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Avances y desafíos del proyecto “Manejo integral de bosque en comunidades indígenas Chiquitanas (Bolivia) mediante sistemas de producción agroecológica”

Agroecología para transformar el manejo del Bosque Seco Chiquitano, es la iniciativa presentada durante el XV Congreso Internacional de SEAE y II Congreso Extremeño de Agroecología, que están llevando a cabo desde la Asociación de Organizaciones de Productores Ecológicos de Bolivia (AOPEB) [1]  junto a la asociación extremeña Rebibir y la ONG Alianza de Solidaridad Extremeña (ASE). Está financiado por la AEXCID, Agencia de Cooperación Extremeña de la Junta de Extremadura.

Aprendemos de su experiencia en esta conversación con Leiner Mayser (responsable y Técnico Agroforestal del proyecto), Bismar Chore Abacay (Técnico Agroforestal del proyecto) y Ernesto Mejía, (cooperante expatriado de la organización extremeña Rebibir y ASE) que nos permite conocer más de cerca este proyecto de cooperación que beneficia a 47 campesinos/as y, por tanto familias, de 5 comunidades sitas en el municipio de San Ignacio de Velasco (Santa Cruz, Bolivia).

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por Sara Serrano Latorre
Revista Ae

¿En qué consiste el proyecto y qué hacen ustedes como técnicos?

LEYNER: Años atrás, la gente acostumbraba al chaque: tumbar árboles y quemar. Como MINGA siempre se ha trabajado así con los sistemas agroforestales pero ahora se promueve trabajar con chacos o parcelas sin quema, donde se limpia por debajo y se deja toda la cobertura vegetal arriba. Conservando esto, se trata de introducir los cultivos que se deseen bajo manejo agroecológico. En realidad, los campesinos siempre lo han hecho así aunque no lo conocieran con el nombre de “agroecológico”. 

Bismart y yo, somos los técnicos que salimos a las 5 comunidades a atender a los 47 beneficiarios y nos dedicamos a la capacitación de pequeños productores/as sobre manejos de los sistemas agroforestales, además del tema de documentos de cada beneficiario. Coordinamos lo comunario como la siembra, la entrega de herramientas, de plantines, semillas… O por ejemplo, cuando hay alguna plaga o enfermedad, se les explica sobre cómo prevenirla, se le entregan productos orgánicos o se les enseña los que pueden preparar ahí mismo, en la comunidad con los mismos beneficiarios. Básicamente es dar asesoramiento y herramientas para poder sostener sus producciones. 

BISMAR: Así es, nuestro trabajo (Leyner y Bismar) consiste en realizar las asistencias técnicas sobre sistemas agroecológicos, trabajando directamente con los productores comunarios. Ellos son los protagonistas y los que son realmente sabios y llevan adelante el proyecto. Por nuestra parte, tenemos una gran misión y también una gran responsabilidad con nuestros productores teniendo en cuenta que el factor climático está en contra. Eso conlleva un gran trabajo para motivar a los productores a seguir trabajando bajo este sistema agroecológico. 

Ponernos en contexto: ¿por qué este proyecto se desarrolla en el Bosque Seco Chiquitano? ¿Qué circunstancias han llevado a plantearlo?

ERNESTO: La provincia Velasco (en Santa Cruz) está compuesta por los municipios de San Miguel, San Rafael y San Ignacio. Para ponernos en contexto sobre el territorio, el municipio de San Ignacio de Velasco, capital de provincia, tiene 50.000 habitantes y tiene que gestionar una superficie de 4,8 millones de hectáreas (ha). Yo que vengo de Extremadura, esta extensión me parece brutal porque Extremadura tiene 4,1 millones de ha y aquí, un solo municipio, tiene 4,8 millones de ha. El municipio tiene parte de Bosque Seco Chiquitano y otra, digamos, es el alto Paraguá, una zona intermedia entre el Chaco y la Amazonía. 

El Bosque Seco Chiquitano es una zona que está muy azotada por los incendios forestales 

En 2019, en Bolivia pero en especial en la zona que estamos hablando, hubo un gran incendio, lo que se conoce como megaincendio, de categoría 6. Son incendios que nunca se han dado antes y ahora sí, y tienen mucho poder destructivo. Y si bien algunos ecosistemas soportan los incendios, el ecosistema del Bosque Seco Chiquitano es muy crítico, le cuesta mucho recuperarse. En ese incendio en 2019, en Bolivia se quemaron 5 millones 357 mil ha de las cuales la mayoría estaban en la Chiquitanía. Y de ahí, en el territorio municipal de San Ignacio de Velasco, porque como digo es muy extenso. 

