Entrevista publicada por Associació L’Era en la Revista Agrocultura (30 de junio de 2026)
Texto e imágenes: Alba Gros.
Josep Marrugat es productor de viña con 13 hectáreas en el Alt Penedès, y también cuatro hectáreas de olivos. Hace 20 años decidió no labrar la tierra, solo pasar los discos. Ahora es un exponente de la agricultura regenerativa. Hablamos con él de su tierra y también de su trabajo en Unió de Pagesos, donde fue responsable nacional del sector de la viña y el vino hasta febrero de 2025. Actualmente, forma parte de la Comisión permanente del sindicato y coordina tres áreas: política territorial, urbanismo y paisaje, y agricultura y ganadería ecológica. Acaba de cumplir 60 años y por ahora no tiene quien lo releve. Además, ya nota en carne propia la presión urbanística, ya que muy pronto una de sus viñas se urbanizará.

Explícanos el recorrido de tu finca.
Yo hacía un manejo bastante tradicional: en invierno no se hacía trabajo del suelo y en primavera y verano sí. Siempre con la intervención de un rebaño de ovejas que entraba a pastar; pero ahora se ha jubilado el pastor… Una pequeña tragedia que condiciona la gestión de las cubiertas y la aplicación de estiércol como fertilizante. No pueden desaparecer más rebaños y pastores; nos hacen falta muchos más.
¿Por qué dejaste de arar?
En 2004 fui a la Feria BioCultura, compré un libro de Masanobu Fukuoka, donde hablaba de no arar y hacer la mínima intervención en la tierra. Me convenció y me lancé a la piscina: gestioné las hierbas con la picadora y fue bastante bien. A partir de ahí dejé de arar, prácticamente. Lo hago con los discos, que penetran muy poco y, como hay tanta hierba, el trabajo es muy superficial. 10 años después, en 2015, me apunté al Consell Català de la Producció Agrària Ecològica (CCPAE), y hasta hoy. Y cada vez más con la obsesión de aumentar la materia orgánica y la actividad biológica del suelo con la mínima intervención. Esto es como un mantra que he ido repitiendo siempre.
¿Cómo ha evolucionado tu viña?
La viña ha ido relativamente bien. Ha costado más que en campos labrados, evidentemente, y sobre todo cuando he tenido que plantar una viña nueva. Siempre dejo un período bastante largo de reposo, pero, aun así, cuesta instaurar el cultivo y los primeros años se alargan. Cuesta mucho, es muy lento. Hay quien dice que al principio se debería hacer un control convencional y después ir hacia las cubiertas vegetales… Yo he sido bastante radical y me ha costado bastante.
¿Qué precio has pagado por poder hacer este cambio de gestión?
Un precio caro, pero sobre todo por la bajada de producción que hay. Porque tú puedes ver que tienes un suelo que evoluciona muy bien, pero eso no significa que el cultivo esté evolucionando tan bien. Es un proceso más largo de lo que en principio yo pensaba. Pensaba que en 10 años podría hacer el cambio, y también han sido 10 años complicados; al final aparecieron unos años de sequía muy determinantes, y de 10 años nada: han sido 15 o 20 años para darle la vuelta. Esto es mucho tiempo y es un proyecto casi de vida.
¿Tú lo recomendarías?
Yo lo recomendaría, pero que sepan dónde se meten. Tenemos un suelo que ha sido degradado y explotado, y potenciarlo a un nivel más natural, que cumpla sus funciones desde la microbiología y desde la materia orgánica, es complicado.
Ahora, la Denominación de Origen Penedès es 100 % ecológica. Tú eres vocal de esta DO. ¿Cómo ha ido?
Hay 4.000 hectáreas inscritas. No hay que confundir esto con las 25.000 hectáreas de cava que también hay en el Penedès y que forman una DO complementaria. En vino hubo un período de transición de tres años para la conversión a ecológico. Es una apuesta decidida para dar más valor y también para ser conscientes del entorno del que somos y hacer una agricultura respetuosa.
¿Básicamente es un tema de mercado?
