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“El sueño es que, para 2033, la Agroecología sea una parte estructural de cómo entendemos la agricultura en Europa”


Esta acción de divulgación ha sido realizada dentro del proyecto «IMPULSO AGROECOLÓGICO», expediente L25074, el cuál ha sido financiado por la Unión Europea – NextGenerationEU a través de la tercera convocatoria de ayudas para el Plan Integral de Impulso a la Economía Social para la Generación de un Tejido Económico, Inclusivo y Sostenible, en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Ministerio de Trabajo y Economía Social.


Entrevista a María Ramos García.

Investigadora del Centro de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Extremadura (CICYTEX) y Presidenta del Think Tank ALIMENTTA para la transición alimentaria en España

María Ramos García, investigadora del Centro de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Extremadura (CICYTEX)  y Presidenta del Think Tank ALIMENTTA  para la transición alimentaria en España, es una de las voces más autorizadas en España para hablar de innovación agroecológica y transición alimentaria. Con una trayectoria centrada en la participación comunitaria y la investigación aplicada, Ramos no solo analiza los desafíos del modelo agrícola actual, sino que trabaja en soluciones concretas desde el corazón de proyectos europeos clave.

En esta entrevista, nos adentramos en el mundo de los Living Labs agroecológicos —esos espacios donde ciencia, agricultura y comunidad se encuentran para co-crear alternativas sostenibles— y en el Agroecology Partnership, la gran apuesta de la Unión Europea para transformar el sistema alimentario. ¿Cómo funcionan estos laboratorios vivos? ¿Qué papel juega España en esta red europea? ¿Puede la Agroecología convertirse en una política estructural?

María Ramos, con su mirada crítica pero también esperanzadora, nos descubre no solo qué son estos proyectos, sino por qué son la semilla de un futuro más justo y resiliente para el campo.

Autoría: Sara Serrano Latorre – Revista Ae

Para empezar, ¿cómo definirías un Living Lab agroecológico para alguien que, como yo, aún le cuesta entenderlo?

El Living Lab agroecológico ni siquiera está completamente definido a nivel europeo. Es una de las grandes cuestiones de los debates que se están teniendo en el seno del Agroecology Partnership, ya que hay que ligarlo mucho a todos los valores y los principios de la Agroecología. Desde mi punto de vista, un Living Lab agroecológico se define por tres aspectos principales. Uno es el enfoque multiactor: estamos hablando de un espacio en el que se hace innovación e investigación agraria participada por muchos actores distintos de la cadena y del sistema alimentario. No solo actores de la producción o la transformación, sino también entidades de la administración pública, involucrados en política pública, entidades sociales del territorio, etc.

Otro aspecto son las metodologías que se emplean: son metodologías participativas, que beben de la investigación-acción participativa, de co-creación y co-desarrollo de conocimiento, muy participativas. Y el tercero es el carácter agroecológico. El Living Lab debe tener una visión de la Agroecología en todas sus dimensiones: sostenibilidad ambiental, social, económica, integrando actores y una visión de territorio y de transición alimentaria.

En este proceso de construcción del concepto de Living Lab agroecológico, ¿qué problemáticas están encontrando?

Estamos en un proceso. Los Living Labs son cada vez más conocidos, pero son métodos y espacios que ya se venían desarrollando en algunas circunstancias. Hay muchas iniciativas que ya trabajan con formato multiactor y participativo. Sin embargo, dentro del marco europeo —donde ahora se está moviendo este concepto—, sí se encuentran barreras. Hay iniciativas que se autodenominan Living Labs, pero no se ajustan al concepto que se está debatiendo en el ámbito de la innovación agroecológica porque, por ejemplo, no integran a todos los actores necesarios o la generación de conocimiento y la co-creación no están repartidos de manera equitativa.

Otra problemática es que este tipo de metodologías cuesta asumirlas, especialmente cuando la coordinación de los Living Labs recae en organismos de investigación. Se tiende a pensar que los Living Labs siempre deben estar coordinados por investigadores, pero no es así. De hecho, muchas de las iniciativas más interesantes en Agroecología en España están promovidas por entidades sociales, organizaciones de productores u otro tipo de entidades. Además, cuesta trabajar a largo plazo y mantener los Living Labs; es complicado si no hay financiación o si no hay compromiso de los miembros. A los productores, en particular, les cuesta participar y asumir funciones dentro de estos espacios. Por eso, uno de los grandes debates actuales es cómo mantener la vida de los Living Labs a largo plazo sin que dependan íntegramente de la vida de un solo proyecto.

Claro, al ser un proceso abierto y vivo, imagino que los roles dentro del Living Lab pueden ir cambiando con el tiempo. Pero, ¿cómo se evalúa que la participación sea realmente equitativa?