BISMAR: Destacar también que acá mayormente predomina la agricultura en grandes extensiones como la soja, el sorgo… Eso significa que se está dejando muy de lado a las comunidades, y dificultando poder seguir con el trabajo que mayormente hacen, que es una agricultura de sostenibilidad, de autoconsumo… y si hay algo de excedente, para comercializar.

Es complicado: tenemos un monstruo de agricultura expansiva y nuestras iniciativas son como oasis en el desierto. Pero tenemos la decisión de seguir trabajando para poder contribuir con nuestras comunidades indígenas.

¿Cuál diríais que es una de vuestras mayores limitaciones?

BISMAR: El agua. El Bosque Seco chiquitano cuenta con periodos de sequía pero estos periodos se han ido expandiendo. Hemos pasado de los 1800/2000 ml anuales a los 600/900 del último año. Es la mitad de lo que llovía antes y por eso la temporada de siembra para los productores se ha salido de contexto, es decir, siembran en su época pero ya no llueve, y ello repercute en una pérdida de su cultivo. 

Además, antes llovía constante durante 6 meses. Ahora te cae la misma cantidad pero en 1 solo mes. El suelo no tiene capacidad de infiltración y también se convierte en un problema.

LEYNER: Así es, nuestra mayor preocupación es la sequía. Es triste que haya gente que tenga disponibilidad y disposición de trabajar pero el estrés hídrico les afecta. Por mucha inspiración que tengan para sembrar su chaco, llega la sequía y no ven su producción. Un productor agroecológico me contaba que antes llovía más que ahora y eso les permitía sacar su producción a vender, inclusive para su consumo, y para sus animales. Él tenía como 2 o 3 ha de Chaco y le producía bien. Pero llegó esta época de sequía y muchos como él, se desmoralizan y abandonan sus chacos porque no producen lo esperado. Prefieren trabajar para algunas propiedades ganaderas y se van de vaqueros.

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¿De qué modo estáis intentando hacer frente a este factor limitante?

BISMAR: Por un lado, recordar que en el 2019, cuando se iniciaron los incendios, también tuvimos un problema de agua a nivel ciudad, en San Ignacio de Velasco, con restricciones del uso del agua de 1 o 2 horas al día. Nuestra represa, la principal fuente de agua, llegó a secarse porque no tenemos un arroyo que mantenga la afluencia de agua constante sino que son cuencas y caudales que cuando llueven arrastran el agua.  

Por eso, todo proyecto que contemple hacer un atajado, un pozo o una captura de agua se necesita cumplir muchos requisitos a nivel municipal y departamental, para que estas construcciones hídricas no impidan el curso del agua en las cuencas a la represa. 

Y por otro lado, señalar que hay algunos proyectos han hecho captación de agua de lluvia, pero cosechan agua para reservar y suele estar cerca de las casas. Esto no podría hacerse en algunas parcelas porque el espacio lo ocupan mayormente para sus plantas y como el chaco está más lejos, es complicado el traslado de tanques de agua. 

En las comunidades tienen sus atajados pero es para la ganadería, para sus animales. Estaría bien que tuvieran sus atajados cerca de los chacos y así en época de sequía poder bombear y hacer su sistema de riego. Esto es lo que se quiere hacer en la comunidad de Carmencita. 

LEINER: Sí, estamos trabajando en la construcción de un atajado con el objetivo de captar agua para un sistema de riego que se va instalar en la comunidad de Carmencita y esperamos que todo vaya bien. Va a ser el primer proyecto que hay en San Ignacio por lo que es una parcela demostrativa, en la que se podrá valorar la experiencia con sistemas de riego. Si todo sale bien, después otros proyectos o el mismo proyecto podrán implementar esta experiencia en otras comunidades.

