Editada por la Sociedad Española de Agricultura Ecológica/Agroecología
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Entrevista Pedro Arrojo: “Detrás de la salud de los ecosistemas acuáticos, está la salud de las personas. La clave es recuperar su buen estado ecológico”

Doctor en Ciencias Físicas y profesor emérito de Análisis Económico de la Universidad de Zaragoza, Pedro Arrojo no podía faltar en esta edición de Ae. Su investigación se centra en la economía y gestión del agua, y ha sido -y es- una de las visiones con las propuestas más revolucionarias sobre la gestión racional y sostenible de agua. Todo su conocimiento se refleja en más de un centenar de artículos científicos y libros propios, así como en su trayectoria académica, política y llena de compromiso social.

Aquí, en esta entrevista, podemos disfrutar un poco de todo ello.


Autora: Sara Serrano Latorre (Revista Ae)

Entrevista a Pedro Arrojo, publicada en la revista Ae 41 (otoño 2020, dedicada al AGUA).

Días más tarde de la publicación de esta entrevista, Pedro Arrojo fue nombrado Relator Especial sobre los derechos humanos al agua potable y al saneamiento


 

La falta de agua, la disminución de las precipitaciones y la evaporación intensa, las sequías prolongadas… estos serán algunos de los principales problemas en un escenario de calentamiento global intenso. ¿Qué panorama más negro, no? Parece que no se está abordando a tiempo ni en condiciones, ¿cierto?

El tema de que “falta agua” hay que matizarlo. La previsión y la tendencia es a que llueva un poco menos de la media pero no mucho menos. A nivel global, obviamente, lloverá más porque al haber más temperatura, habrá más evaporación y todo lo que sube, baja. Lo que pasa es que se redistribuye la pluviometría. Es decir, no es que no llueva sino que la redistribución climática hace que las zonas como el sur de Europa o el norte de África, (que ya son de por sí secas) van a tener menos. Y las zonas del norte de Europa van a ser más lluviosas. Es decir, que la redistribución tiende a que en la Península Ibérica haya una recesión, una menor pluviometría.

Pero el problema principal en cuanto a la cantidad de agua disponible es que la recesión media de agua no es muy grande, no es una disminución muy fuerte. Sin embargo la escorrentía (el agua que corre por los ríos o por los acuíferos) disminuye muchísimo más. Se calcula que al final de siglo, habrá una disminución media de la escorrentía del 24%. Y no se debe tanto a la menor pluviometría sino al impacto enorme, que se prevé y que empieza a producirse, de lo que se llama evotransporación. Es decir, el agua que consumen y evaporan las propias plantas cultivadas o silvestres a causa de mayores temperaturas. Es igual que las personas, si hace calor sudas y consumes más agua. Pues el aumento de la evotransporación de esas masas vegetales es la principal causa de esa disminución media de caudales. En las zonas más sensibles del sudeste puede llegar del 30 al 40 % menos de escorrentía (es decir, agua disponible).

A esto se añade otra cuestión que no es menor: la variabilidad climática en general, pero pluviométrica en particular, que ya es fuerte de por sí en las áreas mediterráneas (periodos secos y húmedos, incluso tenemos ciclos de sequía y tormentas). Esa variabilidad pluviométrica tiende a incrementarse mucho, de manera que los eventos extremos que ya existen como algo natural (sequías prolongadas, fuertes tormentas, DANA…) aumentan en intensidad y en frecuencia. Eso hace que la disponibilidad de agua vaya a disminuir (llueve mucho de golpe y luego hay sequía prolongada). Por eso, cuando dicen “hay que almacenar el agua de la DANA”, es un error. Lo que hay que hacer es evacuarla al mar lo antes posible.

Más allá del momento que vivimos de crisis climática (sumado a la pandemia) usted siempre ha dicho que “Vivimos la crisis global del agua en el planeta agua”. ¿Quiere decir esto que nuestra gestión del agua está tocando los límites de la sostenibilidad a escala mundial?

Sin tener necesidad de hablar de cambio climático, se habla de que mil millones de personas no tienen acceso al agua potable y unas 6/7 mil mueren cada día por esta causa. A pesar de lo que se cree y difunde, estas personas no mueren de sed, mueren de enfermedad, de infección porque seguramente están al lado de un acuífero contaminado. Por eso la inmensa mayoría de las muertes que se registran son de diarrea. Además, no se contabilizan muchas otras personas que mueren por esta contaminación biológica, no de manera directa (diarreas), sino por contaminantes tóxicos y metales pesados, que cada vez son más abundantes en los cursos de agua. E incluso, cada vez lo son más en aguas que están entubadas y cloradas, que aparentemente son potables pero están contaminadas con tóxicos que van degradando la salud y te llevan a la muerte a medio/largo plazo.

El problema es que hemos contaminado/degradado los ecosistemas acuáticos de los que depende nuestra provisión de agua para todo (incluido beber). Y lo que antes eran fuentes de vida, un vector de vida, EL AGUA, ahora es un vector de enfermedad y muerte, el más demoledor que jamás ha conocido la humanidad. Esa es la clave. Por eso cuando se habla de esa escasez de agua potable, en realidad no es tanto un problema de escasez sino de la quiebra de la sostenibilidad de nuestros sistemas acuáticos, que hemos provocado. Primero mueren los peces y las ranas y luego enferman y mueren las personas. Así es.