Bueno, sí y no. Ha sido un tema de mercado porque lo han pedido las casas comerciales, pero también por las directrices de la propia DO, y porque se ha incentivado mediante las ayudas. Todo ello ha hecho que vayamos hacia aquí. Lo que pasa es que… no hay un convencimiento 100 %. O sea, la gente no está del todo concienciada y cuando hay riesgos de mildiu, por ejemplo, querrían herramientas para poder actuar con más contundencia, porque no están muy dispuestos a perder alguna cosecha. En producción ecológica tienes que dar por hecho que puede haber años, como ahora, en que la cosa ha ido rodada, pero puede haber años muy complicados, como el 2020. Con el cobre haces lo que puedes, porque es un metal pesado y está limitado.
El número de productores ecológicos bajó en 2024 y 2025. ¿Qué análisis haces?
Significa dos cosas. Por un lado, que el producto no está suficientemente apreciado como para que sea viable comercialmente y, por otro lado, en el aspecto productivo, a veces cuesta encontrar la clave del manejo, de cómo trabajar con las plagas y enfermedades y con la casuística propia de la producción.
Tú eres un referente en agricultura regenerativa y haces producción agraria ecológica. Ahora han surgido entidades o empresas que certifican esta agricultura regenerativa, pero no todas exigen que la finca que certifican sea también ecológica. ¿Pueden convivir las dos certificaciones?
Yo pienso que no. Tanto de manera particular como desde el sindicato tenemos muy claro que la producción regenerativa empieza por la ecológica. Y después podemos hablar de cubiertas espontáneas, cubiertas sembradas, manejo, labores mínimas o superficiales o lo que sea. Pero es indispensable que sea una agricultura libre de tóxicos y que esté certificada como eco.
La Generalitat está preparando la certificación de la producción agraria sostenible. ¿Cómo lo estáis llevando desde Unió de Pagesos?
Unió de Pagesos es muy grande y hay muchos intereses. Yo puedo hablar por boca del sector ecológico, que ve esto muy mal, por la confusión que crea entre productores y consumidores. Cuesta mucho explicar que un producto no es ecológico, pero es sostenible, o que es sostenible, pero no está inscrito en el CCPAE y, por lo tanto, no es ecológico. El nombre no es honesto. La agricultura más sostenible es la agricultura ecológica.
De hecho, hay quien opina que un producto certificado ecológico que nos llega, por ejemplo, de Canadá, no es realmente ecológico. ¿Tú crees que el reglamento de la producción agraria ecológica tiene que avanzar y volverse más exigente?
Sí que le hace falta. Pero si hacemos una producción muy restringida, muy controlada y muy sana, pero muy cara y muy escasa, haremos una alimentación muy elitista. ¿Unos podrán comer pollos eco y los otros solo los que crecen en ocho semanas? Deberíamos poder extender una forma de producir ecológico a una capa importante de la gente, un consumo normalizado.
UP incluye a los que hacen producción ecológica y a los que hacen producción convencional. ¿Cómo se pueden defender los intereses de estos dos grupos, cuando a veces se enfrentan?
Sí [y ríe]. Pero es como la vida misma, ¿no? Y los consumidores pueden ser los mismos, incluso, porque pueden consumir de una manera y de la otra. Tenemos claro que es más sano consumir ecológico, pero bueno, los otros alimentos no son malos.
No estamos en contra de todo; estamos a favor de una biodiversidad más cercana a lo que es el agroecosistema

Un tema controvertido son los transgénicos.
Nosotros tenemos consensuado que estamos en contra de los transgénicos. El otro tema es si la edición genética es o no un transgénico, porque no introducen ADN de otro género, sino que hacen un encaje de bolillos y cambian las posiciones, según explican. Y aquí el debate que se abre es si se considera que al cambiar una parte, cambia todo el conjunto o solo cambia esa parte. Si a alguien le cambian, por ejemplo, un hueso, puede que los movimientos de todo el cuerpo se vean afectados, que adopte posturas diferentes de las que tenía antes, mejores o peores, pero diferentes.
Los investigadores tienen muy claro que las nuevas técnicas genómicas no crean organismos transgénicos, que son muy seguras y que hay que agilizar su uso, registrar, patentar y cultivar o procrear en el caso de los animales. Nosotros pensamos que esto tiene que ser más seguro. Que se pueda investigar, sí, pero que se pueda comercializar, no. Aquí también habría que decir que en la investigación pública muchas veces se favorece a empresas privadas, que acaban patentando los productos finales y sacando beneficios de ellos. Si se usa dinero público, no hay que privatizar las ganancias.