Si todo sale bien, después otros proyectos o el mismo proyecto podrán implementar esta experiencia en otras comunidades

ERNESTO: Comentar que hemos visto que los costos de los pozos son inasumibles: en una propuesta de un proyecto de cooperación se iría prácticamente toda la financiación en el pozo. Ir al subsuelo es muy difícil y muy complicado, en lo técnico y en lo económico. Por eso, también hay una labor de incidencia fuera con la gente AOPEB, con su presidente Diego Oswaldo Lino Olivares, que está solicitando al gobierno o a instancias digamos departamentales o nacionales, colaborar para llevar a cabo un pozo. 

Por el momento, también seguimos viendo otras experiencias en diferentes comunidades que no trabajan en este proyecto para ver qué sistema de captación de agua es más eficaz y se adecúa más para que sea utilizado solamente para para las prácticas agroecológicas y no para el ganado.

Pero un año de proyecto es insuficiente… No podemos recopilar y analizar todos esos datos que necesitamos para ver qué es lo que realmente funciona, sobre todo con el tema del agua. Por ejemplo, pensando en mantener las producciones vivas hasta que termine la temporada seca, debemos tener en cuenta que hay sistemas agroforestales que ya están más establecidos, que llevan más años y por tanto, tienen más sombra y cobertura vegetal y hay otros sistemas que se están implementando actualmente y que tendrían otras necesidades. Seguimos estudiando para la segunda fase del proyecto, cuál sería la mejor manera de gestionar la captación de agua para beneficiar a los máximos productores. 

¿Qué otro tipo de limitaciones se encuentran los productores agroecológicos de este proyecto?

BISMAR: Un limitante de la producción es la presencia de plagas, que mayormente no habían en nuestras comunidades pero que ahora ya las hay. Es el caso del maíz, la campaña de verano acá en la mayoría de las comunidades ha fracasado porque se ha presentado una plaga que es la cigarrita, que el comunario no la conocía o si había antes pero en una menor cantidad que no afectaba en gran escala a toda tu producción.

El problema es que alrededor de nuestras comunidades tenemos plantaciones de cultivos extensivos de maíz, donde esta plaga se ha fijado y ha migrado a nuestras comunidades. Como están acostumbrados a no aplicar ningún producto químico, se trata de prevenir y en eso trabajamos, en poder ayudarlos con productos agroecológicos, productos orgánicos, como son los caldos minerales y que mayormente son preventivos y no curativos. 

LEYNER: También ocurre que los productores traen al pueblo a vender sus productos cultivados en el chaco pero la gente de acá no está acostumbrada a consumir lo que se produce aquí mismo en el pueblo, en las comunidades. Por ejemplo, hay huertas que hacen lechuga, algún tomate… sin aplicar productos químicos. Pero también hay comerciantes que traen de Santa Cruz esos mismos productos con químicos. Entonces, cuando la gente pregunta por el precio de 1 kg de tomates, prefieren comprar los de fuera sin saber que están tratados. Hay veces que los productores locales tienen que dejarlo más barato para no volver de nuevo con su carga a la comunidad. 

ERNESTO: Hay una una falta, no sabemos si es de educación o de voluntad política, para darle sustento a este tipo de agricultores agroecológicos que tiene MINGA. MINGA tiene unas instalaciones grandes, toda la maquinaria, todos los procesos Y gente especializada en esos procesos. Está centrado en el café y en la almendra chiquitana – pero tiene una infraestructura que le permitiría trabajar con otros alimentos.

Pero al verse disminuida la producción de café por la sequía en estos últimos años, eso ha hecho que los ingresos de MINGA hayan bajado brutalmente poniendo en riesgo su existencia. Comentaba con los compañeros que se están proponiendo políticas de compra pública en España, es decir, que una institución pública como es una escuela, un comedor público, un hospital o una misma alcaldía puede, bajo legislación, priorizar el consumo de cercanía, el agroecológico… 

Y por ejemplo, aquí en las escuelas les dan a los niños una bolsita de yogur líquido. Entonces, estamos pensando en una experiencia piloto para la segunda fase del proyecto en la que ofrecer a las autoridades hacer esos yogures más baratos con, por ejemplo, pulpa de los cultivos de acerola. La MINGA tendría capacidad de acopiar los frutos, despulparlos y conservar la pulpa. Sería una iniciativa de comercialización y de compromiso local, en la que los colegios tendrían accesible un alimento saludable y de cercanía que beneficia tanto a los niños como a los productores. 

¿También estáis impulsando el reconocimiento de la almendra chiquitana, cierto?