También es complicado, y es justo otro de los debates centrales que estamos teniendo ahora mismo en el Agroecology Partnership. De hecho, gran parte del trabajo que se está haciendo allí se enfoca en perfeccionar metodologías para garantizar que todos los actores participen de manera activa y equitativa en la co-creación del conocimiento. La participación en un Living Lab es un proceso iterativo y vivo. Con el tiempo, pueden integrarse nuevos actores, cambiar las actividades o incluso los objetivos del laboratorio. Por ejemplo, si al principio el foco está en mejorar la gestión del suelo, quizá más adelante se incorpore el tema del agua o la comercialización, y eso implica sumar a nuevos participantes. Es un proceso vivo, no estático, que evoluciona con las necesidades del territorio y de quienes forman parte de él. Justamente por esto, en el marco del Partenariado se están desarrollando herramientas metodológicas para evaluar si los proyectos son realmente participativos. ¿Cómo? Pues mediante sistemas que permitan medir si todos los actores están integrados de verdad, si se recoge el sentir de cada uno y si el conocimiento generado llega a todos por igual. Incluso se está trabajando en metodologías de autoevaluación, para que los propios Living Labs puedan reflexionar sobre su funcionamiento y ajustarlo si es necesario. Y aquí entra una figura clave: el facilitador.

No hablamos de un «coordinador» en el sentido tradicional, porque ese rol puede recaer en diferentes personas según el momento. Por ejemplo, puede haber alguien que coordine aspectos financieros o logísticos, pero el facilitador es quien dinamiza el proceso, quien asegura que la participación sea horizontal y que nadie quede relegado. Y no tiene por qué ser siempre la misma persona: puede rotar según las necesidades del grupo o las fases del proyecto. Lo importante es que esta facilitación exista, porque sin ella, el riesgo es que el Living Lab pierda su esencia participativa y acabe reproduciendo las mismas jerarquías que queremos superar.

Vamos a profundizar en el Agroecology Partnership, una de las grandes apuestas de la Unión Europea. ¿En qué consiste exactamente este proyecto?

El Agroecology Partnership es especial porque está consiguiendo reunir a todos los actores que, de una manera u otra, trabajan en Agroecología en Europa. En una primera fase, éramos unos 70 socios, pero nos dimos cuenta de que faltaban piezas clave. Por eso, en esta segunda fase, que se extenderá hasta 2033, ya somos 110 socios. Se han integrado instituciones y organizaciones fundamentales, como FiBL, ICROFS, ISARA en Francia, la Universidad de Bolzano en Italia o las Universidades en España de Pablo de Olavide y la de Córdoba, que integran miembros con extensa trayectoria en Agroecología. Básicamente, todos los actores relevantes en innovación agroecológica en Europa están aquí. El objetivo es llegar a un punto común, a un common ground, como se dice en inglés, sobre qué es la Agroecología en el contexto europeo. No es solo definirla, sino adaptarla a nuestras realidades, a nuestros territorios. ¿Y cuál puede ser la función de los Living Labs para conseguir esta transición alimentaria en el territorio? Pues precisamente llevar esa visión macro, europea, a lo concreto, a lo local. Es un trabajo titánico, porque poner de acuerdo a tanta gente con perspectivas tan diversas no es fácil. Es lento, es complicado, pero creo que estamos logrando avances importantes. Y, sobre todo, la capacidad de influencia que tiene este Partenariado en las políticas europeas es mayor precisamente por eso: porque estamos todos. Cuando hablamos con una sola voz, nuestra capacidad de presión y de lobby es mucho más fuerte..

¿Cómo se toman las decisiones en un proyecto tan grande? Por ejemplo, ¿cómo se está definiendo qué es Agroecología dentro del Paternariado?

Se ha llegado a un consenso. El objetivo principal del Agroecology Partnership es impulsar la transición agroecológica en Europa paso a paso. Para ello, hemos acordado seguir un marco claro: los cinco niveles de transición agroecológica de Gliessman, que van desde el nivel de la granja individual hasta la influencia en el sistema alimentario y las políticas públicas. Además, los principios y valores agroecológicos que aplicamos —tanto para definir un Living Lab agroecológico como para las infraestructuras de investigación— son los 13 principios de la Agroecología del panel de expertos de la FAO. Ese es el marco teórico que estamos usando. No solo integramos enfoques científicos  >> o técnicos, sino también la parte sociológica y las metodologías de investigación participativa. Una de las grandes aportaciones de este Partenariado ha sido crear una red europea de Living Labs e Infraestructuras de Investigación en Agroecología. Ya no son solo los centros de investigación o las entidades sociales las que participan como socios para debatir metodologías, sino que hemos construido una red de Living Labs que va más allá de las vinculaciones directas con la Partnership y trata de incorporar a todo el mundo en Europa. Para entrar en ella es necesario cumplir con un proceso de evaluación.

¿Cómo se integran las Infraestructuras de Investigación en esta red?

