Alfons Dominguez. Socio fundador SEAE
Uno de los aspectos más impactantes de la carta de los premios Nobel a Greenpeace es su apuesta sin paliativos por los OGM, cuestión que, con seguridad, va afectar a fondo de lo que es ‘investigable’ o no, y a la metodología aplicada en ella. Pero vamos a analizar algunos aspectos, a nuestro modo de ver, simplista, de esta carta. En primer lugar, Greenpeace, según este manifiesto pasa a ser el principal culpable de que los niños del mundo sufran desnutrición y queden ciegos por falta de una alimentación adecuada. Y en segundo lugar, si la corporación Greenpeace no marcara la legislación antitransgénica mundial como lo hace, un único alimento acabaría de una vez por todas con esta lacra que es el hambre y la desnutrición infantil.
Hay razones para sospechar que el hambre en el mundo no depende únicamente de una única variedad. Oponerse a la manipulación genética no puede llevar a que alguien sea culpable de infanticidio. Eso es simplemente una manipulación maniqueista y malintencionada de la realidad, que debería dar vergüenza a quien lo afirma.
No es casual la falta de acceso a alimentos en el sudeste asiático o en África o en otros lugares del mundo muy ricos en recursos naturales, donde multinacionales y países extranjeros acaparan tierras fértiles que se dedican a producir alimentos para los países ricos. Si a esto unimos gobiernos corruptos que venden sus recursos a precios de saldo, guerras o catástrofes naturales, tenemos un cóctel que produce estos desequilibrios que dan lugar a hambrunas y enfermedades. ¿De verdad alguien se cree que con un arroz trans, aunque se le considere bienintencionado, van a desaparecer estas desigualdades?
Cuestionar la seguridad de los transgénicos o señalar la existencia de efectos negativos en la salud humana o animal, no es un dogma; sobre todo cuando se ha podido demostrar que los transgénicos pueden producir daños irreversibles en la biodiversidad y en los ecosistemas o que tienen una problemática social asociada, y no existe ese consenso científico tan reclamado con un tema tan controvertido.
Las 6 grandes agroquímicas controlan el mercado OMG y los agroquímicos necesarios para su cultivo. La mayoría de los alimentos comerciales actuales se han aprobado con el objetivo de ser cultivados dentro de un modelo industrial que poco tiene que ver con los modelos de los países pobres; son propiedad de multinacionales que persiguen un legítimo enriquecimiento, pero no acabar con el hambre del mundo. La propia FAO acepta que hasta ahora no han beneficiado lo suficiente a los pequeños agricultores y productores y consumidores.
En los países pobres es una tecnología que secuestra la genética desarrollada por generaciones de agricultores, que patenta esta herencia de la humanidad para conseguir beneficios privados, asociada a controles pseudopoliciales, que retorna sin capacidad para ser reproducidas de nuevo y con un alto precio, en detrimento de la biodiversidad propia de estas regiones. La posibles interferencias o problemas con otros seres vivos merece también otro epígrafe.
Y una cuestión que a mi parecer sería la primera cuestión a resolver, ¿realmente son necesarios todos estos alimentos transgénicos?¿No sería más racional trabajar en recuperar y mejorar la biodiversidad adaptada a cada región, y apostar por técnicas probada y reconocidamente sostenibles, libres y sin patentes?
La ingeniería genética sigue siendo una tecnología de la cual se desconocen los efectos a largo plazo para la salud humana, que puede desencadenar efectos no deseados e imprevisibles en el medio ambiente y que tienen unas consecuencias sociales cuando menos cuestionables. Hay razones de sobra para seguir oponiéndonos y para seguir defendiendo la agricultura ecológica, la mejor solución de futuro. Hoy en día ya poseemos variedades mejoradas de manera convencional que se han hecho resistentes a inundaciones o sequías La solución al hambre vendrá del acceso fácil a una alimentación sana y variada y no de alimentos milagrosos. Cultivando leguminosas o frutas en estos países, y profundizando en sus democracias y en un desarrollo pleno y sostenible, no sería necesario poner parches con arroces dorados o plateados.
