La RECUPERACIÓN de los suelos agrícolas tras una DANA es esencial para restaurar su fertilidad, prevenir daños futuros y garantizar la sostenibilidad de las actividades agrícolas.
Autoría: Dr. Carlos Garcia, Profesor de Investigación “AD HONOREM” (CEBAS-CSIC)
El pasado 29 de octubre de 2024 se produjo un enorme desastre en la zona de Valencia debido a una DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos), tanto en lo que respecta a la pérdida de vidas humanas, como de bienes materiales y lo que ello conlleva para la economía de esa zona. En este sentido, un aspecto clave que ha sufrido esos efectos drásticos de la DANA es la actividad agrícola de la zona, básica para su sostenibilidad económica.
Como parte fundamental dentro de la actividad agraria, me gustaría señalar la importancia del SUELO en el contexto de una “agricultura sostenible”, y lo que el paso de una DANA tan severa como la ocurrida en Valencia (intensidad de las precipitaciones, y condiciones colaterales desastrosas), ha podido provocar sobre dicho suelo. Bajo mi perspectiva, si queremos conseguir una agricultura sostenible tanto ambiental como social y económica, debemos preocuparnos de nuestro suelo, como recurso natural que es. Debemos protegerlo y conservarlo para que pueda aportar los servicios ecosistémicos para los que está destinado (producción de alimentos, regular inundaciones, y sobre todo, incidir positivamente en el secuestro de carbono en los suelos, algo básico capaz de mitigar los efectos del cambio climático, y de mantener su funcionalidad, fertilidad edáfica y biodiversidad); todo ello redunda sin duda en suelos saludables. Diversas publicaciones europeas (Mission Soil Manifesto, 2023); The state of soils in Europe, 2024), ponen claramente en valor la importancia que el suelo ha adquirido para Europa en los últimos años.
Algunos de los problemas que se pueden producir sobre los suelos agrícolas POST-DANA, y que los perjudican en lo que respecta a su fertilidad edáfica, su biodiversidad edáfica, y su salud, se señalan a continuación:
- Pérdida de fertilidad del suelo. Los más que probables procesos de erosión superficial, arrastrarán la capa más fértil del suelo agrícola; los fertilizantes y pesticidas aplicados en los cultivos pueden ser arrastrados por el agua hacia otros terrenos o masas de agua, dejando los suelos más pobres y contaminando el entorno. Además, se puede producir problemas de lixiviación de nutrientes, ya que pueden ser disueltos por las aguas de arrastre, y migrar hacia capas profundas, con lo que ello supone de posible contaminación cuando elementos como el N o el P se movilizan.
- Pérdida de materia orgánica. Unido a lo indicado en el punto anterior, se puede esperar que los suelos post-dana pierdan carbono orgánico, y con ello materia orgánica; la implicación entre la fertilidad y productividad de los suelos, y su contenido en materia orgánica, es clave; y los arrastres de la capa más superficial del suelo, aquella que más carbono orgánico tiene, es el posible origen de la mencionada pérdida. Se recuerda que el carbono orgánico es clave para mantener la calidad y salud de los suelos, así como su biodiversidad (Garcia et al., 2018).
- Compactación del suelo, y posible saturación de agua. La fuerza del agua al impactar en un suelo desprotegido, así como el peso del agua acumulada pueden compactar el suelo, reduciendo su porosidad y afectando negativamente a sus propiedades físicas. Asimismo, la acumulación de agua en suelos agrícolas puede provocar la muerte de plantas debido a la falta de oxígeno en dicho suelo (asfixia radicular). Además, si se generan suelos inundados, se alterará la actividad de determinados microorganismos beneficiosos como, por ejemplo, bacterias fijadoras de nitrógeno. Si con la DANA llegan a los suelos aguas residuales, algo que es muy probable, y se produce estancamiento de agua en determinados suelos, también se podrían producir la proliferación de microorganismos patógenos que pueden afectar además de a dichos suelos, a la salud de las personas
- Efectos negativos sobre textura y estructura de suelos. En suelos con texturas finas (como los arcillosos), la lluvia intensa puede formar una costra superficial. Asimismo, en terrenos agrícolas situados en valles o zonas bajas, el agua puede depositar sedimentos, lo que cambia las características del suelo, adicionando al mismo en ciertos casos (si el sedimento es fértil), elementos positivos, aunque también puede depositar materiales pobres o incluso contaminantes. No es descartable tampoco que el agua pueda formar surcos y cárcavas, afectando la uniformidad del terreno y complicando futuras labores agrícolas
- Efectos negativos sobre la vegetación. El exceso de humedad favorece el desarrollo de hongos y bacterias perjudiciales para los cultivos. Las condiciones húmedas también pueden atraer plagas como caracoles, babosas o ciertos insectos.
