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“La investigación climática debe estar por encima de las ideologías”

Jorge Olcina es Catedrático de Análisis Geográfico Regional en la Universidad de Alicante (UA), donde imparte clases de Ordenación del Territorio, Climatología y Riesgos Naturales. Tiene una amplia trayectoria en investigaciones de diversas temáticas geográficas siendo Investigador Principal del Grupo de investigación competitivo de la UA en “Clima y Ordenación del Territorio”, y formando parte del equipo de los Grupos de investigación en “Historia y Clima” y “Agua y Territorio”. Ha participado también como revisor del Quinto Informe de Evaluación en el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y es autor o coautor de numerosas publicaciones, la más reciente el libro “Cambio climático en España”. Tras la DANA, ha sido una de las voces más consultadas por los medios, entre ellas, la Revista Ae para esta entrevista. 

Autoría: Sara Serrano Latorre. Revista Ae.

Que el cambio climático es una realidad y tiene consecuencias, lo estamos viviendo. Y desde el ámbito científico lleváis muchos años alertando, pero presenciamos lo que pasa… Con toda su trayectoria científica y divulgativa sobre el cambio climático, ¿no tiene la sensación de que a veces está “predicando en el desierto”?

Creo que, afortunadamente, hay capas de la sociedad española que cada vez están más concienciadas y preocupadas, sobre todo cuando se viven eventos de la magnitud de la reciente DANA o, por ejemplo, con esos veranos tan calurosos que hemos pasado. Hechos así hacen que la sociedad se dé cuenta de que algo está pasando, y por eso, muestra más interés. En mi opinión, se está produciendo poco a poco ese tránsito de una sociedad que ha vivido bajo unas condiciones ambientales y que ahora presencia cómo están cambiando. Por eso necesita reeducarse, readaptarse a esta nueva realidad. También hay otros grupos de la sociedad que siempre están en contra de todo, que viven muy acomodados y no quieren aplicar cambios a sus modos y maneras de ser en sociedad. Y por eso niegan la evidencia.

Como yo digo: el negacionismo es una creencia y el cambio climático lo trabajamos como evidencia científica, con datos, y ahí están los resultados. 

Pero tengo la impresión que no ha sido hasta ahora, posterior a la DANA, cuando se ha empezado a hablar más en los medios y a identificar ese negacionismo climático.

La sociedad española no tiene, por así decirlo, una conciencia ambiental muy desarrollada. En geografía decimos “no tiene una cultura del territorio amplia”. Y toda esta situación climática, le cuesta mucho más asimilarla que a sociedades del centro y norte de Europa, donde han trabajado la educación sobre el medio ambiente desde hace años. Aquí eso nos falta. Actuamos, como digo yo, “a golpe de desastre”: hasta que no vemos la catástrofe encima, no caemos en la cuenta de que deberíamos haberlo previsto, haber actuado mucho antes. En este sentido, la DANA va a marcar un antes y un después en la consideración del territorio y del medio ambiente en nuestro país. 

La DANA va a marcar un antes y un después en la consideración del territorio y del medio ambiente en nuestro país. 

En las entrevistas que he atendido estos días he destacado mucho la necesidad de que España, de una vez por todas, active lo que llamamos la educación ambiental y, en este caso concreto, educación para el riesgo. Podemos hacer obras de infraestructuras, podemos tener normativas del suelo que son muy necesarias, pero si la sociedad realmente no está concienciada de que esto es necesario hacerlo por el bien de la sociedad y de la naturaleza, difícilmente vamos a tener efectos a corto plazo. Por eso sería muy importante que, desde el próximo curso académico, se trataran estas cuestiones, desde la educación primaria hasta la universitaria. 

Antes de dejar el tema del negacionismo climático, quería que explicara cómo afecta ese negacionismo al campo de la investigación climática. Por ejemplo, ¿podría afectar a la financiación de ciertos programas sobre el clima?

Confiemos que no. Sería penoso si en nuestro país dependiéramos del partido político que gobierne para, digamos, impulsar acciones, programas o proyectos relacionados con la investigación climática. La investigación climática debería ser una cuestión por encima de las ideologías. Aunque bueno, ya sabemos que esto no es así. Existe el riesgo de que gobiernos que no creen en el cambio climático tengan protagonismo en las Comunidades Autónomas o que pudieran llegar al nivel estatal. Eso sería preocupante. Lo estamos viendo en el ejemplo en EEUU con Trump, donde se va a producir una retracción de toda la inversión motivada en cuestiones relacionadas con el cambio climático. Todo esto lo vamos a ver pero ojalá no llegue a España porque, repito, la investigación y la ciencia del cambio climático debe estar por encima de las ideologías. Se trata de una investigación en beneficio de la sociedad, de respeto al territorio, del respeto al medio, y esto son valores universales que siempre deberían estar ahí. 

Y hablando de divulgación, hablemos de vuestro libro: “Cambio Climático en España”. Uno de los objetivos de esta publicación es que se puedan desarrollar acciones de mitigación y adaptación al cambio climático. Todavía no lo he podido consultar, pero sí quería preguntarle si dentro de estas acciones está la agricultura ecológica o se contempla el peso que tiene la agricultura y la ganadería en general en todo esto. 

Han participado cerca de 50 investigadores. Son 27 capítulos y un epílogo con recomendaciones Y sí, hay tres apartados muy importantes para España: la necesidad de que se adapte la agricultura y ganadería, la necesidad de que se adapte el turismo y la necesidad de plantear una planificación del agua bajo otros parámetros.  