En teoría, estas nuevas técnicas genómicas aportarían plantas más resistentes a ciertas enfermedades y a la sequía, por ejemplo. Es tentador, ¿no?
Todas estas técnicas lo que hacen es seleccionar mucho un tipo de semilla o un tipo de animal y después multiplicarlo. De esta manera se empobrece la biodiversidad. No estamos en contra de todo, estamos a favor de una biodiversidad más cercana a lo que es el agroecosistema. Tenemos que estar muy atentos con esto. No sé si permitirlo o no, pero de momento, muy atentos.
Eres responsable del área de política territorial, urbanismo y paisaje. Cada vez hay más áreas agrarias que acaban con instalaciones de placas fotovoltaicas.
Hay contenciosos sobre muchas instalaciones fotovoltaicas porque no se han hecho bien las compensaciones. Estas compensaciones dependen de lo que se afecta y de lo que se compensa. Si un parque fotovoltaico afecta a campos de cereal, después se compensa con una superficie mucho menor de frutales de regadío, por ejemplo. Nuestro interés es que se recuperen espacios agrarios a cambio de la afectación que hay sobre el mismo espacio agrario.
En campos de cereales debe salir económicamente a cuenta…
Sí, aquí hay una casuística que es muy determinante. Primero, que a duras penas el 50 % de la tierra que se trabaja es de propiedad. Entonces, cuando llega una propuesta ajena a la actividad agraria en una tierra arrendada, la agricultura que la trabaja no puede hacer nada, porque la rentabilidad de un campo fotovoltaico en relación con un campo de extensivos es de 10 a 1, prácticamente, o de 15 a 1. De 100 euros que te puede dar un agricultor por sembrar cereal, a 1.000 euros o 1.500 euros por hectárea y año que te puede ofrecer una actividad energética. Entonces, claro, la competencia sobre la tierra es brutal, y sobre la actividad agraria también.
Cuando esta misma situación pasa con fincas propias del mismo agricultor, la situación cambia. Parece mentira, pero se vive y se ve diferente. También está pasando en el ámbito de las macrogranjas. Cuando estas macrogranjas que se están instalando por el territorio necesitan un plan de deyecciones, y por lo tanto tierra donde vertirlas, pueden ofrecer el doble que un agricultor tradicional, mediano o pequeño, que tenga una granja más pequeña.
Por lo tanto, hay competencia a tres bandas: parques fotovoltaicos, purines y cultivos. ¿No sería lógico pensar que estas empresas de energía puedan poner estos parques en otros lugares?
También estamos trabajando en este sentido. Lo que pasa es que, desgraciadamente, la rentabilidad del sector es muy baja. Estamos intentando preservarlo sí o sí, porque cuando te ponen una instalación de estas, la situación es muy definitiva. Se habla de la agrivoltaica, pero es complicado cultivar y hacer la actividad de las placas al mismo tiempo. Y las placas dan suficiente rentabilidad para menospreciar la producción agraria, así de claro. Pero, la producción agraria sostiene la soberanía alimentaria. Al gobierno le debería interesar preservar la producción agraria y preservar a los agricultores. O sea, la actividad agraria arraigada en el territorio y fuera de los grandes grupos de inversores y de las grandes empresas. Y este es el motivo de ser de Unió de Pagesos: la defensa de la pequeña y mediana agricultura tradicional.
No es solo un conflicto entre usos del terreno, también es un conflicto entre modelos de negocio
Otra de las presiones llega por parte de la industria agroalimentaria, que está presionando para convertir zonas de secano en zonas de regadío.
Este no es solo un conflicto entre usos del terreno, también es un conflicto entre modelos de negocio. Aquí vemos que hay una agricultura tradicional con unas superficies, un tipo de manejo, a menudo con unas cooperativas detrás, que se han quedado un poco ancladas en el tiempo. Y este modelo está en crisis, como lo ha estado el comercio tradicional ante las grandes superficies. En nuestro caso, al otro lado tenemos el agronegocio, que ve oportunidades y aspira a tener fincas muy grandes. Si hace falta gente, ya la desplazarán desde la ciudad: vienen con furgonetas organizadas por empresas de servicios, hacen el trabajo y se vuelven.