BISMAR: Precisamente la MINGA inició esa Iniciativa de aprovechar la almendra chiquitana como producto comercializable. La almendra chiquitana se utilizaba en las comunidades mayormente como un alimento pero no a nivel comercial. Entonces la MINGA y la Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano (FCBC), impulsaron esta iniciativa para poder comercializarla.

¿Qué ocurre? Que de un tiempo a esta parte han entrado otras empresas a acopiar la almendra chiquitana, lo que supone una competencia para la misma asociación. Estas empresas tienen mucho más recursos para acopiar que la MINGA y además, la compran como materia prima para venderla toda al exterior. Solo la MINGA ofrece almendra chiquitana o por ejemplo, una harina de almendra, lo que hace que el consumo local sea muy limitado. 

ERNESTO: Por eso en la fase final del proyecto, trabajaremos para que el gobierno declare la almendra chiquitana patrimonio nacional, es algo así como una denominación de origen. Si bien la almendra chiquitana es lo mismo que el baru brasilero, pero con una calidad mucho más superior, tal y como señalan distintas mediciones y estudios en cuanto a los datos nutritivos, proteínas…

El objetivo es que el gobierno se comprometa mediante ley para poner la almendra chiquitana en valor, y su impacto vaya más allá de lo nacional.

¿Qué avances destacarían en estos primeros meses de ejecución del proyecto?

ERNESTO: El proyecto se inició oficialmente el 15 de diciembre y concluye el 14 de diciembre del 2024. Ya sabéis, a veces pues las condiciones y los cronogramas son una locura: una cosa es lo que se proyecta sobre el papel y otra cosa es cómo implementar eso que está proyectado en el tiempo correspondiente. 

BISMAR: Hasta ahora llevamos un corto tiempo con el proyecto y es pronto para mostrar resultados en lo productivo pero sí en lo organizacional dentro de las comunidades. Vemos que uno de los avances es motivar e incentivar a las familias a seguir con esta iniciativa o con este proceso de implementación de los trabajos de los sistemas agroforestales y agroecológicos. Hay familias o comunidades que lo están asimilando mucho más que otras pero este el trabajo en sí está encaminado y vamos avanzando a un buen ritmo. 

A pesar del factor climático, las familias están viendo que es una mejor alternativa para seguir produciendo dentro de sus parcelas, de sus chacos y dentro de la misma comunidad. Eso es uno de los grandes avances.

LEYNER: Otra cuestión muy importante dentro del proyecto es la formación y capacitación de los mismos comunarios para formar brigadas de bomberos dentro de nuestras comunidades. Servirán de alerta temprana para contrarrestar los incendios forestales y se les dotará de herramientas y equipos para que estén preparados para cualquier incendio que se nos pueda presentar, y actuar para mitigarlo antes de que sea algo incontrolable. 

¿Y hay relevo generacional en esas familias?

BISMAR: En algunos casos sí y en otros no. Los jóvenes prefieren venir a la ciudad o irse a la capital, a Santa Cruz, en busca de mejores ingresos. Y eso está generando también un abandono de sus comunidades, de su área productiva.

Pero también encontramos jóvenes comprometidos como Manuel, en la comunidad de San Francisco. Él trabaja una huerta con su familia, no debe tener más de de 20- 22 años, y está muy metido en el tema de la producción agroecológica. 

Hay mucha iniciativa pero también requieren de bastante apoyo para que esto pueda seguir funcionando dentro de nuestras comunidades y que nuestros jóvenes puedan, dentro de sus comunidades, seguir motivados en el tema productivo agroecológico.

Y por último, ¿qué me contáis en cuanto a la capacitación en tema de género?

ERNESTO: Es otra de las acciones siguientes del proyecto. Se van a hacer capacitaciones en liderazgo, incidencia política y en roles de género (durante julio y agosto). Pero en las comunidades ya se va trabajando el tema de género y roles de género, pues es una de las partes más importantes de la agroecología: hay muchas mujeres que son lideresas en esas comunidades y que trabajan sus chacos y reparten ese conocimiento con su comunarios. En la mayoría de las comunidades son las mujeres las que lideran las producciones agroecológicas y las que están más activas.


REVISTA AE Nº54: “Producción ecológica, comprometida con nuestra tierra, gente y alimentos”. PRIMAVERA 2022

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