Cristina Sancho. Avicultura Ecológica. Amayuelas de Abajo (Palencia)
Entrevista publicada en la revista Ae 24, edición verano 2016.
Cuando Cristina Sancho (nacida en Valladolid en 1978) llegó a Amayuelas para hacer un trabajo fin de carrera (es Ingeniera Técnica Agrícola) se planteó producir en ecológico. Eso lo tenía claro. “Fue primero lo ecológico que la avicultura”, asegura. Por lo tanto, lo de la avicultura llegó después… En diciembre de 2010, logró legalizar la producción. Sus inicios fueron gestionando un pequeño gallinero de ponedoras y criando unos pocos pollos para casa. A partir de ahí, la gente empezó a demandarle el pollo que criaba para autoconsumo, hizo cuentas y se decidió. “Desciendo de familia ganadera, de ovino, con lo que no me ha resultado difícil tomar esta decisión”, si bien es cierto que el modelo de producción ecológica le toca defenderlo, ya que la producción de ovino era en convencional. No obstante, su padre, “es uno de esos pocos que quedan, conocedores lo que es producir sin agroquímicos”, por lo que jamás le ha resultado extraño. “Nunca me planteé dedicarme a la producción de pollo. Simplemente busqué algo alternativo, y criar pollos ecológicos de carne era algo casi inexistente en España”… Unos inicios que no fueron sencillos, ya que tardó casi tres años en legalizar la producción por los numerosos inconvenientes con los que se topó. “Al final logré salvarlos y pude comenzar a producir en diciembre de 2010”.
En cuanto a su granja, afirma que la producción es de 900 pollos al año, “cuando la cosa va bien”. El gallinero dispone de casi 4.000 m2 de superficie para pasto, y un gallinero de 120 m2, dividido en cuatro locales que albergan a los lotes de pollos. Los lotes son seis al año de 150 pollos por lote. La peculiaridad del gallinero es que está construido con balas de paja, material abundante en esta comarca, y muy buen aislante.
La granja es pequeña, “aunque siempre están las ayudas puntuales y las colaboraciones con otros compañeros y compañeras”, apunta. En cuanto a la cría de los pollos, tienen una alimentación ecológica en varias etapas: por una parte, la cría de pollitos de un día, en la que los pollitos llegan a la explotación con menos de 3 días de vida. Se realiza un aporte de pienso de inicio de producción ecológica específico para esta edad, se les aporta calor (35ºC, los primeros días, y poco a poco, se reduce la temperatura a unos 20º C). La siguiente etapa es a partir de los 21 días de edad, cuando pasan al local de cebo, donde permanecen hasta la edad del sacrificio, con unos 4-4’5 meses de edad. En este periodo, la alimentación del animal es el propio pasto natural de las zonas al aire libre y una mezcla de pienso de engorde de producción ecológica de una cooperativa de Asturias, cereal (trigo y cebada), leguminosas y/o girasol de producción ecológica de compañeros de la comarca que se dedican a la producción ecológica.
Su jornada laboral, como ella describe comienza con la salida del sol a termina con su puesta”. Por la mañana hay que abrir pronto a los pollos al pasto, y por la noche, hay que cerrarlos para evitar posibles ataques de fauna silvestre. Durante el día aprovecha para completar las tareas de mantenimiento, alimentación, limpieza y desinfección. “Es bastante rutinario”, afirma, excepto el día de sacrificio, que hay que madrugar aún más para coger los pollos antes de que amanezca, para evitar estresarlos y llevarlos a matadero. “En mi caso, además, gestiono -junto con otros cuatro productores con los que forma cooperativa- el matadero, con lo que la jornada se alarga entre matanza, envasado, preparación de pedidos… y al día siguiente, a distribuir al consumidor el pollo, lo más fresco posible”. Un trabajo duro, “como cualquier trabajo en el campo”, insiste Cristina, pero que “tiene sus satisfacciones: hacer lo que me gusta y algo en lo que creo”.
Asimismo, esta añade que “uno de los mayores retos con los que me he encontrado ha sido, en primer lugar, aprender a producir, ya que no había entonces un manual de producción avícola ecológica al que consultar”. Una vez aprendido, lo difícil fue venderlo, ya que, tal y como argumenta, este tipo de producción “implica un trabajo de concienciación en cuanto a consumo, y ése es un reto que a día de hoy se mantiene”.
En cuanto a si puede vivir de esta actividad, tiene claro que “si sólo vives de la avicultura ecológica, tienes que tener una granja mucho más grande”. En su caso, donde la producción es pequeña, insiste en que “lo ideal es diversificar su dedicación”. De hecho, aunque su actividad principal es la avicultura, también hace formación rural con talleres tanto para adultos como para niños, sobre transformación de alimentos, ganadería, etcétera, además de atender sus obligaciones familiares…
También muestra su opinión acerca del cambio que ha habido en el sector en los últimos años: “hemos pasado de ser cuatro productores a establecerse empresas con las que nos toca competir. Ha evolucionado, aunque creo que no en el sentido que tiene en sí este modelo de producción”. En cuanto a las soluciones que ve, no duda en afirmar que tendría que haber una mayor concienciación en cuanto al modelo de consumo y al modelo de producción: “establecer alianzas con los consumidores y entre los propios productores, es una alternativa posible y viable”.
Además, tiene unas palabras de aliento para los futuros avicultores ecológicos: “que la gente que se incorpora al mundo rural aprenda mucho de la experiencia de los que ya están, que respeten los procesos y que no piensen que van a salvar el mundo, sino que vienen a colaborar para que el mundo rural no desaparezca”.

