, ríos y selvas, son arrasadas para dejar espacio a las plantaciones de aguacates o espárragos.

Pero esta cultura occidental sigue en su cruzada y ya no solo somos seres superiores, ahora también debemos de ser seres divinos. De los cultos animistas donde los dioses se llaman tierra, Sol o árboles, se pasó al monoculto de un único Dios, que ahora ha quedado desbancado bajo el culto a nuestros cuerpos. De la agricultura que, etimológicamente, es rendir culto a la tierra, hemos dispuesto que la tierra rinda culto a nuestros cuerpos y no es equivocado afirmar que los patrones de belleza están afeando el mundo. Que la salud de unos cuerpos están enfermando al cuerpo común. Y que las modas de quienes se creen en derecho a decidir sus dietas están generando hambre.

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