La red incluye tanto Living Labs como Infraestructuras de Investigación. Aunque aquí hay un debate importante: ¿qué es exactamente una Infraestructura de Investigación? Según la definición oficial europea, es una entidad que ofrece servicios a la comunidad investigadora, como bases de datos, laboratorios o fincas experimentales. Pero no todos los centros de investigación cumplen con este criterio. Lo clave es que puedan generar servicios a demanda de los Living Labs. Uno de los objetivos del Agroecology Partnership es precisamente fomentar la colaboración entre Living Labs e Infraestructuras de Investigación en Agroecología, para que trabajen en sinergia. A veces, una infraestructura forma parte de un Living Lab; otras veces, el Living Lab acude a ella para solicitar informes, datos o análisis específicos. La idea es que se complementen.

Para hacerlo más concreto, ¿podrías poner ejemplos?

En total, hay 10 iniciativas españolas en la red europea: 7 Living Labs y 3 infraestructuras de investigación. Como ejemplos concretos, están:

Infraestructuras de investigación: LifeWatch (en Sevilla), la Asociación Aprisco  (Extremadura) y ACTI, de la Universidad de Murcia.

Living Labs: En Extremadura, por ejemplo, están «La Vera nos Alimenta» y el proyecto GOOD  (sobre manejo agroecológico de hierbas). También está Inspira Territorio  (en la Sierra de Aracena).

En la red europea hay más de 55 iniciativas de otros países, y en España seguimos identificando más. Algunas ya están en la red europea, otras forman parte de proyectos financiados por el Partenariado —de hecho, acaba de salir el preanuncio de la tercera convocatoria de financiación—, y otras son iniciativas independientes que cumplen con los criterios de Living Lab, como la Red de Espacios de Test Agrarios (RETA) .

Si una entidad quiere sumarse a esta red, ¿qué debe hacer?

Tiene que pasar por un proceso de evaluación. El Paquete de Trabajo 8 del Partenariado, que es el encargado de poner en marcha y gestionar la red, cuenta con un equipo de evaluadores. Estos analizan si la iniciativa cumple con los criterios que definen a un Living Lab agroecológico: sus principios, su sistema de gobernanza, las temáticas que aborda y las metodologías que utiliza. Puede ocurrir que, tras la evaluación, no se considere que la iniciativa cumpla aún con todos los requisitos. En ese caso, no se descarta, sino que pasa a un programa de mentoría y acompañamiento. Se le considera un «Living Lab emergente», y durante este proceso se le indica qué aspectos debe mejorar —ya sea en su estructura, su funcionamiento o su enfoque— para poder ingresar en la red como miembro de pleno derecho.

¿Por qué es importante formar parte de esta red?

Porque, en realidad, es como un reconocimiento. En mi opinión, esta red está llamada a sustituir a ENoLL (European Network of Living Labs)   en el ámbito de la Agroecología. El Paternariado también ofrece ventajas clave: contactos con otras iniciativas similares, acceso a materiales, bases de datos, formación de consorcios y actividades conjuntas con otros Living Labs. Además, no es una certificación formal, pero sí un sello de calidad. Significa que realmente eres un Living Lab agroecológico, con un enfoque multiactor y metodologías participativas.

¿Cuáles son los primeros resultados que ya se están viendo?

Esto es un trabajo a largo plazo, pero ya hay avances claros. Por un lado, los proyectos financiados en la primera convocatoria ya están en marcha desde esta primavera, y los de la segunda convocatoria acaban de anunciarse. Cada año habrá nuevas convocatorias hasta 2033. En cuanto a resultados inmediatos:

  • 55 miembros ya forman parte de la red europea de Living Labs, y en diciembre entrará una nueva hornada.
  • Se están publicando artículos científicos sobre metodologías participativas y co-creación.
  • Hay seminarios, formaciones y la metodología «Conversations« (reuniones mensuales).

En España, hemos sido pioneros: somos el segundo país en organizar un grupo espejo nacional, además de ser el país que más socios tiene en el Paternariado y el que más Living Labs tiene en la red europea. Lo más destacable es que en España hay mucha Agroecología, y lo estamos demostrando. Cuando se abrió la primera convocatoria para entrar en la red, hubo tantísimas propuestas españolas que desde Europa preguntaron: «¿Qué pasa en España?». Pues que hemos hecho los deberes. Somos 16 socios cohesionados (universidades, centros de investigación, organizaciones) y llegamos muy bien a nuestro tejido agroecológico.

¿Cómo se van a transferir los resultados?