Y es este el modelo que a veces ha promovido o promueve la transformación de secanos en regadíos. Acaparan la tierra para producir lo que sea: pistachos, fruta dulce, olivo, almendro en intensivo y los cultivos con más valor, desplazando totalmente a la agricultura de siempre, la agricultura tradicional. Son fincas inmensas de centenares de hectáreas. No es que sea una agricultura mayoritaria, pero va avanzando en detrimento de la de toda la vida.
Tal como lo pintamos, parece que la agricultura fuera la víctima y no pudiera hacer nada. ¿Cómo se puede empoderar?
La manera de empoderarse es participar en el comercio. O sea, la agricultura que pueda, debería llegar a cerrar el círculo y dar el paso de la comercialización. Si no, están perdidos, y también las cooperativas, porque no aguantan este empuje de la gran industria. Se quedan sin producción.
Otro frente abierto en el sector agrario es el relevo generacional.
Todo el tema del relevo es difícil. Se están haciendo cosas: hay ayudas al relevo, hay ayudas para quien cede la explotación y también para quien la coge… Pero cuesta, ¿eh? Ya es una tendencia de hace muchos años. Recuerdo que cuando me incorporé, hace casi 37 años, fui a la cámara agraria a gestionar el alta en la Seguridad Social (las cámaras agrarias podían hacer esa gestión, en aquel momento). Me encontré con dos compañeros que tramitaban la jubilación sin problema, pero cuando fue mi turno, ¡el de la oficina ni se acordaba de cómo se hacía un alta, de tan pocas que gestionaba!
Revolta Pagesa está participada por esta agricultura más pequeña, más ligada al territorio. ¿Cómo lo ha vivido UP? ¿Creéis que los sindicatos están de capa caída?
Ha habido unas elecciones y ha habido unos resultados. Es una democracia representativa. Pero es cierto que estamos en una crisis de participación democrática y social, donde cada vez tiene más preponderancia la acción y el pensamiento individual. Entonces, los trabajos para el colectivo sufren.
En este contexto de poca participación y de cuestionamiento del funcionamiento y de movimientos populistas, surgen movimientos, más bien patrocinados por la ultraderecha, que lo están cuestionando todo. Tampoco quieren ofrecer una respuesta y una solución, sino que son más bien movimientos reaccionarios. Los sindicatos, evidentemente, tenemos que plantearnos los motivos de la abstención, de los votos nulos y de la falta de participación que tenemos.
¿Crees que la gente sabe todo lo que hace Unió de Pagesos?
No. Tenemos que ser capaces de valorar todo el trabajo que se hace, porque hay 50.000 cosas en las que participamos diariamente. La gente a veces no es consciente de todo el esfuerzo que supone esto y de la necesidad de estar conectado con esta dinámica. Si no trabajamos, nos pondrán los parques solares, nos pondrán plantas de biogás, nos aprobarán los transgénicos y dirán que son ecológicos… En definitiva, nos cambiarán toda la manera de ser y de funcionar y solo se darán cuenta los cuatro espabilados que lo han diseñado.
Lo que hace falta es ir picando piedra. Tenemos la responsabilidad de ser el sindicato mayoritario y tenemos que ir haciendo consensos internos y externos para no dejar a nadie atrás: defender al agricultor más productivista y al que piensa que tiene que ser lo más respetuoso y ecológico posible.
Una última pregunta: si tuvieras una varita mágica o si fueras consejero de Agricultura, ¿qué crees que necesita ahora la producción agraria en Cataluña? ¿Y la producción agraria ecológica?
Necesita estar más valorada y ser más diversificada. O sea, no podemos estar especializados en unos cultivos o una ganadería que vamos exportando y de los que hacemos tres veces más de lo que necesitamos, mientras que, por otro lado, tenemos que importar productos básicos. Y no porque no los podamos producir.
También necesita acercar más la producción y el consumo y tener más soberanía, aprovechando cada territorio de Cataluña para los cultivos que sean más idóneos para ese lugar, huyendo de los monocultivos y de la cría de cerdos. 🍀
Entrevista publicada por Associació L’Era en la Revista Agrocultura (30 de junio de 2026)
Texto e imágenes: Alba Gros.




