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“Gracias al control biológico por conservación, llevo 3 años sin tratar el cultivo de sandía para el pulgón”

Esther Molina López es horticultora ecológica en San Isidro Los Grillos, Níjar (Almería). Puedes conocer más sobre su trabajo en Instagram: @esther_en_los_grillos

En otra vida seguramente fue un polinizador, pero en esta… a esta agricultora le corre savia por las venas. Esther y sus cultivos hortícolas ecológicos en San Isidro de Los Grillos (Almería), rodeados de un sinfín de setos autóctonos y plantas reservorio, son una de las máximas ejemplificaciones de los beneficios que el control biológico por conservación puede suponer para una finca familiar bajo manejo agroecológico.

Son invernaderos intensivos, sí, pero parecen un jardín, llenos de biodiversidad por dentro y por fuera. Y arrojan datos que no dejan indiferente a nadie, como por ejemplo, “llevo 3 años sin tener que tratar el cultivo de sandía para el pulgón, y mira que esta plaga es fulminante. Si dentro aportas una variedad de plantas beneficiosa para tus insectos, para la fauna auxiliar, creas un ecosistema, la vida. Y es cierto que siempre tendremos plagas pero siempre por debajo del umbral de daño. Se encarga el enemigo natural de mantenerlo así. Pero para llegar a este punto sí es verdad que tienes que ir al detalle, no es dejarlo y ya está: es tenerlo y mantenerlo, mucha observación y cuidarlo”. Afirma que “la mano de obra no es mucha y el ahorro de costes en tratamientos es bastante”. Y continúa: “imagina, si en todos los perímetros de Almería hubiera setos, una planificación bien planteada con plantas mediterráneas autóctonas, que todos los meses del año hubiera flor de diversas especies… Si todos hiciéramos eso, habría corredores para los insectos y seguro que habría menos plagas o, por lo menos, no tendríamos tantos problemas”.

Esther participa en el V Simposio de Agricultura Ecológica que se celebra el 10 y 11 de abril en El Ejido.

Esther es una auténtica “bichera” que demuestra así que “la ciencia está en la naturaleza” y que además, tiene a la investigación científica como aliada para afianzarlo. Desde los comienzos ha colaborado con el IFAPA, la Universidad de Almería y empresas… en ensayos de campo, mucha divulgación (jornadas, cursos, visitas de campo, en redes sociales…) y muy diversos estudios. “Tengo mucha inquietud por aprender”. De hecho, ahora está en un proyecto de digitalización, “es una herramienta súper interesante que nos permite recoger datos sobre el riego, la luz… un montón de parámetros”. Considera que “este tipo de herramientas son sobre todo muy útiles para las generaciones que vienen”. Y la explicación es muy sencilla: “Los que tenemos mucha experiencia podemos gestionar nuestras naves en base a nuestros conocimientos. Por ejemplo, al entrar cada día ya sé qué necesitan las plantas. La maquina te afianza esa interpretación que haces. En el caso de los jóvenes, han estado estudiando pero no han mamao la tierra desde chicos, de cómo gestionarla. Por eso herramientas así pueden serles de gran utilidad”.

En su caso, comenzó a trabajar a los 16 años como jornalera hasta los 27 que, tras alternar jornales y sus cultivos propios, pasó a trabajar al 100% sus tierras. En aquel momento no existía ni el Reglamento de Producción Ecológica y comenta: “La agricultura ecológica existe en Almería desde hace unos 20 años. Yo llevo desde el momento en el que se puso el lineal en mi cooperativa. Coprohníjar”. Se trata de una cooperativa “con 130 socios y con colaboradores subimos a más de 200. Alrededor de un 88% son empresas familiares, de 1 hectárea y media a 3. Y es algo que no se suele decir, que en Almería hay mucho minifundio, la agricultura familiar es parte de nuestra historia”. Y propone un ejercicio mental para visualizarlo: “si miras desde el cielo los invernaderos, verás que hay una balsa, o más, por cada familia”. Y al respecto del tema del agua, cuenta que tiene dos balsas y piensa que “el problema de la escasez nos vendrá, aunque en general, en Almería sabemos de gestión del agua, básicamente porque lo hemos aprendido por necesidad, para sobrevivir”. Y hablando de sobrevivir, salieron muchos temas como los precios de los alimentos ecológicos, incluso por debajo de costes, “es el consumidor el que paga el doble porque la línea de los supermercados suben ese precio que nosotros no recibimos”, o precisamente eso, la renta de los agricultores/as y las próximas generaciones: “Cada uno con su versión, los agricultores de hoy aman sus tierras y quieren su negocio. A la próxima generación le gustaría poder seguir”.  

Sin duda, y así lo asegura, es una agricultora feliz. “No he sentido nunca sensación de sacrificio, es para mi un estilo de vida. No vives porque seas agricultora. Es tu vida ser agricultora”. Y añade que “la libertad que te da el sentir que lo estás haciendo bien, el orgullo, eso no te lo da ningún trabajo. La libertad no se paga, eso como principio”. 

REVISTA AE 53

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