La transferencia es continua y forma parte del propio proceso. En los Living Labs, el impacto en el territorio no espera a un resultado final para comunicarse. La metodología participativa hace que la información se vaya filtrando poco a poco, a través de las actividades cotidianas en el territorio. Además, cada Paquete de Trabajo y cada tarea dentro del Partenariado tiene su propio plan de comunicación. Por ejemplo: Se publican artículos y materiales sobre metodologías participativas y co-creación; hay actividades constantes de diseminación y transferencia, como seminarios, jornadas y encuentros, y las mensuales “Conversations”. Y además, se colabora con otras redes y proyectos similares, como PRIMA  (para países mediterráneos) o iniciativas de Agroecología en otros continentes. Es un trabajo de expansión constante. Desde los distintos paquetes de trabajo del Partenariado, se tejen alianzas, se comparten experiencias y se difunden los avances.

¿No es un riesgo que cambios políticos afecten al proyecto?

Puede pasar en algún caso, pero no es fácil que ocurra. Cuando una administración entra en un proyecto de investigación —ya sea como financiadora o como centro público—, firma un acuerdo de compromiso hasta el final del proyecto. Es decir, las administraciones que ya están dentro se han comprometido a seguir participando, aunque cambien los equipos técnicos o los responsables políticos.

¿Qué impacto esperas que tenga este proyecto de aquí al 2032-2033?

El impacto más importante será haber construido una red sólida y cohesionada de Living Labs agroecológicos en Europa. No solo habrá más iniciativas, sino que habremos demostrado que la Agroecología puede ser un modelo real y escalable para la transición alimentaria. En cuanto a lo concreto:

Habrá proyectos tangibles que muestren cómo la Agroecología mejora la sostenibilidad ambiental, la rentabilidad de las explotaciones y la equidad social.

Se habrá consolidado una metodología participativa que sirva de referencia para otros territorios y proyectos.

La influencia en las políticas europeas será mayor, porque tendremos datos y experiencias que respalden la Agroecología como alternativa viable. En España, en particular, espero que seamos un referente. Ya estamos demostrando que hay un tejido agroecológico fuerte y organizado, y esto puede inspirar a otros países. El sueño es que, para 2033, la Agroecología no sea solo un proyecto, sino una parte estructural de cómo entendemos la agricultura en Europa.

¿Crees que este Partenariado puede tener un impacto significativo en la transformación del modelo agroalimentario europeo?

El impacto ya está empezando a notarse. Desde el principio, hay microimpactos constantes: que la Agroecología suene más, que se integre en programas regionales, que gane presencia en debates políticos. Pero el gran logro será su influencia en las políticas europeas, introduciendo la Agroecología como línea prioritaria, desde la PAC hasta las convocatorias de investigación o la compra pública agroecológica. Hay todo un paquete de trabajo dedicado exclusivamente a ciencia política y lobby, para que la Agroecología deje de ser marginal y pase a ser central. Otro logro será alinear a toda Europa en un lenguaje agroecológico común, con conceptos y metodologías compartidas. Y, por último, el impacto territorial: movilizar a miles de actores —agricultores, técnicos, administraciones— a través de los Living Labs, los proyectos y las acciones de divulgación. La Agroecología no se quedará en el papel: se extenderá en los territorios, transformando prácticas y mentalidades.

¿Y cómo se consigue?

Con poder de influencia. Al estar todos unidos —investigadores, productores, administraciones—, nuestra capacidad para incidir en las políticas será mucho mayor. No es solo investigación: es construir alternativas reales.

¿Qué papel pueden desempeñar organizaciones como el think tank ALIMENTTA?

Ya están jugando un papel clave. En esta segunda fase del Partenariado, han entrado organizaciones que van más allá de los centros de investigación, como entidades que trabajan en movilización social, ciencia ciudadana, políticas públicas o educación. ALIMENTTA, por ejemplo, es socio de la red de Living Labs. No solo está certificado por ENoLL, sino que actúa como un puente entre una infraestructura de investigación y un Living Lab a escala estatal. Su papel es cohesionar las distintas iniciativas que forman parte de la red. Además, en esta segunda fase se ha creado el Paquete 11, un fondo específico para financiar actividades conjuntas entre los miembros de la red. Esto permitirá fortalecer la colaboración entre Living Labs, buscar fórmulas para que no dependan solo de financiación puntual, sino que tengan viabilidad a largo plazo, y avanzar en la creación de verdaderos Living Labs agroecológicos, con continuidad y autonomía.

Para concluir, ¿hay algo más que quieras destacar?

Mira, tras el encuentro que tuvimos a nivel español, en medio de un panorama tan complicado —cambio climático, crisis en el campo, abandono rural, falta de relevo generacional—, este Partenariado está generando algo muy valioso: optimismo. Nos sentimos más fuertes. Por primera vez, hemos logrado alinear a todos los actores en una misma dirección, y eso, en un contexto tan adverso, es realmente esperanzador. Así que este es un mensaje para cerrar: que se note que hay gente trabajando por un modelo agroecológico real. No estamos solos, y eso es una motivación enorme para seguir adelante. ■

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