Su planteamiento trata de “un nuevo modelo basado en el buen estado de los ecosistemas, «nuestras infraestructuras naturales», y en la racionalidad económica. ¿Podría explicarnos en qué consiste este modelo?

Eso es la clave, y no es que lo diga yo sino que es algo reconocido a nivel internacional. En Europa hemos cambiado las leyes, tenemos la Directiva Marco del Agua (DMA) que tiene como objetivo central a corto plazo recuperar el buen estado ecológico de los ecosistemas acuáticos. Y eso no es por romanticismo ecologista, sino que es por pragmatismo economicista anglosajón. Es decir, quebrar el ciclo natural de sostenibilidad del ciclo hídrico continental, gestionado en los continentes con los ríos, los acuíferos etc. es un ciclo que depura agua y nos ofrece agua redepurada en cantidades tremendas. Quebrar este ciclo nos sale muy caro para nuestra salud y también para nuestro bolsillo. Al final tenemos que acabar bebiendo agua embotellada que vale 1000 euros metro cúbico y eso es una estupidez.

Entonces, recuperar la salud de los ecosistemas y de la funcionalidad depuradora y gestora de esos ecosistemas forma parte incluso de una economía razonable (ya no digo circular), a parte de los derechos humanos (DDHH) al agua y del agua potable como una necesidad biológica y comunitaria. Por eso, la clave para alcanzar el derecho humano al agua de todas esas personas que no tienen acceso al agua potable es recuperar esos ecosistemas acuáticos, porque detrás de la salud de los ecosistemas está la salud de las personas, sobre todo de las más vulnerables.

Otro asunto es que ahora con urgencia necesites que ese río esté limpio y tengas que dotarlo de medios materiales para depurar esa agua. Recuperar el buen estado de nuestros ecosistemas no desprecia para nada la prioridad de dotar de medios materiales de depuración para que el agua que al final llega (que no es mucha la que se necesita), llegue a las comunidades humanas, a las personas, incluso con los más vulnerables. Y que esta sea agua potable (no agua enfermedad, agua muerte). La clave está en recuperar el buen estado ecológico de nuestros ecosistemas.

¿Puede hacernos esta calidad ecosistémica (que además es un principio legal) replantearnos el papel de, por ejemplo en nuestro país, la gestión de ciertos recursos hídricos?

Cuando hablo del agua, distingo en sus usos. Está lo que yo llamo agua vida, agua ciudadanía, agua economía y agua delito.El agua vida es el agua que necesitamos para beber, mantener la dignidad de la vida individual y colectiva. Es el agua necesaria para los ecosistemas porque es la base en la que nos vamos a servir en todos los usos, como el agua para proveer alimentos a nivel básico. Y con esto me refiero al agua necesaria en muchas comunidades (indígenas, campesinas…) para producir los alimentos que necesitan para su subsistencia, ni siquiera que los vendan. Esa producción forma parte también del ámbito de los DDHH, y por tanto la máxima prioridad.

No es el caso de España. Aquí entramos ya en un agua usada para una actividad productiva. Sobre eso está, y no  deja de ser legítimo, el agua negocio en el sentido de la producción agraria intensiva para mucho más que vivir razonablemente bien (o dignamente). El uso del agua debe ser prioritaria para el agua vida y el agua para productores vulnerables. Por ejemplo, aquellos que en una dinámica de cambio climático se ven abocados a abandonar su actividad agraria porque no pueden vivir de ello.

Es por eso que en esas aguas disponibles para agricultura debe haber también una prioridad social y una prioridad en el tipo de uso, en cómo se hacen las cosas. Obviamente un pequeño o mediano agricultor puede hacer un mal uso del agua pero también bueno. Por eso debe estar incentivado el buen uso: debe haber prioridad para el uso social y bien empleado del agua. En la industria, en la agricultura y en todo tipo de usos. Pero en particular en la agricultura.

Dicho esto, una de las buenas prácticas de las líneas agrarias que incluyen el cuidado del entorno natural y de la producción de calidad lo da la agricultura ecológica (AE). Con lo cual entiendo que dentro de los múltiples factores que deben llevar a una gestión razonable del agua agraria, debe haber prioridad social y al buen uso y ahí es donde la AE ocupa un espacio importante y pronto debería tener un tratamiento de prioridad ante una situación de escasez.

Y si hablamos de la cuestión de los regadíos intensivos…

Si hablamos del regadío intensivo y de agroexportación en zonas muy sensibles, ahí nos hemos pasado de la raya veinte pueblos. Ponemos Almería por caso (podría ser Aragón u otro sitio): en una zona que era muy pobre está el acuífero que riega el Campo de Dalías, un milagro de la naturaleza… Comenzaron a hacer pozos y a regar masivamente. Este acuífero daría para hacer un emporio de riqueza con unas 12 mil ha bajo plástico y eso sería sostenible (a pesar de ser una salvajada). Pero si lo que hacemos es poner 30 mil ha, estamos matando ala gallina de los huevos de oro: nuestro propio recurso hídrico.