La RECUPERACIÓN de los suelos agrícolas tras una DANA es esencial para restaurar su fertilidad, prevenir daños futuros y garantizar la sostenibilidad de las actividades agrícolas. Previo a proponer algunas estrategias de recuperación de suelos, interesa señalar la necesidad de realizar una exhaustiva monitorización de los mismos durante dicha recuperación. Si fuese posible, sería útil disponer de datos anteriores a la DANA, para conocer el estado de los suelos antes de dicha DANA. Se necesita conocer la pérdida de nutrientes, de materia orgánica, su compactación, su posible salinización, y la contaminación sufrida (si la hay) debido a arrastres de suelos agrícolas, urbanos o industriales: metales pesados, hidrocarburos, pesticidas…. Sería deseable un buen mapeo de daños, identificando áreas muy afectadas, como zonas muy erosionadas, inundadas o con formación de cárcavas, para poder contemplar un posible plan diferente de restauración para dichas zonas.
A continuación, se describen algunas estrategias clave para abordar esta recuperación:
- Restauración de la “vida” del suelo, y de su estructura. Abogamos por la incorporación de materia orgánica externa (carbono orgánico), siempre que sea de “calidad” (compost, estiércol, residuos de cultivos o agroalimentarios exentos de contaminantes, etc.), incorporados con el mínimo movimiento del suelo para evitar mineralización de la propia materia orgánica. La materia orgánica conseguirá además mejorar la estructura del suelo, aumentando su retención de agua, incrementando su carbono orgánico, y recuperando su actividad microbiana.
- Sobre el manejo del agua. Sería bueno disponer de una vegetación que facilite procesos de infiltración, reduciendo los efectos del agua sobre el suelo. Es posible también que interese mejorar el drenaje construyendo canales de infiltración para evitar el encharcamiento futuro, así como rehabilitar arroyos dañados para evitar inundaciones recurrentes.
- Control de la erosión. Sería recomendable incorporar cubiertas vegetales “temporales”, sembrando plantas de rápido crecimiento (como leguminosas o gramíneas) para proteger el suelo de la erosión y fijar nutrientes. Esas cubiertas vegetales incorporarán carbono orgánico al suelo, lo que permitiría iniciar ciclos biogeoquímicos de elementos de interés como el C, N y P.
- Estrategias para suelos saludables. Contemplar el uso de cubiertas vegetales con cultivos y abonos verdes, sembrando los que aporten nitrógeno al suelo, como leguminosas (trébol, alfalfa), y luego incorporarlos como materia orgánica. Apostar por rotación de cultivos. Asimismo, reponer nutrientes con fertilizantes orgánicos (si es posible), o el uso de bioestimulantes y biofertilizantes, que gestionen esa reposición de nutrientes y recuperación vegetal sin necesidad de usos abusivos de químicos, plaguicidas, etc.
Deberíamos ser capaces de contemplar el desastre generado por la DANA sobre la agricultura y sus suelos afectados, como una posible “OPORTUNIDAD”
Deberíamos ser capaces de contemplar el desastre generado por la DANA sobre la agricultura y sus suelos afectados, como una posible “OPORTUNIDAD”. Sabemos que, si queremos una agricultura de futuro, interesaría transicionar hacia agroecosistemas que sean respetuosos con el medio ambiente, con nuestra sociedad, y que puedan a la vez ser económicamente rentables. ¿Por qué no iniciar este cambio de modelo, en un momento crítico (después de una DANA severa), donde se necesita un plan de recuperación sensato y lógico para esos suelos agrícolas? Aplicar diversas estrategias de las mencionadas en este artículo, no solo acelerará la recuperación de suelos agrícolas después de una DANA, sino que fortalecerá el suelo contra futuros eventos extremos, promoviendo la resiliencia agrícola y la sostenibilidad del ecosistema.
REFERENCIAS:
- Garcia, C., Nannipieri, Paolo; Hernandez, M.T. The future of soil Carbon: Its conservation and formation. Edited by Garcia, C., Nannipieri, P and Hernandez, M.T. 267 pgs. ELSEVIER.
- «The State of Soils in Europe» elaborado por el Centro Común de Investigación (JRC) y la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA). DOI: 10.2760/7007291 (para el formato digital) o 10.2760/5897030 (para la versión impresa)
- Unión Europea. Mission Soil Manifesto. 2023, https://ec.europa.eu/soil-health