En el caso de la agricultura, es necesario empezar a pensar en las consecuencias de la subida de temperatura, la mayor evaporación, la menor disponibilidad de agua, sobre todo a la hora de practicar algunas variedades de cultivo y de practicar algunas modalidades de riego. Hay que reflexionar sobre estas y otras cuestiones y aprobar medidas de adaptación. Las precipitaciones son cada vez más irregulares, tenemos secuencias de sequía muy intensas y esto pone en jaque el sistema de abastecimiento agrario. El libro intenta mostrar un poco la alerta que ya ha saltado y que nos obliga a actuar. Ya no nos quedamos solo en el nivel de investigación sino hay que pasar a la acción.

Lo mismo con el turismo de sol y playa. Hay que reflexionar qué hacer en esas semanas centrales de verano con ese calor tan poco confortable: habrá que mejorar instalaciones, equipamiento, diseño urbano… y mucho más que será necesario hacer.

Y, por último, la planificación del agua: hay que pensar en una planificación que gestione mejor los recursos existentes y no que esté pensando siempre en una oferta continuada de agua, que ha sido lo tradicional en España. Ahora vamos a poder disponer de menos recursos por lo que hay que gestionarlos muy bien, evitar las pérdidas en red, hacer una contabilidad del agua más precisa, por ejemplo, instalando contadores para saber realmente lo que se gasta a pie de parcela. También hay que utilizar esos otros recursos que entran dentro de lo que llamamos economía circular, como la reutilización de aguas o el aprovechamiento de aguas pluviales.

Con todo eso hay territorios en los que puede faltar agua para la agricultura o para las ciudades. Entonces habría que plantear aquellas soluciones que tengan un menor impacto ambiental. En este contexto creo que políticas de grandes trasvases, como en España se ha planteado en los planes geológicos en el 2001, cada vez van a ser menos posibles, primero por propia razón climática de una mayor irregularidad de lluvias y segundo, por la coyuntura política que vivimos en nuestro país y esa politización que ha habido del tema del agua o ahora del tema del cambio climático. Hasta que no superemos esa fase no podremos ponernos de acuerdo para llevar a cabo unos mínimos que son necesarios plantear en todo este tipo de temáticas de adaptación al cambio climático. 

De nuevo, tengo la sensación de que se necesitan grandes medidas, y que está en la mano de los políticos tomar esas acciones. Pero, por ejemplo, vemos que la COP ha acabado, una cumbre que puede ser fundamental pero que no deja contento a nadie.

Creo que desde el Acuerdo de París, que también marcó un antes y un después alcanzando un acuerdo de grandes esperanzas, las últimas COP ya no tienen sentido: ¿Por qué tenemos que reunirnos todos los años cuando previamente no se ha trabajado el tema y no se llega a ningún acuerdo o a un acuerdo decepcionante? Es verdad que ahora es el momento de la sociedad, somos los que tenemos que exigir que se hagan medidas y políticas. Pero es también el momento de la política racional, inteligente, vamos a decir de la buena política, porque estamos ante un proceso de consecuencias mundiales, con manifestaciones regionales distintas, que hay que conocerlas y hay que adaptar la acción del gobierno a las mismas.

Pero igual que existe el negacionismo sociológico, existe el negacionismo económico, que tiene mucho más poder. Los grandes países emisores, pues no están por la labor de cambiar su modelo energético, y por eso vamos de decepción en decepción en las reuniones internacionales. 

Pero, por ejemplo, he leído que usted afirma que tenemos una buena Ley del Cambio Climático. Entonces, ¿qué es lo que pasa? ¿Que no se están aplicando las medidas? 

Digamos que es una ley muy reciente (2021) y estaríamos en los primeros años de su puesta en marcha. Ahora hay que exigir un control de cumplimiento, y aquí las Comunidades Autónomas son una pieza clave. Y luego los entes locales.

A veces en España aprobamos leyes, pero luego las dejamos correr y vemos que no corren… Tenemos que ser muy exigentes, estamos ante el problema ambiental más importante de la humanidad de este siglo y debemos poner en marcha acciones muy concretas ya.

Quedémonos entonces con las pequeñas acciones, como decía, por ejemplo, con la educación.

Sí, quedémonos con la educación para el cambio climático, es decir, ahora el gran grueso de peligros que causan daños en España son de origen climático: lluvias torrenciales, sequías, temporales… y en esto hay que educar a la población porque estos fenómenos están siendo incentivados en el contexto climático actual, están ganando más fuerza y se están produciendo más frecuentemente. Por eso, por supuesto, la educación es una pieza fundamental y yo añadiría también la buena comunicación de todo esto. Aquí los medios cobran un papel protagonista: no pueden destacar siempre lo catastrófico o la imagen más llamativa. La educación supone transmitir mensajes basados en la ciencia y que puedan educar a la gente. Si abusamos del mensaje catastrofista podemos obtener el efecto contrario, porque estamos ante un proceso de medio y largo plazo y si se transmite que todo va a ser un desastre, la gente al final se cansa. 

Y la educación sobre todo esto, como decíamos, debe empezar desde la primaria y llegar a la universidad. Se trata de un tema que es multisectorial y transversal, es decir, que el cambio climático nos afecta a todos, a todos los sectores económicos, a todas las capas sociales. Por eso hay que transmitirlo de manera constante.


Fotografía portada: Jesús de Miguel (Tribuna Complutense).

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