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Estudio sobre el cáncer de mama

Un estudio Ejemplar e Inquietante

Se resumen los resultados de un estudio concluyendo que debemos poner mayor atención en encontrar y controlar las causas ambientales del cáncer de mama (como algunos disruptores endocrinos) que operan en el vientre materno y causan enfermedades visibles años después del nacimiento.

Publicado en la Revista Ae edición 31:  Alimentación Ecológica “Curarse en Salud”. 

Parece que fue mucho y muy lejos: el estudio empezó en California entre 1959 y 1967. En esos 8 años las investigadoras recogieron sangre de 20.754 mujeres embarazadas. La media de edad de las chicas era de 27 años. Esas muestras de sangre se guardaron en congeladores a -20ºC. Desde entonces y hasta 2013 – durante 54 años, ¡que se dice pronto! − las investigadoras hicieron un seguimiento de las niñas y niños nacidos; el seguimiento consistió básicamente en averiguar las principales enfermedades que se les diagnosticaban a lo largo de la vida. Estas mujeres dieron a luz a unas 9.300 niñas.

Esas niñas nacidas entre 1959 y 1967 hoy tienen entre 50 y 60 años aproximadamente. Han tenido pues un cierto tiempo para desarrollar un cáncer de mama y, en concreto, 118 ya lo han tenido; todas antes de los 52 años.

Hace poco, las investigadoras descongelaron una muestra de sangre de las 118 madres cuyas hijas han tenido un cáncer de mama y otra muestra de 350 madres (madres “controles”) cuyas hijas no han tenido esa enfermedad. Acto seguido compararon los niveles de ciertas sustancias en la sangre de unas y otras madres.

¿Qué sentido tiene comparar los niveles o concentraciones de ciertas sustancias en la sangre de madres cuyas hijas han desarrollado o no un cáncer de mama? La principal razón es que numerosos estudios han mostrado que algunas exposiciones laborales y ambientales que los fetos experimentan (exposición a tóxicos, nutrientes saludables, desnutrición, tabaco) contribuyen a causar o a prevenir enfermedades que se manifiestan décadas después del nacimiento, durante la infancia y en la edad adulta; como por ejemplo las diabetes tipo 2, hipertensión y otras enfermedades cardiovasculares, algunos cánceres, enfermedades pulmonares y renales, osteoporosis, trastornos reumatológicos y hormonales.

Las tres sustancias que se analizaron en la sangre de las madres fueron el p,p’-DDE, que es el principal compuesto en el que se degrada el plaguicida DDT; el p,p’-DDT, que es la principal sustancia de dicho plaguicida; y el o,p’-DDT, otra sustancia contenida en el plaguicida comercial. Estas sustancias son disruptores endocrinos (perturban el sistema hormonal) y, entre otros efectos, tienen actividad estrogénica (imitan y perturban a los estrógenos, hormonas sexuales, principalmente femeninas, producidas sobre todo por los ovarios); esa actividad estrogénica es especialmente clara en el caso del o,p’-DDT.

Los principales resultados

Estudio sobre el cáncer de mama

Las concentraciones sanguíneas de las tres sustancias mencionadas fueron más altas en las madres de las chicas con cáncer de mama que en las madres de los controles. Las chicas que estuvieron expuestas a concentraciones más altas de o,p’-DDT cuando estaban en el vientre de sus madres tuvieron un riesgo 3,7 veces mayor de cáncer de mama que aquellas que estuvieron expuestas a las concentraciones más bajas; es decir, su riesgo de cáncer de mama se multiplicaba por 3,7, casi se cuadriplicaba. Por su parte, el p,p’- DDT multiplicaba el riesgo de cáncer de mama por 2,9 (casi lo triplicaba).

Estos resultados no se explicaban por factores como la edad y peso de las madres, su raza o historia de cáncer de mama. En pocas palabras, el cáncer de mama fue más frecuente en las mujeres cuyas madres tenían mayores concentraciones de DDT cuando estaban embarazadas de ellas.

Limitaciones y horizontes del estudio

Todo estudio científico – sobre salud humana u otras cuestiones – tiene limitaciones, sea un estudio de laboratorio, clínico o epidemiológico. No olvidemos nunca que todo estudio tiene limitaciones. Reconozcámoslas y vayamos más allá, actuando en lo que sea sensato mientras se realizan más estudios.

¿Cuáles eran las principales limitaciones de este estudio? Una, que de momento el seguimiento “sólo” ha durado 54 años. Cuando el seguimiento sea más prolongado (cuando la mayoría de chicas tenga ya más de 60 años y muchas superen los 70), podrán analizarse las posibles causas de los cánceres de mama de aparición más alejada de la menopausia, que pueden tener causas algo distintas de los cánceres anteriores o cercanos a la menopausia.

