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“No concibo (siempre que sea posible), la agricultura sin la ganadería. La simbiosis entre ambas es total”

 Licenciada en Informática y con más de 25 años de experiencia en consultoría tecnológica en entidades financieras, Isabel González Díaz de Villegas decidió dar un giro de 180 grados a su trayectoria profesional y dedicarse a la agricultura y ganadería ecológicas. En definitiva, ese vínculo “siempre había estado en mi porque mi madre ha sido ganadera. Tenía muy claro que acabaría dedicándome a esto porque creo firmemente en la producción ecológica y el consumo ecológico”. Para adquirir conocimientos, cursó un máster en Agricultura y Ganadería Ecológica y desde el primer momento, puso en práctica la teoría. “Para pasarse  a ecológico, lo primero es formarse e informarse antes de tomar una decisión. Hay que creer en la agricultura y ganadería ecológicas, no se debe llegar a ella por oportunismo.”

Destaca que “no concibo (siempre que sea posible), la agricultura sin la ganadería. La simbiosis entre ambas es total”. En su caso, cultiva arándanos locales de la Cornisa Cantábrica (1,5 ha) y tiene una pequeña ganadería con 12 bovinas (de dos razas: Angus cruzada con Asturiana y Belgas Azules, “ninguna son autóctonas pero tienen una adaptación perfecta al clima y suelo de la cornisa Cantábrica ya que es muy similar a de su área de procedencia. Son productoras de carne y son muy nobles en el manejo”). Isabel procura que “las vacas aporten todos los insumos de los frutales (estiércol compostado) y adicionalmente, que la cobertura vegetal presente en los frutales sea consumida por las vacas”. La simbiosis perfecta que cierra el ciclo.  

Este hecho de no consumir insumos externos ni en agricultura ni en ganadería (salvo un 1% de la alimentación de las vacas que proviene de cereales ecológicos de la Cooperativa Ecológica de ARAE, el otro 99% es pasto), “hace que la huella de carbono sea muy baja, además de usar exclusivamente estiércol compostado tanto en los frutales como en la pradera. Así tiene una liberación lenta, mejora la estructura, aporta variedad microbiana… y por tanto, contribuye a que la calidad del suelo mejore cada día”. El ganado pasa 8 meses al aire libre y los 4 meses de invierno, en el establo consumiendo hierba seca y cereales. “Para mi es importante que estén estabuladas por dos razones: producir materia orgánica para la pradera y los arándanos y evitar que la pradera pierda masa vegetal por acciones de las vacas sobre el suelo muy húmedo (lluvias constantes)”.

Para Isabel, el asunto más difícil en este momento es la comercialización: “envaso y etiqueto en la propia finca y comercializo directamente”. Considera que “los consumidores son personas que valoran la calidad que es el resultado de un trabajo riguroso que siempre va por delante de la norma” pero, por otro lado, piensa que “el mayor obstáculo es el ECO-POSTUREO: muchas personas tienen un discurso favorable a la agricultura y ganadería ecológicas y sin embargo no compran eco, esencialmente porque es más caro. No tienen en cuenta que así debe ser porque eco es sinónimo de calidad y salud”.

Decidida y convencida, Isabel continuará su trayectoria como agricultora y ganadera ecológica sabiendo que “los obstáculos son los mismos para todas las mujeres en cualquier sector de actividad, incluido el agrario. Para mi, tienen que ver con el nivel cultural existente en el entorno”.

REVISTA AE 43. “ECOFEMINISMOS desde la agroecología”.

INVIERNO 2021.

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