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El movimiento agroecológico se articula para escalar


Esta acción de divulgación ha sido realizada dentro del proyecto «IMPULSO AGROECOLÓGICO», expediente L25074, el cuál ha sido financiado por la Unión Europea – NextGenerationEU a través de la tercera convocatoria de ayudas para el Plan Integral de Impulso a la Economía Social para la Generación de un Tejido Económico, Inclusivo y Sostenible, en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Ministerio de Trabajo y Economía Social.


Después de años de conversaciones en pasillos de congresos, de encuentros informales y de intuir que algo más amplio era necesario, el movimiento agroecológico estatal ha dado un paso cualitativo. La Red Estatal de entidades de agroecológica, producción ecológica y alimentación sostenible está germinando, y lo hace con la energía acumulada de quienes saben que el cambio de escala requiere tejer complicidades más allá de las iniciativas locales.

El último encuentro presencial ha sido revelador: una treintena de entidades —desde proyectos de investigación hasta organizaciones de dinamización territorial, pasando por iniciativas de producción— se han reunido para darle estructura y sentido a lo que ya late con fuerza. No se trata de crear otra red más, sino de articular lo que ya existe bajo un propósito compartido: aumentar la capacidad de incidencia del sector agroecológico, facilitar el intercambio de saberes y experiencias, e impulsar una investigación que realmente responda a las necesidades del mundo productivo.

Cuatro líneas de trabajo, una vocación común

El proceso de construcción colectiva ha cristalizado en cuatro ejes fundamentales que guiarán el trabajo de la red:

Intercambio de experiencias para el salto de escala

Aquí reside una de las claves: cómo hacer que las experiencias agroecológicas, que funcionan y transforman territorios, puedan replicarse y crecer sin perder su esencia. Se propone mapear las entidades existentes, crear una agenda compartida y organizar un Congreso de Agroecología que complemente —sin solapar— el de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica y Agroecología (SEAE).

Incidencia política con voz unificada

Quizá el ámbito donde más urgencia se percibe. El sector agroecológico ha estado históricamente fragmentado en su capacidad de influir en las políticas públicas. La red aspira a construir una estrategia alimentaria estatal, conseguir presión mediática, coordinar las diferentes iniciativas de incidencia —desde lo europeo hasta lo autonómico— y convertirse en el interlocutor preferente ante la administración.

Investigación participativa y comprometida

Frente a una investigación académica a menudo desconectada de las necesidades reales, la red apuesta por involucrar activamente al sector productivo, revisar la efectividad de normativas existentes y coordinar acciones frente a las grandes problemáticas que enfrentan productoras y productores.

Gobernanza y coordinación interna

Una línea que surgió de manera espontánea durante el encuentro y que evidencia la madurez del proceso: antes de correr, hay que aprender a caminar juntas. La red necesita definir su funcionamiento, establecer nodos de trabajo, buscar financiación y crear herramientas que faciliten la gestión compartida del conocimiento.

¿Qué nos une? Más allá de las siglas

Una de las dinámicas más significativas del encuentro fue preguntarse qué elementos cohesionan realmente a las entidades tan diversas que están en este proceso de la Red. Las respuestas dibujaron un retrato vívido del sector: el voluntarismo incansable, el compromiso profundo con la soberanía alimentaria, valores compartidos que trascienden lo técnico, la vocación de generar impacto social, la experiencia acumulada en procesos de gobernanza participativa… y también las dificultades derivadas de trabajar siempre con recursos escasos.

Este ejercicio de introspección colectiva permitió identificar tanto los escenarios deseables —incidir políticamente con una voz común, crear espacios estables de intercambio de conocimiento, evitar duplicar esfuerzos— como los miedos legítimos: repetir errores del pasado, desaprovechar sinergias con redes ya existentes, caer en luchas de egos o sufrir la falta crónica de financiación.

Una red de entidades, no de personas

La definición validada por unanimidad establece contornos claros: la red está formada por entidades en sentido amplio, independientemente de su forma jurídica, pero no por personas a título individual. Las organizaciones miembros deben alinearse con al menos uno de los términos que dan nombre a la red —agroecología, producción ecológica, alimentación sostenible— pero también compartir los principios del resto.

Además, se contempla la figura de «entidades amigas»: aquellas que, sin formar parte activa del núcleo operativo, pueden apoyar y colaborar en momentos clave. Esta flexibilidad habla de una red que no pretende ser un club cerrado, sino un espacio permeable y estratégico.

Quién está y quién falta

El sociograma realizado durante el encuentro ofreció una fotografía clara: alta participación de entidades del centro peninsular, representación menor del sur y las islas, predominio de organizaciones vinculadas a la investigación, y una notable ausencia del sector productivo. También quedó patente la diversidad de perfiles: entidades enfocadas a la dinamización, al consumo, a posiciones intermedias entre todos estos ámbitos.

Precisamente por ello, una de las mesas de trabajo se dedicó a identificar a quién falta en esta conversación. La lista es extensa y estratégica: entidades de consumo, redes de ecomercados y de ganadería ecológica, medios de comunicación especializados, personas investigadoras independientes, organizaciones profesionales agrarias y personal técnico de la administración. La inclusión consciente de estos actores será clave para que la red no replique los sesgos del movimiento agroecológico.

Motivación alta, recursos escasos: el equilibrio posible

Una de las constataciones más honestas del encuentro fue el grado de implicación real de las entidades. La mayoría mostró una motivación alta, pero también reconoció limitaciones evidentes de tiempo y recursos. Hay cierto cansancio acumulado —comprensible después de años de procesos de articulación complejos y lentos—, pero también una determinación renovada.

SEAE asumió un grado medio-alto de implicación, señal de que al menos una parte del liderazgo institucional del sector está dispuesta a sostener el proceso. Pero queda claro que esta red solo prosperará si logra captar financiación estable y repartir responsabilidades de manera realista.

Los próximos pasos: de las actas a la acción

El encuentro concluyó con acuerdos operativos concretos: una reunión online en junio para compartir avances de los diferentes grupos de trabajo y un nuevo encuentro presencial hacia finales de octubre. Entre medias, cuatro grupos temáticos trabajarán en paralelo desarrollando cada línea de acción.

Lo más significativo, quizá, es que esta red no parte de cero. Emerge de décadas de experiencias previas, de aprendizajes colectivos, de errores asumidos y de una conciencia compartida sobre la necesidad de articularse. No es una red que se construye desde la ingenuidad, sino desde la madurez de un movimiento que sabe lo difícil que es sostener procesos colectivos, pero también lo imprescindible que resulta hacerlo.

Una semilla que necesita cuidados

Las redes no se decretan, se cultivan. Y como cualquier semilla agroecológica, esta necesita condiciones adecuadas para germinar: sustrato fértil de confianza mutua, riego constante de encuentros y trabajo compartido, sol de financiación suficiente, y el tiempo necesario para que las raíces se extiendan antes de pretender que brote el fruto.

El movimiento agroecológico estatal ha dado un paso adelante. Queda por ver si sabrá sostener el esfuerzo, evitar las trampas del voluntarismo sin límites y construir una estructura lo suficientemente sólida como para escalar sin perder el alma. Las expectativas son altas, los retos también. Pero como bien saben quienes trabajan la tierra, las mejores cosechas son fruto de la paciencia, el cuidado mutuo y la constancia.

«El movimiento ha plantado la semilla. Ahora toca acompañar su crecimiento.»

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