Otra limitación: la cifra de 3 compuestos tóxicos analizados es baja. Será conveniente que más adelante las investigadoras analicen un número mayor de tóxicos, como el hexaclorobenceno, el lindano y otros plaguicidas, dioxinas, policlorobifenilos, parabenos, alquilfenoles o compuestos polibromados, que también podrían aumentar el riesgo de cáncer de mama.

Los estudios que se hagan en el futuro también deberían tener en cuenta factores de riesgo a los que las niñas y luego mujeres estuvieron expuestas a partir del nacimiento, como la obesidad en la infancia y adolescencia, la exposición a otros estrógenos (el DDT y otros) en esas etapas de la vida, una menarquia (primera menstruación) temprana o una menopausia tardía. Como toda enfermedad multicausal, cada cáncer de mama puede tener distintos conjuntos de factores causales.

Hacía falta un estudio como éste. Hacen falta más estudios como éste. El conocimiento actual dice que durante ciertas “ventanas de exposición” (períodos in utero, pubertad, embarazo) la mama es más vulnerable a los efectos tóxicos de los xenoestrógenos (estrógenos externos, artificiales), como el DDT y otros. También se ha observado que las niñas expuestas en el útero al dietilestilbestrol (DES, un estrógeno sintético utilizado para disminuir el riesgo de aborto en mujeres embarazadas, aunque es ineficaz para ello) tienen un mayor riesgo de desarrollar un cáncer de mama cuando son adultas. Cosas en las que pensar con calma… ¿no?

Respecto a otros estudios sobre las causas del cáncer de mama, la gran ventaja de este estudio, la característica que lo hace excepcional es esta: es el primer estudio que ha cuantificado la exposición intrauterina a DDT y que la ha podido relacionar con la aparición o no de cáncer de mama en las cinco décadas posteriores al nacimiento. Hasta ahora, diversos estudios sobre el riesgo de este cáncer potencialmente debido al DDT y otros compuestos tóxicos persistentes (CTPs) habían medido a los CTPs durante la etapa adulta, cuando puede que la mama ya no sea tan vulnerable a ciertos tóxicos, o cuando una parte del DDT ya ha sido eliminado del cuerpo.

Con motivo de la publicación del artículo su primera autora, Barbara Cohn, manifestó que “este estudio de 54 años es el primero que aporta pruebas directas de que la contaminación química de las mujeres embarazadas puede tener consecuencias a lo largo de la vida para el riesgo de cáncer de mama de sus hijas y de que las exposiciones más elevadas al DDT in útero hacen que las mujeres tengan un mayor riesgo de cáncer de mama.” La Dra. Cohn también dijo que “este estudio nos pide que pongamos mayor atención a encontrar y controlar las causas ambientales del cáncer de mama que operan en el vientre materno.” Son afirmaciones sensatas. Pocos estudios podrían aportar pruebas más directas. Sin menoscabo de las limitaciones que, subrayo, siempre tiene todo estudio. Y también sin olvidar que − cuando nos conciernen las enfermedades humanas − nunca es suficiente un solo estudio, siempre son necesarios varios que se complementen y repliquen o refuten los unos a los otros.

Así, pues, algunas lectoras y lectores preferirán esperar a actuar, esperar a que haya más estudios. Otras y otros preferirán ir tomando medidas preventivas; por ejemplo, disminuir en la medida de lo posible la exposición a contaminantes durante el embarazo. Ambas son razonables, desde luego. Mi opinión personal (y la conducta que tuvimos la madre de mis hijos y yo cuando los esperábamos) se refleja bien en estas dos citas:

Immanuel Kant (1724 - 1804)

“A menudo es necesario tomar una decisión fundamentada en información suficiente para la acción pero insuficiente para satisfacer completamente al intelecto.”

Sir Austin Bradford Hill (1897 - 1991)

“Todo trabajo científico es incompleto, sea observacional o experimental. Todo trabajo científico es susceptible de ser superado o modificado por el avance del conocimiento. Ello no nos confiere la libertad de ignorar el conocimiento que ya tenemos, o de posponer la acción que el conocimiento parece demandar en un momento determinado.”

NOTA:

Una versión anterior de este texto se publicó en la Revista Folia Humanística (2016; 2: 66-78. Porta M. Como sombras de nubes en el fondo del lago. https://goo.gl/QTQFPE).

El texto formará parte del libro sobre contaminación interna por compuestos tóxicos ambientales que el autor publicará este año en la editorial Random House Mondadori.

> Referencias bibliográficas

REVISTA AE 31.

ALIMENTACIÓN ECOLÓGICA: “CURARSE EN SALUD”

PRIMAVERA 2018.

ISSN: 2172-3117  DL: V-2052-2010

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