Editada por la Sociedad Española de Agricultura Ecológica/Agroecología
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Más legumbre, menos y mejor carne. Agroecología, consumo responsable y ODS

"Una salud, un planeta"

Una dieta con más legumbres y menos carne, pero de calidad, más verduras y frutas frescas de temporada y cercanía, de producción ecológica, desde el enfoque “una salud, un planeta” es lo que se plantea en el siguiente artículo.

“Una salud, un planeta” expresa la interconexión entre la salud de las personas y los animales con la salud de los ecosistemas que habitan. Considera los límites del planeta y reconoce que la biodiversidad mejora la salud y ayuda a sanar procesos enfermantes. Contempla el derecho a la salud de las personas, los animales y, al apreciar la salud de los ecosistemas, incluye el derecho de generaciones futuras a heredar un planeta vivible. Evalúa los daños derivados de la actividad humana y los mejores modelos de producción-distribución-consumo; capaces de minimizar los procesos de contaminación y destrucción de especies y ecosistemas; ayudando a la naturaleza a regenerarse y proporcionar salud a sus habitantes. 

El cambio climático y la pandemia del COVID-19 -que ha provocado el desplome de la economía mundial- marcan la emergencia de “una salud, un planeta”. Si no tomamos en serio el necesario decrecimiento de la producción, distribución y consumo industrializados y globalizados y el crecimiento de modelos ecológicos y sostenibles, además de agudizarse el cambio climático, las pandemias y las crisis multisistema, se incrementarán las desigualdades norte-sur, la vulnerabilidad de grupos empobrecidos – en particular niñ@s, mujeres, personas enfermas, migrantes y población desplazada- y los límites del crecimiento se dirimirán en guerras por el control del agua, la energía, la alimentación, las materias primas estratégicas y los suelos fértiles. 

La alimentación es una de las actividades de mayor impacto en la salud de personas, animales y planeta. Su desarrollo globalizado industrializa los procedimientos en detrimento de calidad de nutrientes y diversidad de variedades y razas empleadas; sustituye la fertilización orgánica por fertilizantes químicos procedentes del petróleo y emplea química agrotóxica para defender a las producciones de plagas que crecen como consecuencia del monocultivo y la simplificación de las semillas y razas empleadas, de la degradación de suelos cada vez más agotados, una fauna auxiliar cada vez más debilitada por la química y unas aguas cada vez más contaminadas. Su distribución mundial incorpora enormes costes energéticos en transporte y conservación de los alimentos,  concentra un poder enorme en la fijación de precios y generaliza una alimentación cada vez más desvitalizada, sin respetar culturas, temporadas ni ciclos biológicos, con alimentos cada vez más procesados, cargados de conservantes, azúcares, harinas refinadas; dietas con exceso de proteína animal de baja calidad y enorme sufrimiento animal y deficitarias en frutas y verduras frescas de temporada, cereales integrales, frutos secos y legumbres. El resultado es: una producción alimentaria de la que se tira el 30%, 470 millones de personas desnutridas y 1900 millones con sobrepeso u obesidad por una alimentación excesivamente calórica cargada de tóxicos y con deficiencias nutricionales, responsable del crecimiento de cardiopatías, cáncer y enfermedades autoinmunes. Estos hábitos alimentarios se retroalimentan con la publicidad de la industria alimentaria con el consentimiento de las autoridades sanitarias.

La dieta española actual (1) incluye proteína animal en exceso (179 g/día de carne, 662 g/día sin incluimos pescado, huevos y lácteos (2) ) y un consumo ínfimo de legumbres (12,9 g/día; frente a los 60-80 g 3 o 4 veces por semana recomendados) en el país europeo que más carne consume: 49,86 kg/año, equivalente a 960 g/semana, cuando lo recomendable es 200-500 g. 

OMS y autoridades sanitarias advierten del peligro, por su potencial cancerígeno, del abuso de carne, en especial roja y procesada. El Ministro de Consumo lanzó en julio la campaña “menos carne, más vida” llamando a moderar su consumo por salud para las personas y para el planeta. No recibió la colaboración sino la oposición de los Ministerios de Agricultura y de Transición Ecológica, pero ha abierto un debate necesario. 

Una dieta con más legumbres y menos carne, pero de calidad, más verduras y frutas frescas de temporada y cercanía, de producción ecológica, desde el enfoque “una salud, un planeta”, implica poner freno a la ganadería industrial a gran escala. Salvar la renta de la ganadería familiar y social -al igual que salvar a la agricultura familiar y social- requiere fomentar la transición de la ganadería familiar intensiva a la producción ecológica. Aprovechar la financiación Next Generation y de la PAC para esta Transición Ecológica Justa es la mejor forma de defender a la parte más social y vinculada al territorio del sector agrario, la agricultura familiar. A partir de 2050 tendrán que hacerlo sin ayudas si no han sido engullidos por el agronegocio. 

Animamos al Ministro de Consumo a promover la alimentación ecológica fresca, de temporada y cercanía.

Y a estimular políticas interministeriales de salud con Sanidad, Agricultura, Transición Ecológica y Derechos Sociales. La agenda para una Transición Ecológica Justa también contiene: producción ecológica, la mejor opción para mitigar y adaptarse al cambio climático, regenerar ecosistemas y proporcionar alimentos sin carga tóxica y con la mejor calidad nutricional; dieta mediterránea de proximidad, temporada y ecológica fomentada desde la compra pública estatal, autonómica y municipal para extenderla en comedores escolares, residencias, hospitales; y consumo responsable de la ciudadanía en cooperativas, mercados y tiendas de barrio para fomentar el comercio justo y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). ■

Referencias:

(1) Federación Española de Nutrición (2012). Valoración nutricional de la Dieta de acuerdo al Panel de Consumo Alimentario

(2) Estas cantidades de alimentos de origen animal pueden suponer una ingesta de proteína animal diaria en torno a los 480 g si consideramos que carnes y pescados aportan, de media, 20% de proteína, huevos 12% y lácteos en torno a 10%. Una persona adulta de 70 kg de peso debería consumir máximo 75 g/diarios de proteína y máximo 112 g/diarios si necesita ganar músculo sin caer en la hipertrofia.

Artículo publicado en la edición 45 de la Revista Ae (otoño 2021), sección de “Alimentación y Consumo responsable”.

Para más información www.agroecologia.net o https://lagarbancitaecologica.org