En ese sentido, la sobreexpotación de ríos y acuíferos es un suicidio además de suponer gastos en forma de auxilio, de herario público para negocios privados que muchas veces no son de subsistencia sino de agroexplogación. Creo que hay que poner freno en los nuevos regadíos que se van proponiendo. Si hay que echar marcha atrás, se debe hacer con sensibilidad social: primero retraer las sobreexplotaciones de los grandes agronegocios (seguirían existiendo aun renunciando a la sobre- explotación) y gestionar el agua en base a un tratamiento más “socialmente diferenciado” para productores más sensibles, más vulnerables.

El regadío es una cuestión que tendremos que afrontar porque con el cambio climático, queramos o no, vamos a tener menos agua. Las zonas sobreexplotadas deben dejar de serlo. Debemos acabar con ese millón largo de pozos ilegales que es una vergüenza nacional además de un suicidio para la vida actual. Hay que pensar en reducir la superficie regada para que la menos agua que vamos a tener nos sirva para mantener y preservar el regadío que tenemos. Y particularmente el regadío social, el de la pequeña y mediana explotación agraria que es la que suele articular el tejido rural.

Y si hablamos de Producción Ecológica, ¿cuál es esa “economía del agua” que aporta en concreto la Agricultura Ecológica?

La AE cuida mejor el suelo, lo que produce y el entorno en el que lo produce. Este tipo de producción, que bien implantada aprovecha mucho mejor los recursos hídricos, debería de ser prioritaria. En este contexto de cambio climático, de necesitar recuperar el buen estado de nuestros ecosistemas acuáticos, la AE tendría que tener una prima de protección y de apoyo.

Es muy importante recordar que pensamos en el agua de regadío refiriéndonos solo a la cantidad, pero no pensamos que muchas veces el regadío lo que hace es evotranspirar y devuelve buena parte de lo que se riega, más aún, dependiendo de cómo se riegue. Por ejemplo, si un 60% es por riego por inundación, ésta vuelve al acuífero, al río y forma los drenajes del entorno de riego. Si esas aguas que vuelven (del 30 al 60%) son de agricultura industrializada, vuelven cargadas de pesticidas, nitratos u otros casos como por ejemplo, el riego de terrenos muy salobres (el caso de Monegros, en Aragón), que devuelven sales naturales, no por ello menos problemáticas. Es la contaminación difusa que llega a contaminar los acuíferos. Y no se tiene controlada. La AE es un privilegio respecto a esto porque evita directamente contaminar esos acuíferos, cuida el agua que usa y por eso devuelve los retornos de regadío en buenas condiciones, para la naturaleza y para otros usos.

En su participación en el debate de SEAE sobre el “Agua en Agroecología”, puso un ejemplo referente de las aportaciones de la Ae en este sentido: el equilibrio del Delta del Ebro y la agricultura ecológica del arroz. Háblenos de este ejemplo.

Siempre pongo el ejemplo de SEO Birdlife que introdujo el arroz ecológico en el Delta del Ebro. Al principio no sabía muy bien cómo hacerlo pero cuando ya fueron aprendiendo, se ha convertido en la solución.

 El caso es que en el Delta tienen que convivir la producción de arroz y las plataformas de producción de acuicultura, ambas producciones muy importantes para la zona. El arroz tiene muchos aspectos positivos, como contener la cuña salina subterránea, pero si es cultivado de modo convencional y le pones pesticidas, las aguas que van a parar a las lagunas donde están las plataformas mejilloneras acababan por provocar una mortalidad masiva. Cuando SEO Birdlife se introdujo, los retornos de esa agricultura se volvieron compatibles con la acuicultura. Encontraron la solución a través de la AE. Y como este hay otros muchos ejemplos.

¿Cree que se deberían adaptar estrategias de este tipo a cada territorio?

El agua forma parte del territorio y la agricultura está absolutamente vinculada al territorio, no solo en cuanto a la relación de agua-agricultura-territorio sino también en todo lo que se refiere a la protección de suelos, que es la clave, el sustrato de la vida. Los suelos junto con el agua son los que permiten la producción de alimentos y la producción de otro tipo de servicios necesarios para la vida.

En este contexto debemos pensar “¿qué tipo de productos?; ¿tiene sentido producir arroz en Monegros, por ejemplo?”. Pues obviamente no, porque no es un territorio preparado. “¿Pero puede producirse?” Sí claro, si le das de beber con 45 grados a la sombra, 17 mil metros cúbicos por ha y año. Pero produce menos cantidad que en el Delta o en otros sitios preparados. Sin embargo, si plantas las semillas adecuadas, las que llevan años guardando los agricultores, que se adaptan a las características del terreno, pues se produce con cultivos adecuados. Y eso también forma parte de esa filosofía del buen hacer de la agricultura ecológica, donde el agua es importante y el suelo, las semillas y las especies que trabajamos también, para cerrar así un ciclo virtuoso de producción de alimentos.