María Minguell Aradilla, agricultora regenerativa en Sembrando Agua
Valverde de Burguillos (Badajoz)
https://sembrandoagua.es
Autoría: Sara Serrano Latorre – Revista Ae.
Publicado en la revista Ae 55. «PRODUCCIÓN ECOLÓGICA, GUARDIANA DE NUESTROS RECURSOS«
Formarse en micología artesanal le permitió viajar por Colombia, Perú, Argentina, Bolivia, Ecuador… asesorando cultivos de hongos. Este viaje, también le permitió empaparse de la sabiduría y conocimientos de los pueblos indígenas amazónicos y de su forma ancestral de cultivar, la llamada Chagra. Son espacios de cultivo vital, donde se cultivan alimentos pero también actúan como bastiones para la preservación de su cultura e identidad, y de la soberanía alimentaria: “comen, se visten, hacen leña, construyen casas… todo proviene de ese mismo espacio, un ecosistema en el que todos los seres vivos se relacionan”.
Y este conocimiento es el que María Minguell quiere transmitir con el proyecto “Sembrando Agua”, un centro de investigación y desarrollo, de asesoría y formación, también reservorio de semillas, que nació de la necesidad de abordar desafíos concretos en el cultivo de hongos medicinales pero que ha evolucionado hacia una misión mucho más ambiciosa: la captación y eficiencia en el uso del agua. Se trata de una iniciativa impulsada por un equipo intergeneracional, dedicado a la divulgación y educación ambiental, que promueve la restauración y reforestación de fincas rurales, vulnerables a la sequía, con prácticas agrícolas y ganaderas regenerativas basadas en el diseño hidrológico y el manejo eficiente de los recursos naturales, los animales y el agua. Esta experiencia puede resultar imprescindible para hacer frente a la sequía, especialmente en climas semiáridos y con cultivos de secano, como el de la zona de donde parte, Extremadura.
Todo comenzó cuando María regresó a España y se puso a trabajar en una fábrica también de hongos medicinales. En el año 2000, hubo una contaminación letal para el cultivo de Ganoderma lucim, por Trichoderma. Fue una pérdida bastante grande para la empresa.
Se fue llevando las bolsas contaminadas para que no acabaran los plásticos en un contenedor industrial, con la idea de reciclar. Fue entonces cuando estudiando ese “supuesto” patógeno descubrió que en el mundo de la agricultura, al ser inoculado, podía ser muy beneficioso en diferentes aspectos. Muchos estudios publicados sobre este hongo demuestran su capacidad de retención de agua y su capacidad de descomponer muy velozmente y es lo que ha ido comprobando. Primero en Cataluña, en verano, donde veía que el compost seguía húmedo. Y después, cuando se trasladó a Valverde de Burguillos (Badajoz), donde comenzó a hacer pruebas en cultivos de pistacho, almendro, diversos frutales y también en la huerta. “Inoculé el hongo en diferentes sustratos de residuos, sobre todo ganaderos: estiércol, gallinaza, paja, suelo arcilloso… y en diferentes formatos, tanto sólido como líquido. Pasados dos años, el resultado es tan sorprendente como que los árboles que tenían esas mezclas están vivos hoy en día. Todos, sin importar la materia orgánica sobre la que se inoculó”, explica María. “En cambio, no queda ni uno de los árboles que simplemente se habían sembrado. Y han recibido exactamente el mismo tipo de riego y de cuidados, fueron sembrados en la misma fecha y con la misma luna. Lo único que cambia es el suelo”.
Se trata de un hecho muy relevante: “en dos años, estos árboles no necesitan riego y, sobre todo, son resilientes a la sequía”. Otra muestra de ello es, por ejemplo, que en 2021 y 2022 en Extremadura cayeron menos de 400 litros y “los árboles inoculados han sobrevivido sin apenas apoyo”: el primer verano tuvieron riego de implementación y el segundo verano, un refuerzo (3 veces de abril a octubre).
La hipótesis que maneja María Minguell es, por tanto, que “si tú le das a un árbol el alimento y el agua que va a necesitar en los próximos cinco años, tras ese período, ese árbol ya será autónomo”. Para cumplir la hipótesis deben darse dos factores muy importantes: la variedad del árbol, adaptada al clima semiárido y al nivel de temperaturas; y la estructura del suelo, es fundamental entenderla.
Un paso importante para demostrar esta hipótesis es seguir investigando y demostrando con hechos. Y así lo hace en su propio terreno, 2 hectáreas que han pasado de ser un campo deforestado de secano – donde había cereal y se empleaba para el pastoreo de vacas durante muchísimos años – a convertirse en un bosque comestible, en el que “la integración es el principal beneficio: volver a sistemas más agroforestales, que combinan diferentes variedades de frutos secos y frutales, madera como la encina, cereal, aromáticas y auxiliares, ganado y pastos… un sistema que ha regenerado la estructura del suelo y le ha devuelto la salud”. Unido a los buenos resultados de los árboles inoculados, puede decirse que ha hecho viable la transición hacia secano. Este espacio piloto junto a los demás terrenos donde asesora, están ofreciendo suficientes datos para demostrar el éxito de su experiencia y transferir sus conocimientos con el ejemplo.
También estudian un formato sólido que pueda servir para hacer una transición de regadío a secano.
En este momento, desde el equipo de “Sembrando Agua” buscan fondos para abrir el vivero regenerativo y poder así vender plantas ya inoculadas: árboles y cultivos complementarios como aromáticas, plantas auxiliares pioneras como leguminosas, cereales antiguos… y semillas. De este modo, al implementar el cultivo se estará también inoculando el hongo en el suelo. También estudian un formato sólido que pueda servir para hacer una transición de regadío a secano. “Sabemos que la transición va a llegar y se necesitará hacer un planteamiento y cambiar el manejo de los cultivos. Cuando lleguen estos momentos y podamos mostrar ejemplos de fincas que son oasis de vida, tal vez tengamos la posibilidad de que más gente se contagie de estas experiencias”. ■

